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Bodas

Hoy mis padres hubieran cumplido años de casados. Más de 50. Pienso mucho en ellos y el tipo de pareja que fueron. Pienso en todo lo que se aportaron uno al otro; la pasión con la que enfrentaron la vida y emprendieron una familia. Veo a mi padre a través de los ojos de mi madre: amoroso, trabajador, disciplinado, modesto, orgulloso, comprometido. Revaloro a mi madre a través de la voz de mi padre: inteligente, entregada, persistente, sensible, íntegra, bonita.
Mi padre nos heredó ese fervor por el trabajo; mi madre, los valores y la ética. Mi padre nos legó el amor por la simplicidad; mi madre, las aspiraciones. Mi padre nos mostró un mundo ordenado y vertical; mi madre, la libertad y el constante cuestionamiento. Mi padre nos enseñó la disciplina férrea; mi madre, la sensibilidad incluso desbordada.
Esa suma de fuerzas y fragilidades fue posible gracias al amor que se tuvieron, al proyecto que iniciaron juntos, del cual nacimos esos seis hermanos que nos amamos con todas estas dicotomías que sembraron en nosotros. Celebrar su aniversario de bodas es mucho más que conmemorar el amor que se tuvieron. Es celebrar la vida de sus hijos, de nosotros seis, de la propia existencia.


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