Ir al contenido principal

Cartografías

E imagino ese día, en que una persona sola se colocó frente al horizonte, levantó su dedo y dibujó en el aire las líneas divisorias:
Yo te nombro mío.
Yo te nombro ajeno.
Yo te nombro patria.
Yo te nombro extranjero.
Yo te nombro amor.
Yo te nombro enemigo.

Y atestiguo cuando llega esa tormenta de arena, y vuelve a borrar las líneas divisorias, y uno agradece el caos y se adentra en él, se arremolina, se deja llevar e invadimos la patria y damos la sangre por lo ajeno; y nos ponemos el nombre extranjero y deshonramos el propio; y uno deja de ser quien es.

Hasta que alguien apunta con el sol frente a los ojos, como la lámpara de un verdugo, y nos obliga nuevamente a levantar el dedo y dibujar las líneas divisorias.

Y uno desea de nuevo la tormenta, para olvidar las fronteras y ser sólo remolino, un puño de arena abierto en la entraña del caos.

Comentarios

robles quiroz dijo…
Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.
robles quiroz dijo…
Recién te descubro y me mantienes por horas asombrado.
No sé por qué. Ignoro qué me ata a tus palabras.
Lo pensaré y mañana, quizá, me lo explique y te lo explique. Mañana.
robles quiroz dijo…
Eres mi Simone mexicana. (Claro, me prevengo por si acaso no te agradan las comparaciones). Era un vientecillo de la Beauvior que recorría tus palabras que no lograba identificar, hasta que ayer, anoche, espiaba mi biblioteca y un librito pequeño hizo luz en el eco que no reconocía: Una muerte dulce, de Simone de Beauvior. Ya caigo, por eso me tenías encantado, porque tienes oficio, porque se percibe en tu lectura un don muy particular. (Mi bajo perfil me amordaza). Puedes congeniar de forma maravillosa lo anecdótico con lo narrativo, que a pesar de lo cercano lo uno con lo otro (varios dirán "pero si es lo mismo") pocos escritores dan con la pauta para que esa mezcla genere textos como los tuyos. Simone de Beauvior es una. Katherine Mansfield otra. Le esencia revestida de una forma exquisita. Aqui es donde cabe tu obra.
Me escribirás?
Estaré fascinado de entablar contacto contigo.
arq@mexicovolitivo.zzn.com
Mi nombre completo es Arturo Robles Quiroz.
Espero.
Anónimo dijo…
Muchas gracias por tus palabras.

Espero que algún día llegue a hacer literatura de verdad, y sea capaz de mover tantos sentires y palabras.

Ojalá sigas visitando el nido de palabras, aunque suelo abandonarlo por días, no lo abandono del todo y siempre vuelvo.

Entradas más populares de este blog

Capomo

Alicia, la novia de mi hermano Martín , me invitó a montar. A pelo. Sin silla de montar. Yo era niña. Tenía quizá 10 años. Anduvimos por el monte, lleno de brizna seca, con el sol muy bajo y naranja. En el silencio montaraz, ella me cantaba "La flor de capomo", ¿la conoces?, me preguntó. Le dije que no, entonces me la cantó en mayo. Este es uno de los momentos más memorables en mi niñez. Tiempo después, en una fiesta en el campo donde había música en vivo, mi padre quiso complacerme con una canción. "La flor de capomo", pedí, y mi padre sonrió extrañado y orgulloso a la vez. Desde entonces, para él esa es mi canción. Sí, esa es mi canción. Nunca he visto una flor de capomo. Queda poca gente que la ha visto. La flor de capomo crece en los ríos. Y ahora el río yaqui y mayo ya están secos, por lo que la flor de capomo es ya casi mítica. La raíz es muy extensa y con muchos tentáculos. Es como un estropajo estirable que se clava muy superficialmente en la tierra. El t...

Álguienes

Hay días así. En que la vida ermitaña de una aparece con todas sus luces cercanas, acompañantes. Alguien presenta su libro. Alguien presenta a quien lo presenta. Esa alguien está feliz. Alguien más se muestra feliz de su francés perfecto. Alguien me presume sus kilos de más. Alguien me habla de dulces y deleites. Alguien y otro alguien y otro se citan esta noche alrededor de mi tequila, a la distancia y charlan. Alguien alarga su brazo y me habla del camino a Santiago, su paso humano. Alguien duerme en su habitación rosa, abrazada de su oso de peluche y me dice Te quiero, mami , cuando la tapo. Alguien dice que me extraña. Alguien dice que me quiere. Alguien dice que debo pagar impuestos. Alguien levanta sus orejas cuando digo su nombre y lame mi mano cuando lo acaricio. Alguien cuida de mis puertas. Que nadie que me dañe entre. Y soy yo, yo, yo, quien responde a uno y otro. Quien abre las puertas. Quien escribe, quien siente, quien piensa.