Ir al contenido principal

Entradas

Fotografía de Jaime Soler este jueves en el DF

7 pm, en los Talleres de Arte Contemporáneo, A.C. Si se da click a la imagen, aparecen los datos en grande.

Mi no lector

"No la leas, nada más mírala", le dije a mi padre, mientras sostenía en mis manos el manuscrito de la novela. ¿Todo eso es?, preguntó con su voz solemne, parca, prudente. Sí. Esto. Abrimos una botella de vino , mis hermanos bromearon, el manuscrito pasó de mano en mano: "La Antonieta dice malas palabras en el libro", "¿Salgo yo?", las bromas iban salpicando la charla ajena a la novela que nos ocupaba esa noche. De repente, después de dos copas distraídas, miro a mi padre con gafas detenido en la lectura. Pasaba una hoja y otra y otra. Mi corazón empezó a dar tumbos, mi sonrisa se borró, toda mi atención y mi silencio eran para mi padre: él leyendo algo que yo no quería, algo que temía. ¿Qué sigue? Sí. Eso me preguntó mi padre mirándome por sobre los lentes. Y mi miedo se disipó. Buena pregunta: qué sigue.

Entre el reto y el aquí

Un problemón. Que ahora llamo: un reto. Decisiones. Una bronquitis diagnosticada después de dos semanas de taquicardia, dificultades para respirar y cansancio mortal. Un tratamiento exitoso que terminó justo a tiempo para... ¡Vacaciones! Él, su niño, Mariana y yo en Álamos. Caminatas, comidas, lecturas, charlas, fotografías, piscina, carretera. Fin de vacaciones. Nostalgia. Ganas de silencio. Reacomodo del alma que se acomoda tan bien en esa otra. Mucho trabajo. Visita de mi padre. Recuerdos de mi madre. Sosiego. Orden. Aquí.

Y sucedió

Durante mucho tiempo pensé que el lenguaje podría destruirse. No hablar. Hablar como una autómata que usa una serie de frases convenidas: buen día, quiero comer, gracias, adiós, sí, no, hasta mañana. En mi mundo interior el lenguaje era otra cosa. Procesos que eran más veloces que mi capacidad de articularlo en lenguaje, procesos intraducibles. Era una persona muy callada que no sabía bien que era callada. Ni le importaba. Mi mente era un bullicio. La escritura me permitía articular, codificar ese bullicio veloz, casi inasible, en lenguaje. Esas capas interminables que sentía entre mi pensamiento y el lenguaje hablado se disipaban cuando escribía. No había filtros, no había miedos. No había territorios infranqueables. Escribía a mano. Había una inmediatez entre mi mente y mi mano. Una organicidad. No podía hacerlo de otra manera. Esa que callaba ahora habla. Y esos deseos de destruir el lenguaje se han convertido en una búsqueda de construcción. Esa que escribía a mano, ahora es capaz ...

Anidando

Mark Strand dice : "La inspiración te llega con un sonido, una palabra, una idea, algo que has leído, una vista, una acera...". A todo ello se me suman las imágenes de Koichiro Kurita .

Y murió Delibes

Un escritor como los que me gustan: radicalmente humano, preocupado por el personaje y la historia que tiene que contarnos, que decide vivir en el retiro de su terruño, que ama a fondo y no le sonroja, que se compromete con la vida de su tiempo, austero, crítico, sin concesiones al farandulismo que hoy permea a la literatura, lúcido, vivo. Vivo.

Mi luz

Mariana hace cosas tan maravillosas como éstas.

Un adicto sobre Llama

Una alegría que se agradece en un sábado nublado, con llovizna, después de una semana saturada de trabajo y también de nostalgia luego del regreso: Una mirada sobre Llama . Y justo de Javo, que se abre paso con uno de los blogs más visitados por los amantes de libros.

Sabemos que se llamó poesía

Necesito pensamiento. Razón. Mi gran flanco occidental me lo pide como si fuera carne roja. La sangre como el jugo de su pulpa. Dejé momentáneamente mis lecturas orientales y me fui a Filosofía y poesía de María Zambrano (FCE). Y la carne soltó su jugo y se deshizo en mi boca: Fieles a las cosas, fieles a su primitiva admiración extática, no se decidieron jamás a desgarrarla; no pudieron, porque la cosa misma se había fijado ya en ellos, estaba impresa en su interior. Lo que el filósofo perseguía lo tenía ya dentro de sí en cierto modo, el poeta; de cierto modo, sí, de qué diferente manera. ¿Cuál era esta diferente manera de tener ya la cosa, que hacía justamente que no pudiera nacer la violencia filosófica?, ¿y qué sí producía por el contrario, un género especial de desasosiego y una plenitud inquietante, casi aterradora? ¿Cuál era este poseer dulce e inquieto que calma y no basta? Sabemos que se llamó poesía y ¿quién sabe si algún otro nombre borrado?

7

Porque desde el 2003 hacen trípticos de poesía que luego regalan por ahí. Palabras, versos, ritmos de mano en mano. Y porque luego les ha dado por las lecturas, los perfomances, los videopoemas. Y porque han tejido una enorme red, incluso hacia quienes escribrimos en el rincón más invisible. Y porque hoy en día pocos apuestan a la poesía. Pocos persisten en ella. Pocos la leen. A pocos les importa. Y porque ellos, los de Nit, son de esos pocos cuya persistencia ha permanecido ya por 7 años.

Regreso

Ya regresé. De la risa saltarina de un niño que me encuentra en la sala del aeropuerto. Del coleteo de un perro que ya me reconoce como de casa. De los brazos del durazno floreciendo por los ventanales al oriente y poniente. De los brazos de los que no regreso, de los que no me voy, de los que soy.

Piedras, juncos, agua y aire

Nunca puedo prescindir de la música para escribir. La música me acompaña, me inspira, deja mi conciencia a merced de otro ritmo, otro proceso, otra atmósfera. Ahora escucho música japonesa. Mientras las unidades melódicas , digamos, de la poesía japonesa son breves, en la música son más largas. Pero sus instrumentos tradicionales generan sonidos acordes con la naturaleza. Escuchar música tradicional japonesa y cerrar los ojos es escuchar el goteo del agua en los estanques apacibles, los pasos de pies menudos y ligeros sobre piedras redondas, el viento a través de los juncos.

De lo pequeño a lo inmenso

¿No existen estos casos? La iluminación en la voz del bambú. El resplandor del corazón en las flores de durazno. Sacerdote Dogen. El Zen ha dejado su impronta en la estética oriental. Esa precisión en el espíritu se transmite en la tinta que expresa lo breve y lo ímplicito. "Pintas bien la rama, y escuchas el sonido del viento", decía el pintor chino Chin Nung. En la poesía la búsqueda sería no describir el sonido del viento, sino hacer que el viento corra entre los sonidos palabras Hay otro elemento de la cultura japonesa: en la mínima expresión, expresar la mayor complejidad y grandeza. Seamus Heaney decía algo así como que la poesía debe ser capaz de mostrar la mayor visión de la realidad en la menor cantidad de palabras. Un florista, Ikenobo Sen'o, tenía esta máxima, muy sintónica con Heaney: "Un ramo de flores y un poco de agua evocan la inmensidad de ríos y montañas". Y pienso que, además , el jardín japonés tiene mucho que decirnos sobre su visión del mu...

Palabras y un gato

No pienso en poemas , en versos, en frases, en ideas. Pienso en palabras. En unidades. ¿Como ideogramas quizá? Su nombre me regaló estas palabras: vasija mosca fénix cenizas Y él me regaló este gato de Foujita:

Voces en mi cabeza

Hasta no tener el manuscrito de A ras de vuelo ya en mi mesa, no podía entregarme bien a mis Caligrafías . Ya está . Aquí. Entero. Corregida cada errata. Listo para entregarse. Pero junto a mis Caligrafías , empieza a resonar otra historia, ¿cómo callarla? Necesito el silencio.

Y el miedo

Me llegó una invitación para colaborar en el monográfico de la revista Re de España, donde trabajé como coeditora de esa sección en la versión castellana. El tema que lanzan es el miedo. El miedo productivo como impulso para actuar y el miedo infértil como pérdida de libertad. ¿De qué quieres escribir? ¿Puedo escribir sobre el miedo a escribir? ¿Sobre el miedo a la creación? ¿El miedo al espacio en blanco, tan lugar común pero tan presente? ¿El miedo a la palabra? ¿Puedo escribir cuando tengo miedo?

Duelo de noche

Pueden elegir entre leerla aquí o acá , pero la reseña es la misma. Gracias a Elena Méndez por esta lectura.

Hoy

Presentación de Sho-Shan y la Dama Oscura de Eve Gil Miércoles 27 de enero, 18:00 horas Museo de Culturas Populares e Indígenas de Sonora Comonfort y Dr. Hoeffer, Centro Histórico