Gaby era una mujer sin edad. ¿Para qué decirla? Fue mi compañera de trabajo, algunas veces fuimos juntas al cine, a cenar. Y teníamos algo muy importante en común: una gran amiga, que ayer por la tarde se armó de valor, se paró a un lado del altar, frente a las cenizas de Gaby, y habló de la huella que ella dejó en su vida.
Lo siento mucho, Lola.
Lo siento mucho, Lola.
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