Ir al contenido principal

18. Aterrizaje después de un largo vuelo

Buena señal es si la novela va por delante del blog, generando páginas, fluyendo, mientras la bitácora se detiene. Me imagino que los pilotos llenan su bitácora hasta que regresan a tierra después de vuelos largos, vuelos cortos.

He dado un vuelo largo. El segundo capítulo va a un ritmo que sólo lo detiene alguna cena especial, alguna escapada al cine.

El segundo capítulo se intrinca en los conflictos que ya generaron los personajes en el primer capítulo, con sus dramas nuevos, y con la problemática histórica de los años setenta. Gabriel ya ha decidido apoyarse en Pedro para salvar su patrimonio cuando se entera que tiene leucemia; su hermano, el Pelón Mayor, pronto encontrará invadidas sus tierras, lo que complicará el papel de Pedro, pues los aviones serán el botín a pelear en la familia.

En eso voy.

Compré un corcho enorme, y lo puse cerca de mi mesa de trabajo. Coloqué fotos de aviones fumigadores, jóvenes pilotos recibiendo instrucción, con esas risas heroicas que tienen todos los pilotos, aunque lo que hagan sea tan burdo como envenenar los gusanos de una siembra.

Comentarios

Mercedes dijo…
Y aqui viene lo bueno, las peleas familiares.
Saludos Marian.
Va a ser una pelea sangrienta, no de máscara contra cabellera, sino de oreja contra oreja.
¡Gracias, Ara!

Entradas más populares de este blog

Capomo

Alicia, la novia de mi hermano Martín , me invitó a montar. A pelo. Sin silla de montar. Yo era niña. Tenía quizá 10 años. Anduvimos por el monte, lleno de brizna seca, con el sol muy bajo y naranja. En el silencio montaraz, ella me cantaba "La flor de capomo", ¿la conoces?, me preguntó. Le dije que no, entonces me la cantó en mayo. Este es uno de los momentos más memorables en mi niñez. Tiempo después, en una fiesta en el campo donde había música en vivo, mi padre quiso complacerme con una canción. "La flor de capomo", pedí, y mi padre sonrió extrañado y orgulloso a la vez. Desde entonces, para él esa es mi canción. Sí, esa es mi canción. Nunca he visto una flor de capomo. Queda poca gente que la ha visto. La flor de capomo crece en los ríos. Y ahora el río yaqui y mayo ya están secos, por lo que la flor de capomo es ya casi mítica. La raíz es muy extensa y con muchos tentáculos. Es como un estropajo estirable que se clava muy superficialmente en la tierra. El t...

15. Brincos diera

¿Cómo puedo dar un salto en el tiempo? Le pregunto a Lety, y me responde: Cambia de capítulo. Pero quiero otro tipo de salto. Menos elemental. Un día me siento y escribo algo y salto con la naturalidad con que se brinca un charco. Pero cuando vuelvo la vista atrás (cuando releo pues) me aterro: ¿Qué hice? ¿Cómo pude dar un salto al futuro y continuar mi narración en presente? ¿Es posible eso?: Sí, dice Letty, se llama “prolepsis”. Navego para buscar definiciones: Prolepsis (del griego prolambanein, anticipación). Construcción gramatical que consiste en colocar un elemento en una unidad sintáctica anterior a laque le correspondería lógicamentePROLEPSIS. ANACRONÍA consistente en un salto hacia el futuro en el TIEMPO DE LA HISTORIA, siempre en relación a la línea temporal básica del DISCURSO novelístico marcada por el RELATO PRIMARIO. Le doy estas definiciones a Lety y me objeta: No, no; todavía no me convence. Hablo con Karla, mi amiga becaria del FONCA . Le enseño el fragmento. “No es p...

Álguienes

Hay días así. En que la vida ermitaña de una aparece con todas sus luces cercanas, acompañantes. Alguien presenta su libro. Alguien presenta a quien lo presenta. Esa alguien está feliz. Alguien más se muestra feliz de su francés perfecto. Alguien me presume sus kilos de más. Alguien me habla de dulces y deleites. Alguien y otro alguien y otro se citan esta noche alrededor de mi tequila, a la distancia y charlan. Alguien alarga su brazo y me habla del camino a Santiago, su paso humano. Alguien duerme en su habitación rosa, abrazada de su oso de peluche y me dice Te quiero, mami , cuando la tapo. Alguien dice que me extraña. Alguien dice que me quiere. Alguien dice que debo pagar impuestos. Alguien levanta sus orejas cuando digo su nombre y lame mi mano cuando lo acaricio. Alguien cuida de mis puertas. Que nadie que me dañe entre. Y soy yo, yo, yo, quien responde a uno y otro. Quien abre las puertas. Quien escribe, quien siente, quien piensa.