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Entradas

Tarkovsky narrador

El domingo madrugué y estuve en silencio hasta mediodía. Así que tuve tiempo de ver stalker , de Andrei Tarkovsky. El buen cine enseña técnicas narrativas, siempre y cuando uno las convierta en técnicas literarias y no las utilice meramente como una visualización de la escena. Pensaba que hay novelas que nacen a partir de una historia y luego en ella sus personajes dicen lo que se tiene que decir. Hay otras novelas cuyo origen es decir, y entonces hay que buscar la historia que mejor diga lo que el autor quiere decir. Stalker es un ejemplo del querer decir y buscar la historia (aunque Tarkovsky se basó en un cuento para su película). Es también un buen ejemplo de la selección de elementos que añade a la escena: los decorados, los colores, el extraño perro negro, los paisajes. Cada fierro oxidado, cada color, cada sonido tiene un sentido en la construcción de la historia y los personajes. Los diálogos de los personajes principales (El Escritor, El Profesor, El Stalker) son casi post...

Ni vida propia ni copywright

Unas cuantas semanas después del atentado del 11s, viajé a Washington. Los ánimos en el centro político de Estados Unidos estaban caldeados: la gente se quejaba ante las medidas de seguridad y encontré a los taxistas encabritados por los retenes que a cada momento teníamos que sortear. El taxista que me llevó del aeropuerto a la George Washington University golpeó el volante y gritó por la ventana: "¡Esto es la Gestapo!". En la entrada a los museos nos obligaban a vaciar nuestros bolsos de mano, además de tener que pasar por el scanner obligado de la entrada. Me sorprendía al ver que muchos residentes de la ciudad (ancianas, padres de familia con sus niños), prefierían perderse un día de museo antes que mostrar las tripas de sus bolsos. Argumentaban: vivo en mi país, tengo garantías. Eso me hizo pensar que posiblemente había mayor paranoia fuera de Estados Unidos que dentro del país, me hizo ver también a una franja de la población altamente politizada, como nunca antes ha...

Lucha cuerpo a cuerpo con cierto personaje

Ya terminó mi exceso de trabajo. Ahora tengo exceso de escritura. He estado trabajando en la voz de Pedro, para el capítulo 2 de la II parte de la novela. Quería un narrador focalizado, como lo he usado, que diera pie a un indirecto libre en primera persona, para que poco a poco ese narrador se convirtiera en una primera persona. Pero no me estaba resultando cómodo en Pedro. Lo intenté una y otra vez, variantes y lo único que logré fue un stock de hojas inservibles y llegar tan agotada a casa que no tenía ni ganas de cenar. Hoy desde muy temprano emprendí la escritura y escribiendo de repente transité otro camino: opté por una narración en primera persona con una voz mental más que oral, que da pie a pequeñas narraciones dentro de su voz. Todo esto lo comento con quien en lugar de complicarme me escucha y hace reír, y su respuesta me deja claro que debo reírme más de mí y no debo sufrir tanto por estas búsquedas. Se trata de este cartón de Forges que les comparto. (A mí, ademá...

Olmi dice / Yo me adhiero

"Si la cultura es la búsqueda de las infinitas posibilidades de la verdad y la religión la búsqueda de la espiritualidad, no hay conflicto. Éste nace cuando la cultura se encierra en esquemas y la religión en dogmas". "Hay que poner el sentido de la oración en lo que hacemos. Dios, si existe, quiere ser reconocido, no idolatrado. A veces, una blasfemia sirve más que una plegaria porque oculta el deseo de creer". Ah, y también habló de sus películas.

El Lobo manso como una oveja

Sí: le dieron a Lobo Antunes el Premio de la FIL. Hace dos años lo vi en ese mismo marco. Y dentro de todos los fantoches, oportunistas, divos, petardos, histriones que uno encuentra entre los grandes nombres de las editoriales, Lobo Antunes me pareció de una humildad y realismo que me conmovieron. En la conferencia habló con amor hacia su profesión, la psiquiatría. Nunca quiso dejarla para dedicarse a la literatura. Amaba su labor y pensaba que podía ayudar más como psiquiatra que como escritor. Enfrentarse a la condición humana desde los entresijos le ayudaba también a crear historias, personajes, guardando la confidencialidad ética de su gremio. Hice fila para una firma. Enfrente de mí estaba un chico con una pila de 4 libros de Lobo Antunes. Mientras esperaba su turno iba barajando los libros con nerviosismo y ansiedad. Una vez frente al autor todavía dudó entre dos libros para pedirle la firma. El escritor le dijo: No sufra, puedo firmarle todos. Y me pareció un gesto muy bell...

Cajeme: he ahí...

amigos de cajeme y puntos circunvecinos: por fin llegó ni novela Duelo de noche a cajeme. los criterios de distribución son insondables. y nunca he sabido a ciencia cierta por qué del df para los lados y para abajo se encuentra hasta en los sanborn's y liverpool y en mi terruño nadie la encontraba. en cajeme la pueden encontrar en Libros y más . y de paso échenle un ojo a los libros (sobre todo los que están pegados al sillón de la salita de lectura al fondo), se encuentra uno verdaderas joyas y con muy buenos descuentos.

Entones para qué precuparse...

Una lúcida y necesariamente desangelada reflexión sobre escritores locales y mercado editorial. Aunque hoy parece un lugar común, sienta bien volver a los orígenes siempre tan profilácticos: escribir sin olvidar que en este oficio existe la soledad del escritor de fondo. El mercado está ahí, y seguirá estando y comportándose según sus reglas, sin que importe lo que piensa alguien en el altiplano. Está claro que en toda periferia se levantan mitos con respecto al centro, pero quizá no está tan claro, aunque es una verdad incontestable, el hecho de que tales mitos sólo contribuyen a que la periferia lo sea aún más. Como decía Confucio: si el problema tiene solución, no hay que preocuparse, y si el problema no tiene solución, tampoco hay que preocuparse. Ronaldo Menéndez (La Habana, 1970) ha publicado recientemente la novela Río Quibú (Lengua de Trapo, 2008). www.ronaldomenendez.com.

Bueno, pues tendré baja autoestima

... y alta también, porque un estudio realizado recientemente llegó a la conclusión de que hay una correlación entre la personalidad y el gusto por la música ( ¿¿¿ a poco??? ). Así que como me gusta la música indie , tengo baja autoestima y soy uraña, y como me gusta el jazz tengo alta autoestima y soy extrovertida. Menos mal, por fin lo tengo clarísimo.

Chamba impide

...escribir de la presentación del libro de Manuel Llanes en Hermosillo. ...escribir de la despedida a Manuel y Aurora que regresaron a barcelona (snif). ...compartirles la Geografía poética que orquestó Adán Echeverría. ...buscar y leer Virtus , de Eve Gil. ...comentar sobre Una nunca habla de esto , la novela de Sylvia Aguilar. ...felicitar a La línea del cosmonauta por la Edmundo Valadés. ...dormir más de 4 horas al día. ...escribir artículos y enviar poemas que me han solicitado. ...tener un momento de calma. ...escribir.

Suerte, Mariana

no sé por qué es importante, pero lo es: esta pequeña entra este lunes a la secundaria.

Buena noticia

-El motor de mi refrigeración central se quemó -Mi carrito exigió otra bomba de la gasolina -Mi llave de agua tiene un candadito puesto por agua de hermosillo para que no sea utilizada (no es tandeo sino olvido-faltadepago-corte ). Pero todo esto no se siente tan feo después de que hoy me avisaron que el IMER ya empezará a producir la radionovela que escribí.

Ay: narrar

la novela me angustia. siento que es buena señal. ya quiero deshacerme de ella. ya quiero sacarla por completo. ya quiero sacármela de la mente o donde sea ese lugar donde se gesta. recordé mis días de becaria del fonca. recordé a karla. ambas nerviosas, sufriendo los reveses que nos daba ramírez heredia, el buen rayo. ¿hacia dónde , hacia dónde? recordé mis charlas con ella, hasta la madrugada, en el cuarto de hotel, haciendo y deshaciendo nuestras búsquedas narrativas, nuestros personajes. y la busqué. toc, toc, mi querida karla. y ahí estaba ella. anunciándome que retomó su novela. aceptando mi propuesta de tallerearnos y no soltarnos hasta terminarlas.

Como en los viejos tiempos

Este domingo los vi: nos sentamos en la alfombra ante una mesa con comida para picar, copas de vino, cervezas oscuras. Y Alfonso, Letty , Manuel , Aurora y yo estábamos ya hablando como si nunca se hubieran ido. O sí, como si se hubieran ido y hubieran regresado, y tuviéramos muchas cosas que hablar. Hasta medianoche, sin importar el trabajo del lunes, nos despedimos, pensando que con razón los extraño tanto.

Cuando sea grande

En una ocasión estábamos mis amigos Jorge y Eric tomándonos unos tequilas en una terraza. Hablábamos de cómo queríamos nuestra vida en 20 años más. Primero me preguntaron a mí, y luego pregunté a ambos, esperando que respondieran a turnos, pero lo hicieron a unísono: Quiero vivir como don Alberto. Se referían a Alberto Herrera , fotógrafo, publicista y mentor de mucha gente, entre las que me sumo. Conocí a don Alberto en el 89. La primera vez que pedí trabajo, primera vez que me remuneraron. La primera vez que edité una revista e hice relaciones públicas para una galería de arte y una asociación de artistas plásticos. Algo vio en mí don Alberto. Algo que yo no hubiera visto en una muchacha introvertida, agorafóbica, callada, que no reflejaba emociones. Despidió a la persona que habían contratado y quedé con el empleo. Don Alberto me ayudó a salir de mi ensimismamiento para fines laborales. Me enseñó a trabajar como algo placentero. Me demostró que podían pagarme por pensar y escrib...

esquizofrenia

es la época de más trabajo en mi oficina. y aparte estoy en la recta final de mi novela y aaaapaaaarteeeee me encuentro leyendo para mi siguiente proyecto. encima de toda esta locura, nostre bosc , un espacio en un limbo común donde puedo encontrarme a tomar café o té verde, hacer el jardín, leer poesía, reír, hablar de los niños, caminar. esa es la mayor locura. y es la que me salva.

Normal

Síntomas de que la vida vuelve a la normalidad. Vuelvo a mi ritual del café: elegir, comprar, moler y llevarme a la oficina mi termo de cerámica con el café hecho en casa. Retomo el ejercicio. Se me antoja la comida. Busco variar la música (redescubrí a Portishead). Me acuesto y me duermo poco a poco (disfrutando el poco a poco). Escribo mucho. Pienso constantemente en la novela.

estoy

escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe y escribe

Estimado editor:

Aunque no me la ha solicitado, le debo una explicación. Sé que en semanas pasadas, mientras mi hija estuvo de vacaciones con sus primos, me comprometí a escribir a razón de 6-8 páginas por día. Usted no supo; es más, yo ni siquiera sé quién es usted después de que la güera se nos fue… Pero bueno, siendo yo una persona formal, y teniendo un contrato con su editorial, pues le pasó a explicar por qué me fue imposible cumplir. Antes que nada debo aclarar: no soy una mujer típica, ni tampoco frágil, ni de esas damiselas que saltan a las sillas cuando ven un ratón. Pero vi una rata. En mi casa. Sí. Me dicen que todo mundo ha tenido ratones en su casa. Pero yo nunca había tenido uno. Y no sé si esas personas (que se jactan de haber tenido ratones y convivir con ellos, si no amistosamente por lo menos con indiferencia) han tenido ratas como éstas que se metieron a mi casa (cómo se metieron es tema largo que requiere ademanes de mi parte, así que dejo pendiente esta charla cuando lo pueda ver p...

Adiós, Maricarmen

Tú salmantina venías a Hermosillo. Yo casi hermosillense llegaba a Salamanca. Aplanamos carretera de Barcelona a Andalucía, parando en ermitas abandonadas, en monasterios dignos de ver, en árboles de frondas anfitrionas. Poco supe de tu vida. Poco supiste de la mía. No supe entonces de tu claustro desde los 16 años. No supe por qué dijiste que un día saldrías de ese convento de isabelinas. No supe cómo saliste y de repente fuiste teóloga. No supe cómo venciste la reja, la coraza, para trabajar en Ginebra, en Santiago, en Hermosillo. Entonces éramos presente de viaje y futuro que se abría. Yo con una bebé en mis piernas. Tú con una maleta a punto de cruzar el atlántico. De reencuentro en este desierto seguimos siendo presente. Uno mutante para mí. Uno apacible para ti. Fuiste pilar. Sacerdotiza que aún no existe en nuestra tradición. Confesora ermética. Sabiduría común. Voz dulce y familiar que me recordaba las ventanas salmantinas. Un abrazo alegre y materno. Nunca supiste por qué llor...

Por si nos extrañas, Mariana

Nosotros, sí.