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Sin prisas

Mi querida pequeña Cecilia:
Con esta carta quiero dejarte claro que puedes tomarte todo el tiempo del mundo para hablar. Que si tú vives feliz en tu mundo de música, taraeos, "etes" y útiles señalamientos con el dedo, está bien, muy bien.
Con esta carta también quiero explicarte que vivimos en un mundo donde expulsan muy pronto a los niños de sus hogares rumbo a la escuela, la educación por la que pasarán más de 20 años de sus vidas. Quiero decirte que nosotros no tenemos prisa. Queremos que corras por casa y vengas a recargar tu corazón al abrazarnos y dejarte besuquear los cachetes. Queremos que puedas rayar cuadernos, rotafolios y bien, si quieres, hasta pisos, antes de que te limiten a escribir cosas razonables dentro de un cuaderno, sobre rectos renglones; o a colorear con los tonos adecuados y sin salirte de la raya. Queremos que toques a los perros en tu día a día, que te dejes tumbar por ellos, que corras gateando detrás de ellos. Queremos que hagas tu siesta en la cuna, con las persianas cerradas, en silencio, abrazada de tus peluches queridos.
No hay prisa, pequeña.
Nos enfrentaremos en cada piñata y bautizo a madres asustadas porque no hablas. A niños de tu edad que empiezan su carrera hacia el éxito y ya cuentan y ya hablan y ya avisan para ir al baño, y ya se comportan como adolescentes con pleno conocimiento de iphones, ipads y controles de videojuegos.  Pero no haremos caso a sus "¿No habla?", "¿Y todo está bien?", "¿Las has llevado al doctor o al psicólogo?", "A tu niña lo que le hace falta es entrar a la guardería". Y les diremos: "Esta niña, como todos los niños de 2 años, necesita amor, libertad para desarrollar su cerebro sin ataduras, necesitan divertirse, vivir el hogar antes de dejarlo; esta niña necesita a sus padres y hermanos, a sus perros, a sus peluches, a sus crayolas rotas, sus juguetes de madera, su música, sus snacks fuera de hora, su siesta cuando ya no aguanta más; esta niña necesita correr por casa, lejos de un pupitre fijo". O no diremos nada, sólo sonreiremos y seguiremos siendo, tú esa bebé y nosotros esos padres, gente extraña que no tiene prisa, ninguna prisa.
Así que puedes seguir con tu glosolalia, con tu felicidad y tu libertad de bebé; quizá la libertad y felicidad más genuinas que encontrarás en toda tu vida. ¿Por qué te la quitaríamos? Puf.



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