Ir al contenido principal

Yucatán


Yucatán ha sido lo más lejano que puedo imaginar dentro del territorio mexicano. Lo más lejano a Sonora. Y nunca me imaginé ahí. Hasta que, en estas vacaciones, la brújula señaló hacia esa península, que por otra parte tiene puntos de encuentro con mi estado (como todos los extremos): hay una comunidad yaqui ahí, y sueños independentistas (nosotros más bien en nuestro imaginario, pues ni siquiera hemos roto la inercia para inventarnos una posible bandera). Y algo más íntimo me une a ese rincón: Jaime pasó ahí muchos veranos de su niñez; así que es como visitar esos pequeños terruños prestados que todos tenemos en nuestros recuerdos.
Ha sido de los viajes más significativos que he tenido en mi vida. No vale la pena explayarme sobre cómo veo trabajadas y hasta cierto punto superadas mis neurosis (mi dificultad para disfrutar del ocio, las vacaciones, conducirme en lugares desconocidos). Contemplé de manera vívida la cosmovisión de los mayas (tan estudiada en mi facultad de Teología en la Pontificia de Salamanca); vi sus paisajes, sus cielos, sus cenotes, sus playas, sus selvas bajas, y entendí con fluidez cómo llegaron a sus conclusiones;  me conmoví con sus hallazgos astronómicos; me conmoví con sus pirámides tan fuertes y a la vez etéreas, como criaturas que emergieron del vientre de la misma tierra.
Y después de mucho tiempo, vi con orgullo a mi país, sin recordar lo que le han hecho. Los yucatecos siempre sonrientes, bromistas, cálidos, con una ingenuidad todavía intacta como la tuvimos todos antes de esta debacle, me recordaron lo que hemos sido y aún somos. Gracias, Yucatán.




Comentarios

Entradas más populares de este blog

Capomo

Alicia, la novia de mi hermano Martín , me invitó a montar. A pelo. Sin silla de montar. Yo era niña. Tenía quizá 10 años. Anduvimos por el monte, lleno de brizna seca, con el sol muy bajo y naranja. En el silencio montaraz, ella me cantaba "La flor de capomo", ¿la conoces?, me preguntó. Le dije que no, entonces me la cantó en mayo. Este es uno de los momentos más memorables en mi niñez. Tiempo después, en una fiesta en el campo donde había música en vivo, mi padre quiso complacerme con una canción. "La flor de capomo", pedí, y mi padre sonrió extrañado y orgulloso a la vez. Desde entonces, para él esa es mi canción. Sí, esa es mi canción. Nunca he visto una flor de capomo. Queda poca gente que la ha visto. La flor de capomo crece en los ríos. Y ahora el río yaqui y mayo ya están secos, por lo que la flor de capomo es ya casi mítica. La raíz es muy extensa y con muchos tentáculos. Es como un estropajo estirable que se clava muy superficialmente en la tierra. El t...

Álguienes

Hay días así. En que la vida ermitaña de una aparece con todas sus luces cercanas, acompañantes. Alguien presenta su libro. Alguien presenta a quien lo presenta. Esa alguien está feliz. Alguien más se muestra feliz de su francés perfecto. Alguien me presume sus kilos de más. Alguien me habla de dulces y deleites. Alguien y otro alguien y otro se citan esta noche alrededor de mi tequila, a la distancia y charlan. Alguien alarga su brazo y me habla del camino a Santiago, su paso humano. Alguien duerme en su habitación rosa, abrazada de su oso de peluche y me dice Te quiero, mami , cuando la tapo. Alguien dice que me extraña. Alguien dice que me quiere. Alguien dice que debo pagar impuestos. Alguien levanta sus orejas cuando digo su nombre y lame mi mano cuando lo acaricio. Alguien cuida de mis puertas. Que nadie que me dañe entre. Y soy yo, yo, yo, quien responde a uno y otro. Quien abre las puertas. Quien escribe, quien siente, quien piensa.