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La piel previa al papel

A veces olvido que mi casa es mi segunda piel.

Compondré las chapas para que cierren bien las puertas y para que no hagan demasiado ruido cuando abran.

Pintaré la casa de nuevo para que no se vea el yeso que cubre esos agujeros de clavos antiguos.

Arreglaré las persianas flácidas para que no cualquiera se asome por ellas y para que yo no vea a través de ellas la vida que otros tienen.

Me desharé de todo lo acumulado en todos estos años y que no tiene ya razón de ser (¿alguna vez la tuvo?).

Volveré a reconocerme en mi casa. Y podré sentarme nuevamente con tranquilidad, desnuda, humilde, desprovista, para ver blanca la página blanca.

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