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Cecilia, 13

"Inicia mi adolescencia", nos anunciaste. Y sí, aquí estás con toda ella: con sus preguntas, titubeos, con su riada sin presa alguna, con su belleza latiendo, sus risas incontenibles y sus lágrimas igual de irrefrenables. Llega con una letra bella y desprolija a la vez, con vocaciones más claras. Otro tono de voz, otro tono ante la vida. Más vulnerable quizá, pero más decidida a caminar. Más silenciosa e interna, y más vociferante en sus formas. Me emociona observarte, redescubrirte, tomar tu mano y decir: calma, no hay prisa; calma, nadie fuera de ti te enuncia y determina; calma, calma, hay tanto por descubrir, hay tanto tiempo por delante, tanto aprendizaje en el itinerario, tantos hallazgos y tesoros, aun aquellos disfrazados de ceniza o putrefacción. Calma. Que en tu corazón nadie hable más que tú. Que ante el espejo no hable nadie más que el amor con el que te creamos y trajimos al mundo. Que tu voz interior solo se hable a sí misma con la ternura y admiración con la que te vemos tu hermana, hermano, padre, madre. Que en tu mente se siembre por igual el mundo abierto en el que te ha tocado vivir y el silencio seguro y fecundo que se requiere para crear. No sé qué sucede a los 13, pero lo veo: aquí está la adolescencia. La tuya. Hazla única y hazla común. Compártela generosa con quienes te amamos, atesórala en su misterio óntico e intocable. Celebro tu existencia y la abrazo con el más profundo amor. Feliz cumpleaños, Ceci de mi corazón.

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