Ir al contenido principal

Punto de partida



Tenía la idea de un cuento. Tenía esa costumbre nueva de escribir el inicio en la mente. Tenía el mal hábito de no seguirlo en mi cabeza, menos en papel. Luego un día, con ese inicio y todas las dudas de cómo contarlo y resolverlo, me senté a escribir la frase que tenía fija "Yo solía hablar". Y seguí. Y de un tirón, el cuento ya estaba ahí. Me di cuenta que sólo escribiendo mis cables se conectan, mis estructuras se conectan, mis palabras se conectan. Y este impulso (ahora certeza) nació de haber leído (y de haber intentado):
Marcel Proust exploró durante más de la mitad de su vida las posibilidades que le ofrecía la literatura. Escribió textos interesantes, pero incompletos, aproximados, insatisfactorios. Trabajaba con tenacidad y con angustia, sin saber si su exploración iba a conducirlo a un hallazgo importante. Estaba enredado en la realidad, en los lugares geográficos, en los personajes casi siempre mediocres que lo rodeaban, en las obras de arte de moda, y le costaba descubrir el acceso a la verdadera ficción. De pronto se encontró con su pequeña frase mágica, superior, clave de su entrada en la obra maestra: "Longtemps...", etcétera. Encontró el tono preciso, la voz narrativa original, única en la novela contemporánea. Todas sus ideas literarias se reordenaron y se volvieron fecundas a partir de ahí. En el texto encontramos a cada rato imágenes de despliegue, de desarrollo desde un punto de partida muy pequeño, incluso invisible. Habla de los papeles japoneses que se colocan en un vaso de agua y se abren, formando figuras sorprendentes.
Jorge Edwards en este texto.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Capomo

Alicia, la novia de mi hermano Martín , me invitó a montar. A pelo. Sin silla de montar. Yo era niña. Tenía quizá 10 años. Anduvimos por el monte, lleno de brizna seca, con el sol muy bajo y naranja. En el silencio montaraz, ella me cantaba "La flor de capomo", ¿la conoces?, me preguntó. Le dije que no, entonces me la cantó en mayo. Este es uno de los momentos más memorables en mi niñez. Tiempo después, en una fiesta en el campo donde había música en vivo, mi padre quiso complacerme con una canción. "La flor de capomo", pedí, y mi padre sonrió extrañado y orgulloso a la vez. Desde entonces, para él esa es mi canción. Sí, esa es mi canción. Nunca he visto una flor de capomo. Queda poca gente que la ha visto. La flor de capomo crece en los ríos. Y ahora el río yaqui y mayo ya están secos, por lo que la flor de capomo es ya casi mítica. La raíz es muy extensa y con muchos tentáculos. Es como un estropajo estirable que se clava muy superficialmente en la tierra. El t...

Álguienes

Hay días así. En que la vida ermitaña de una aparece con todas sus luces cercanas, acompañantes. Alguien presenta su libro. Alguien presenta a quien lo presenta. Esa alguien está feliz. Alguien más se muestra feliz de su francés perfecto. Alguien me presume sus kilos de más. Alguien me habla de dulces y deleites. Alguien y otro alguien y otro se citan esta noche alrededor de mi tequila, a la distancia y charlan. Alguien alarga su brazo y me habla del camino a Santiago, su paso humano. Alguien duerme en su habitación rosa, abrazada de su oso de peluche y me dice Te quiero, mami , cuando la tapo. Alguien dice que me extraña. Alguien dice que me quiere. Alguien dice que debo pagar impuestos. Alguien levanta sus orejas cuando digo su nombre y lame mi mano cuando lo acaricio. Alguien cuida de mis puertas. Que nadie que me dañe entre. Y soy yo, yo, yo, quien responde a uno y otro. Quien abre las puertas. Quien escribe, quien siente, quien piensa.