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2. Más que contar una historia

Mariana salió de un maratón de tres películas en la Cineteca. Había comido unos frugales tacos (tan frugales como los 36 pesos que pagó por ellos) en el Chupas. Así que la invité a cenar.
Mientras cenábamos le conté lo que voy armando de la novela. Los personajes, la historia. Hablarlo con ella me clarificó varias cosas.
a) La duda que tenía si mantener integrado un personaje o convertirlo en dos, se despejó: dos.
b) Cómo inicia la obsesión que atraviesa la novela.
c) No quiero solamente contar una historia.
Y este punto c me ha dado vueltas y vueltas el domingo. No me interesa sólo contar una historia, como yo a veces he creído de mi camino narrativo. Me interesa más construir. Construir una arquitectura, una forma de contar. La forma. Y es eso, no tanto la historia, lo que me llena de ese fervor que sólo se cura con la escritura.
Para mí no vale la pena escribir si no hay manufactura, construcción. La escritura es un oficio que se despliega con los recursos, los instrumentos, las manos que maniobran.
Así he ido tendiendo hilos. Y esa historia lineal que quiero contar, se desdobla en más capas, más posibilidades.
Estos dos libros serán claves: La casa de las bellas durmientes (Yasunary Kabawata) y Karada (Michitaró Tada).
Siempre elijo música para mis proyectos. He elegido los dos álbumes que Marissa Nadler publicó en 2016: Bury your name y Strangers.
(Gracias, Mariana, por escuchar, por tu agudeza, por decir las cosas directas, duras, honestas).



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