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12. Un reporte y la guerra contra los parches

La novela avanza y me he sentido orgullosa al presentar un robusto cuadernillo como primer reporte: 35 páginas de novela, la bitácora de su creación, el formato que el FONCA exige llenar y todo el trabajo aledaño (perfil de personajes, escaleta, cronología del conflicto agrario en el Valle del Yaqui que he investigado). También mi vivencia como becaria da sus pasos: ya tuve contacto con un narrador regiomontano que me dio de alta por el msn y con quien comento algunas cuestiones de nuestro estatus frente al FONCA; y con sorpresa, recibí el mail de mi tutor, Rafael Ramírez Heredia, citándonos el día 26 de enero en la ciudad de Veracruz. Un hueco se abre en mi estómago. Pensar en 4 días fuera de casa no es fácil: mi hija Mariana, Rabito que da señas de andar buscando novia en su cojín -oh, tan pequeñito-, mi trabajo, viajes y trasbordos, el juicio sobre el texto, convivir con escritores –no es tarea fácil para mí, debo admitirlo. Pero también tiene su lado emocionante: Contar con ojos di...

11. ¡Lo tengo!

Ya sé cómo explicar el hallazgo que fue esta historia paralela sobre el desarrollo agrario en el Valle del Yaqui. Antes de la investigación completa: Es como si hubiera querido tomar una foto a gente, con el paisaje de fondo desenfocado. Ahora: la novela es como tener la foto de la gente y su vivencia en ese paisaje, una foto enfocada en el todo, en el sujeto y su contexto, con la misma claridad e importancia. A este regocijo se suma otro: las personas, las lecturas, los acontecimientos se muestran ante uno, el creador, como estelas de humo después de un acto de magia. Por todas partes me encuentro gente que de una u otra manera tiene que ver con mi novela de pilotos agrícolas: personas que han sido parte de los ejidos, pilotos, vendedores de insumos -fertilizantes e insecticidas-, y hasta la sombra de personas que confirman mi teoría de cómo acabaron muchos pilotos tras la crisis de los 80:¡trabajando como burros para los narcos!

10. Otra historia en el subsuelo

He tenido que hacer un alto. Leyendo sobre el desarrollo agrario en Sonora, especialmente en el Valle del Yaqui, veo que en ello existe una historia paralela con tensiones, traiciones, esperanzas, ambiciones, injusticias, latiendo en el subsuelo, fertilizando la narración. Aunque ese panorama iba a ser un paisaje de fondo, ahora me parece que es tan importante como un contrapunteo con la vida de cada uno de los tres personajes principales. No quiero hacer una novela histórica. Pero los personajes serán hijos de su época; sus éxitos y fracasos serán el legado de las políticas agrarias en décadas determinantes: de los 50 a los 80. Ejidos, caudillos, expropiaciones, matanzas , marginación, tecnologías, corrupción, control gubernamental, caciques, tierras ensalitradas, abuso de pesticidas y, como manto mítico, la revolución verde.

9. Historia y el veneno del motor

Ayer tuve dos entrevistas alrededor de la novela: Nohemí, una historiadora, a quien consulté sobre el movimiento agrarista que se dio en los 70, muy ligada a la revolución verde, a las expropiaciones de Echeverría. Y mi hermano Roque, quien administró la empresa de mi padre desde muy joven, y me dio un panorama completísimo. Desde la logística de los piperos, de los pilotos, de los técnicos, funcionarios y autoridades que intervienen directamente e indirectamente en el proceso de fumigación. También me habló desde su experiencia personal, haber estado en ese mundo de pilotos, pero trabajando en tierra. La primera experiencia que me marcó en relación a los aviones , fue escuchar el estruendo del motor de un avión volando cerca. Yo no lo veía. Pero ese rugido en el cielo se me quedó atrapado como un fantasma en el pecho. Cuando mi hermano hablaba ayer de las emociones a las que te enfrentas en el mundo de la aviación, se conmovió al narrarme la sensación cuando antes del amanecer se ence...

8. Trenzado de historias cuando hay algo histórico

Me he comprado música de cine , especialmente de Michael Nyman. Estas bandas sonoras tienen el valor de contar una historia sin palabras; la melodía va ascendiendo llevándonos por un relato de sensaciones, emociones, estados de ánimo. Son pequeñas épicas concentradas en una línea melódica. Mientras escucho la música, el horizonte de la historia se me abre: aparecen nuevos personajes, los hilos que se han dejado visible e intencionalmente sueltos buscan clavarse en el tejido para anudarse. Pero ahí está la labor del narrador: cómo dosificar el hilado, en qué momento anudar ciertas hebras y dejar sueltas otras; y sobre todo, en qué momento pasar del close up de los personajes a una toma panorámica, donde los personajes se muevan y desarrollen en su contexto histórico y social. En esta novela convergen varios niveles de relato: la historia individual de cada uno de los tres personajes principales, y su relación peculiar con la aviación (parte primordial); el desarrollo y declive de la rev...

7. Parálisis

De repente, la historia se detiene en seco, como si en una carrera a buen paso nuestra ropa se enganchara al tronco invencible de un árbol. ¿Qué sucede dentro del autor que paraliza el puño y la imaginación? 1. Hay miedo al ripio. A que la situación que uno ha ido desarrollando para reafirmar los personajes deje de ser un recurso y se convierta en un falla. 2. Hay la sensación de que el personaje ya debe dar el salto hacia otro estadio, y está varado a la orilla del precipicio, dando un paso para atrás y otro para adelante, atascado. Entonces hay que preguntarse qué le ha faltado desarrollar al personaje que no tiene aún la madurez para dar ese brinco, para mostrarnos una evolución. Por lo general confundimos estas situaciones con agotamiento creativo , con aridez, con bloqueos. Pero tengo la sospecha de que son los personajes que se rebelan a continuar por una mala construcción de su genoma o fenoma. Porque un personaje que se construye con plasticidad anecdótica, con complejidad sico...

6. El pelón mayor

He introducido un personaje coral en la novela , que habla en primera persona del plural, como salvaguarda y vocero de la familia de pilotos. Las familias que tienen conciencia de la filia, de la sangre, de la naturaleza de una rama guardan una gran proporción de esta identidad colectiva en la configuración de su ser individual. Y en cada una de estas familias siempre hay un miembro que atesora con celo las tradiciones, historias, efemérides, glosarios de la parentela. Esta familia, que por lo pronto he apellidado “los Islas”, tiene una característica física predominante: calvos. Así que la forma de llamar a su clan no es “Islas”, sino “los pelones”. Los apodos me parecen más típicos de una tribu, de una turba que se une de manera semi-anónima para sobrevivir, como sucede con los equipos de béisbol o de básquetbol: “Los pieles rojas”, “los medias blancas”. Quiero evitar darle un nombre propio a este personaje coral. Y en cambio lo llamaré “el pelón mayor”. Será la voz que hile en una s...

5. Personajes de aire, tierra y fuego

Sigo en buena sintonía con la novela. Anoche tuve una nueva motivación: hablé por teléfono con mi padre. Teníamos meses sosteniendo conversaciones cálidas pero escuetas. Anoche abrí la puerta. Su puerta. Duramos más de una hora charlando. ¿El tema? Claro, los aviones. Me precisó marcas de aviones, diferencias entre unas y otras (sobre todo, desde el punto de vista del piloto), y me dictó el alfabeto aéreo, que de niña recitaba por mero divertimento y que ya había olvidado. Pero lo más valioso es la luz que me dio sobre uno de los personajes. Al tratar la novela de 3 pilotos principales, con motivaciones muy propias para volar, he relacionado a cada uno de estos personajes con un elemento. Gabriel es aire , por ello tiene nombre de ángel, tiene formación de piloto acróbata y todo su lenguaje transita en el campo semántico del aire, cielo, vuelo. Volar para él es ir al lugar al que pertenece, con dolor de regresar. Pedro es tierra , por ello el nombre asociado a roca; su motivación para ...

4. Las redes

El terror y la inseguridad al escribir han amainado gracias a los comentarios, especialmente, de dos personas que respeto mucho como escritores y a quienes tengo un cariño muy cercano: Javier Munguía y Margarita Oropeza. Ambos me han hecho comentarios puntuales sobre lo avanzado; digamos que le han prestado sus ojos al “narrador ciego” del que hablaba hace días para orientarlo: Las líneas coinciden aquí, los colores se lograron allá; pule aquello, potencia esto. Ambos han coincidido en: -Ya está claro el anhelo por el vuelo que tienen los personajes principales. -La motivación de ellos está bien diferenciada. -Hace falta reforzar el inicio. Margarita ha añadido que: -Es interesante el ambiente campirano, machista, sofisticado por el ambiente de la aviación. Javier ha anotado que: -Es importante mantener la novela alrededor de la acción, y no de la reflexión, tono que suelen tener mis novelas. Hoy mientras desayunaba con Margarita, hablábamos de su novela, de la mía, del futuro que quer...

3. El Tartamudo

He introducido un personaje nuevo a la novela: el Tarta , apodo onomatopéyico de "El Tartamudo". Bien dicen que los personajes te arrastran. Indagando en sus motivaciones, en su tartamudez, encontré que esta disfunción del habla es una especie de guerra entre lo que se quiere decir y lo que no se debe decir. Una especie de represión de alguna autoridad introyectada y la voz exacerbada que quiere ver la luz, pero es sofocada por la voz represora. Esa guerra frena el flujo del habla, aborta las frases antes de pronunciarlas. Y me ha parecido fascinante, ya que el narrador lo permite, consignar esas dos voces que pelean por vencer. Bienvenido a la ficción, Tarta .

2. Deshilando

Estuve en un bache narrativo. Borraba más de lo que escribía, que no está mal. Como escritor el fantasma del abandono debe acecharnos siempre, y bien haremos si nos unimos a ese enemigo. Si llegamos a abandonar la obra que nos hemos propuesto, es una especie de selección natural para que no llegue al lector el bodrio que no fuimos ni siquiera capaces de culminar. También ese enemigo puede trabajar a nuestro favor si somos capaces de discernir con agudeza el momento en que el lector puede abandonarnos. Narrar es como tejer. Todos los recursos y elementos deben disponerse con exactitud para potenciar la tensión en la historia y para crear contrastes en la coloración de los personajes. Hay hilos que pasan por debajo o por detrás, igual que entrecruzamos los campos temporales. Es más fácil deshacer el hilado narrativo cuando uno tiene estas figuras en mente. He salido del bache de dos días y sigo trabajando.

1. Temor a la carne

El 1 de noviembre inicié la redacción de la novela. Tengo el esqueleto, el perfil de los personajes, la escaleta de la historia y, sin embargo, me siento aterrada. El esqueleto no es suficiente soporte cuando tenemos que cubrirlo con músculos, vísceras, arterias, células, dermis, vellosidades, órganos vivos que mantengan la vida de ese gran cuerpo que es una novela. Siempre siento que no seré capaz. No sé si un escritor experimentado sigue teniendo esta sensación pasados los años –bueno, quizá cabría preguntar si los escritores de renombre han sentido alguna vez terror-. Mis amigos escritores me preguntan a qué temo , o qué quiero, o qué me frustra. No sé decirles. Escribo y me siento como si fuera un pintor ciego que no puede ver lo que ha trazado, si las líneas se unen donde debieron haberse unido; si los colores son exactamente los que se querían producir, si líneas y colores se han armonizado en la figura que se deseaba dibujar y, sobre todo, si aquello que se ha hecho vale la pena...

Año de novelar. Introducción.

Si este es un nido de palabras, aquí anidaré la novela que tengo que escribir como compromiso con el FONCA (Fondo Nacional para la Cultura y las Artes). El argumento de esta novela se centra en una dinastía de pilotos de fumigación aérea. A través de la novela se retratarán el oficio de la aviación agrícola, los valores de masculinidad que se tejen de generación en generación, la pasión ambigua por el motor y la naturaleza, la vida y la muerte, la herencia y el destino; desarrollando la historia durante la bonanza de la revolución verde (años 70) y el declive de la agricultura en el norte de México (años 80).

A volar

No debo volver a explicar(me) por qué inicié este Blog. En el primer post están mis iniciativas, mis dudas, mis motivaciones y contra-motivaciones. Sigo igual de confundida. No sé si el Blog debe ser un espacio permanente, y sigo sin tener claro qué sentido hay sino mantener el puño elástico sobre el papel. Pero la blogósfera se convierte a la vuelta del botón en un espacio para la vulgaridad. Vulgar es que los comerciantes aprovechen los espacios para comentarios y anuncien desde carros, hasta casas y ropa. Vulgar es que gente que no sabe qué hacer con su ocio deje mensajes que tienen que ver con todo, menos con la palabra –es decir, que no tienen que ver nada. Vulgar es la balacera de gatilleros que se desata, como en la mafia más decadente, para presuntos “ajustes de cuentas” –con su lista de inocentes civiles caídos. Todo podría ser divertido. Incluso podrían divertirme comentarios anónimos que me dirán palabras que en ninguna otra parte tendré la oportunidad de escuchar, por no te...

Finisterrae

Finisterrae. Leo. Y la palabra se implanta en la punta de mi lengua con toda su magia. Como si el misterio del mundo se me revelara. Cuando era niña atormentaba a mi madre con una pregunta: ¿Dónde acaba el mundo? No, respondía mi madre, el mundo no se acaba. Y desesperada preguntaba una y otra vez: Entiende, mamá; si te vas caminando y caminando, ¿dónde topas con el fin de la tierra? Y ella obstinadamente repetía que no había tal. Me habían dicho que el mundo era redondo. Pero ignorante del sentido de la fuerza gravitacional; yo pensaba que en medio del globo había una plataforma plana, donde se desplegaba el mapa mundi, en recto. Y que la esfera era sólo una corteza que nos protegía y aguardaba el cielo, las estrellas, el sol, la luna. Por ello pensaba que al caminar, encontraríamos una pared; no una circularidad que convierte cada punto de partida en el punto de llegada. Recientemente escuché una canción sobre piratas y sirenas, en el mundo precolombino, cuando se creía un mundo p...

Habemus becam

Les pediría que echen un ojo y luego echen un grito (de alegría los que se alegren y los que no... también), a una liga donde dan el anuncio. Pero sólo verían un montón de nombres como los deudores del predial. Así que les comento brevemente: Gané beca. FONCA. Jóvenes Creadores. Novela. Contenta. Buen año literario. Otro buen año personal. Muy contenta. Tan-tan. No se hable más. ¡A escribir se ha dicho!

Rabito en cuatro actos

*Daniel Terán, ilustrador. I. Un encuentro de pelos Después de tres años de pedírmelo ella y yo posponerlo, un sábado por fin mi hija y yo fuimos por el perrito que habíamos encargado –cierto que al principio para mí era sólo una hipótesis-: schnauzer, sal y pimienta, macho. Cuando salimos de la veterinaria con una casita móvil, una bolsa de comida, carnazas, collar, cacharros para la comida y un perro que por más recién bañado olía a perro, dije: esta es la realidad que nos espera . Y así fue. Empezar a entrenarlo, y empezar a querer esa masa informe pero armoniosa de pelos: unos por aquí y otros por allá no; unas aristrocráticas cejas que caen como obelisco sobre los ojos, y un hocico con bigotes tan generosos como un chorro de agua abierto contra el viento. Nos fuimos acostumbrando a sus roces en nuestros tobillos. A la alegría incondicional e inconsciente de una criatura que parece haber nacido sólo para complacer y alegrar a sus dueños. El cariño fue súbito y desbordante hacia Rab...

P.D. Días sin Ana

No es que esté celosa, pero si para ustedes Ana es una santa, esta semana me convertiré yo en una: mi mano derecha -e izquierda también- se me ha ido de vacaciones de verano por una semana. A Los Cabos. Tal vez ahí se encuentre a Luismi y la Arámbula, a Brad sin Aniston, o a Aniston sin Brad. Yo en cambio sólo me encuentro con zapatos en la sala, con calcetines sin pares, con muebles empolvados, con comida sosa...

Días de Ana

Estos días convaleciendo, han sido días de Ana. De ver sus manos morenas, venosas, gruesas, desprovistas de los anillos de oro que siempre deja a un lado del lavaplatos en cuanto llega. Han sido días de escuchar la radio popular: el noticiero gritón y contestatario de Juana María, el noticiero policiaco de doña Paquita (cuya cortinilla dice: "¡Ya, doña Paquita! ¡Ya párele!"); las canciones gruperas, rancheras y los narcocorridos en La Poderosa, La Kaliente, La Comadre. Han sido días de escuchar sus dichos tan peculiares: “A mí me importa una pura y dos con sal”, “Me disculpa la cara si me equivoco cuando le digo que...”; su defensas precursoramente feministas: “¿Y por qué me quieres agarrar a huevo? Me voy a acostar contigo cuando a mí se me antoje, no cuando tú quieras”, “¡Ponme la mano encima, cabrón, y te echo la olla de frijoles hirviendo encima!“. Han sido días de descubrir su ternura detrás de esa voz gruesa y golpeada que siempre parece estar enojada; días de planear...

Unas cuantas cicatrices más

Estoy a punto de que acabe mi metáfora: la cicatriz solitaria del lado del corazón. Será hora de crear otra poesía. O bien, de aceptar que la salud es como es: un amante despechado que nos mantiene siempre bajo amenaza.