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Esto es así

Uno intenta escribir poesía y la vida cotidiana está alrededor, a veces como un cojín mullido entibiando el día a día; a veces como las espinas de la amenaza, del miedo, del sobre esfuerzo. Uno lee a Raúl Zurita y ve ese miedo traspasado con la espada de las palabras. Uno ve 49 niños de una guardería que mueren calcinados; ciudades enteras que son sacudidas por una madre tierra furiosa, impaciente, irritada; esquinas y calles y carreteras que son tomadas por tanquetas, por policías de negro y pasamontañas; las salas y las habitaciones que son invadidas por cabezas cercenadas, por mensajes presidenciales, por narcomantas, por la desconfianza, por el hartazgo, por el encono, por el cinismo, por ojos cerrados (sí, mejor cerrados), por la mano suave y tibia de la hija, por su risa, por su agudeza, por su The big bang theory . El big bang. Y uno intenta escribir poesía. No de todo eso. Y uno deja el miedo allá afuera (y aquí adentro), en lugar de traspasarlo. Y uno escribe. De otra cosa. D...

15 años

Ella hace que decir "quinceañera" no suene a cursi ni insulso. Con esa mirada aguda, intensa, brillante ha llegado a ser una quinceañera más allá de esa edad. Una jovencita sensata, risueña, reflexiva, que prefiere un piano a una fiesta. Ella sabe que existir es una fiesta.

Mariana lee

Hasta de noche y en carretera. Es la mejor hija de casi 15 años que pude imaginar.

Hoy fui a misa

Porque es 15 de octubre. Y era de madrugada cuando ella se fue. De la mano de Santa Teresa por el flanco derecho, de la mano de Santa Edith Stein por el flanco izquierdo. Con sus hijos y su marido rodeándola. Y cada 15 de octubre solíamos encontrarnos todos en misa, para recordar ese desencuentro que es la muerte de alguien querido. Y que en realidad es el encuentro con la vida propia y la que compartimos a pesar de esa ausencia vital. Hacía años que no pasaba. Voltear al lado y encontrar a un hermano. Voltear a la banca de atrás y ver a otro. Sumando sobrinos. Esos que sí lograron conocerla, y correr alborotados a su alrededor cuando la silla de ruedas fue necesaria. Fugazmente. Y aunque evito escribir aquello que no se liga de alguna manera a mi proceso de escritura, la muerte de mi madre y también la de mi hermano están enraizadas en mi mano, en mi escritura. Es parte de esa red de venas que se me abultan sobre los tendones. Pero así como escribo, vivo. Y sí, eso pasó hoy: es 1...

Llama en el DF

Poemas de la maternidad, la enfermedad, la muerte, la vida, el sosiego, la contemplación, los afanes, las labores, los signos de la naturaleza, la fecundidad. La vida fecunda. Eso pienso que es Llama (stand de la AEMI, en Libros del Umbral).

Lectores del Capomo tiempo después

Hace algún tiempo escribí aquí sobre La flor de capomo, una canción mayo. A partir de ese post, he seguido recibiendo comentarios. Todos con experiencias entrañables alrededor de esta canción y muchos de ellos se han convertido en lectores fieles, leales. De tal manera que mantenemos una comunidad más allá del nido de palabras: es la comunidad del capomo. Así Coyote y su familia nos invitaron a comer a mi novio y a mí durante nuestra estancia en Guadalajara por la FIL; así Fred se ha mantenido constante en este nido, y ha construido un diálogo a su vez con Coyote... Y así se ha ido tejiendo una red que me hace muy feliz por los recuerdos que yo tengo de esta canción, mi amor a ella, las características simbólicas de esta flor que sobrevive a crecidas e inundaciones. Y por convocar a lectores que de otra manera no hubiera tenido la fortuna de conocer. Hoy recibí otro comentario, anónimo, proveniente de Coahuila: otro (a) enamorado (a) de la Flor de Capomo.

Qué traen los días

Los primeros quince días de septiembre, con los quince últimos de agosto debería advertir las vacaciones de este blog. Vacaciones forzadas porque la mente, el tiempo, las yemas de los dedos no dan para otra cosa que trabajar y trabajar y trabajar en esa etapa crítica en el año laboral. Esos días no dan más que para dormir 3 horas. No dan más que para brincar del escritorio de la oficina al escritorio de casa. No dan más que para ver, a veces, un programa de adolescentes con mi adolescente, y reír con ella y desconectar el cerebro mientras lo pongo en recarga. Pero los últimos días de esa fase crítica me ha traído su compu frente a la mía, su sonrisa dulce, el humo de su cigarro a través de la ventana, sus charlas pausadas y quedas, su café negro y el mío latte así uno junto a otro, las ganas de leer, las ganas de escribir, las ganas de indagar, las ganas de compartir. De compartirlo todo.

Eso era: ductus

El ductus es un vaso que conecta la aorta a la arteria pulmonar ya fuera del corazón. Cuando el feto está dentro de la madre necesita hacer pasar la sangre hacia la placenta para obtener oxígeno. Esa es su función. El ductus, pues, debe estar abierto para que el feto pueda sobrevivir. Ese paso vital entre dos fuentes de vida, el corazón y la placenta, es el ductus. Pero en la caligrafía ductus es una reglas toral, pues tiene que ver con el número, orden y dirección de los trazos. Es la esencia de la escritura. Es por eso que ese flujo vital de sangre y oxígeno es a la vez ese flujo de tinta y sentido, un torrente que da vida a la caligrafía de una manera orgánica. A eso me refería cuando hablaba de una atrofia en mi escritura. Mi dificultad de escribir a mano. Hacerlo de otra manera no podía resultar en otra cosa que en la muerte de las palabras. El ductus debe seguir abierto .

Una maleta

Descubrí que mi vida puede caber muy bien en una maleta. Una libreta, un par de libros, un bolígrafo, ropa y mis vanidades más que suficientes. Descubrí que otra ventana, otra luz, otro clima, otro despertar me hacen escribir más. Poesía. Me descubrí ajena en mi cama, en mi habitación tan mía, al regreso. Descubrí que puedo volver y continuar. Descubrí el inicio de la segunda parte de mis caligrafías.

Llama en Guadalajara

Para encontrar Llama : buscarlo en la editorial Libros del Umbral.

Eugenio

Cuando abrió el portón del convento, sonriente, para que metiéramos el coche, recordé aquel otro portón: el de Sotomayor, apenas cruzando el portal del edificio donde vivía en Salamanca al finalizar los 90. Ese espacio silencioso, pulcro, cicatrizado por la historia. Era Eugenio, un dominico como los otros que fueron mis vecinos, maestros en San Esteban, predicadores profundos. Comimos los tres en el comedor. Era tanto el silencio que los cubiertos parecían flotar, el cristal, la cerámica, nuestras palabras y las risas. Tantas risas, ahí, flotando en otro transcurrir del tiempo, en otro inventario de sonidos. Luego a recorrer el convento una tarde calurosa afuera, soleada, pero adentro luminosa, fresca. Los antiguos archivos respirando vivos, a la mano; el trabajo investigador de los frailes perfectamente acomodado y clasificado en las mesas; pasillos de baldosas relucientes; los jardines mimados. Y subir al techo, y ver desde ahí la ciudad de Querétaro llena de cúpulas y campanarios, ...

Karla Montalvo

Este sábado vi a Karla. Escribe ensayo, novela, dramaturgia. Tiene el nombre de la mejor amiga de la escuela. Y sí: fue mi mejor amiga durante la beca del FONCA y después de ella. La vi en el lobby del hotel en Veracruz y dije: Ojalá ella me toque como compañera de cuarto. Vi su falta de pose, su transparencia en la mirada, sus modales correctos y sencillos, la sonrisa sin ironías ni incomodidades. Y sí, fue compañera de desvelos, confidencias, lecturas, bromas. Ante la ausencia de Ramírez Heredia, nos unimos más, quebrándonos la cabeza con nuestros proyectos, compartiendo lecturas. Y bromeando con ese sentido del humor tan bobo , como lo describe ella, que compartimos. Después de 5 años de trabajarlas, hemos terminado nuestras novelas. Han sido un mojón importante en nuestras vidas, en nuestros procesos literarios, en nuestros aprendizajes. Este sábado charlamos mucho, reímos. Y lo más bello: cargué un rato a su bello bebé Santiago, y al despedirnos, el manuscrito de su novela, que te...

Blanco

Cuando miréis, contentaos con mirar. Si reflexionáis, os situaréis ya fuera del blanco. Tao-ou Llovizna. Las gotas apenas se filtran por los árboles de durazno. Escucho a Yo-Yo Ma y The Silk Road Ensemble con su Silk Road Journeys . Pienso en lo siguiente a trabajar en mis caligrafías . Repaso mis apuntes, mi proyecto. Miro por la ventana. Viajo con la música por la ruta de la seda. Miro, y quiero contententarme con mirar. Quiero situarme dentro del blanco. En el blanco. Y a partir de ahí, escribir como quien se contenta con mirar.

Frutos

Lo sabía: el cambio de aires, clima, vegetación me haría bien. Trabajo. Escribo. Leo. Charlo. Intercambio. Despierto con la ventana desnuda a tapias interminables, con los brazos del durazno ofreciéndome sus frutos aún verdes. Así mis poemas. Verdes. Inacabados. Reposando en su entraña el sol, el oxígeno y todo ese milagro que los hace dulces, rosados, blandos. Maduros. No sé si madurarán. Sé que ya son. Que de las ramas casi desprovistas de follaje y totalmente de flor, han brotado los frutos verdes, menudos, con su peluza dando noticia de vida. Ahí están. Él ya los ha leído, con mi sonrojo, con mi timidez ante quien admiro como editor. Ahora cae la lluvia, suave. Las ramas de los duraznos gotean. Y mis mangas están empapadas, como en Genji .

Modorra

He intentado de todo: escribir a mano, en una libreta, en otra, directamente a la pantalla, en mi mente. Y hay algo que no me permite fluir. Demasiada razón para lo que quiero. Demasiada apacibilidad para un estado de conciencia menos cómodo que requiere la poesía. Por ahora está funcionando esto: escribir en cuanto despierto y abro los ojos. Construir versos en la modorra, dejar que las palabras floten en la duermevela, que se crucen, se acomoden, que se doblen sobre ellas como una sábana al alba, como un pequeño trozo de papel plegándose en origami. Luego tomo la libreta, esa grande, cuadrada, impresa y encuadernada al estilo antiguo de Taller Dittoria, la tinta rojo oscuro. Y escribo.

La espera de Ofelia

Hace algunos años (¿un par?) me encargaron hacer una radionovela para animar a adultos analfabetas a que aprendieran a leer y escribir, a que conocieran los programas de educación para adultos. Fue un trabajo bello, extenuante (un año de dormir 3 horas), de mucho aprendizaje, de gran ayuda de mi amiga Edith, pero finalmente quedó un producto padre, que me ennorgullece haya sido tan bien producido por el Instituto Mexicano de la Radio. En la radionovela participan actores como Roberto Sosa, Vannessa Bausche y Evangelina Sosa. Pues hoy me dan la noticia de que a partir del 5 de julio, se lanza "La espera de Ofelia". Por si alguien quiere seguir este culebrón, aquí los datos: XECAH, La popular 1350 de AM en Cacahoatán, Chiapas 20:30 - 21:00 XEMIT, Radio IMER en el 540 de AM en Comitán, Chiapas 21:30 - 22:00 XECHZ, Radio Lagarto en el 1560 de AM en Chiapa de Corzo, Chiapas 06:15 - 06:45 XELAC, Radio Azul, en el 1560 de AM, en Lázaro Cárdenas, MIchoacán 16:30 - 17:00 XEFQ, la F...

Camino hacia lo sutil y el instante

La palabra sadō se traduce como "camino del té", y se refiere concretamente al estudio o doctina de la ceremonia del té en la cultura japonesa. Nuevamente "el camino" del que hablaba en otra ocasión. Cuando se habla de camino espiritual o el camino para dominar un arte como la caligrafía, es más entendible para nuestra mentalidad occidental. Pero quizá no sea del todo claro que un acto como servir el té, que no tiene más finalidad que eso mismo, precise de un camino, una disciplina, una doctrina, una especie de coreografía minuciosa y precisa. Años de práctica, esfuerzos de aprendizaje, para un momento efímero, cotidiano, sin mayor trascendencia que el momento. Y nuevamente aquí encuentro la clave : el valor de lo cotidiano y por ello trascendente, de lo efímero pero no fugaz, el peso del instante cuando se le dota de significancia. Hay ciertos elementos que deben caracterizar la ceremonía del té: debe realizarse de la manera más perfecta, encantadora y graciosa...

Mi papá, antes que Monsiváis

La noticia de la muerte de Monsiváis se amortiguó con la visita de mi papá por el día de su festejo. Pero ahora que despedí a mi padre, también tengo alma para despedir a don Carlos Monsiváis. Sin pudor lo cuento siempre. Mi niñez en Guaymas no me dio para más que los programas de Octavio Paz en la noche y los domingos de televisión con "Para gente grande" que conducía Ricardo Rocha. En este programa de televisión, don Carlos era infaltable. Me atrapaban su cara de dolor ecuánime, su voz aflojerada y firme, sus mirada sobre la realidad más nimia o compleja. ¿Qué es eso que hace? ¿Cómo es que lo hace?, me preguntaba intrigada. Se me antojaba hacer eso, hablar de todo, hacer que pareciera sencillo pensar y, más todavía, expresar lo que se pensaba. En mi imaginario infantil y luego adolescente, Monsiváis era El Intelectual. Eso que estaba más allá del escritor. O más acá, más cercano. Con el tiempo, muchas figuras se me desmoronaron. Incluso muchas que no merecían desmoro...

Saramago y una corbata que no tiene nada que ver

Hoy murió Saramago. Me avisó Javo en la madrugada, mediante un correo electrónico. Lo leí antes de ducharme. Y al salir de la ducha, tenía otro correo de él con esta frase saramaguiana: "Hay quien se pasa la vida entera leyendo sin conseguir nunca ir más allá de la lectura, se quedan pegados a la página, no entienden que las palabras son sólo piedras puestas atravesando la corriente de un río, si están allí es para que podamos llegar a la otra margen, la otra margen es lo que importa". Hoy discutí con Javo. La persona con la que más discuto. Discutimos por Saramago, por los prejuicios, por las diferencias y los desencuentros de siempre, los que persisten desde el día en que nos conocimos, en el que me extrañó su camisa blanca y corbata un sábado por la tarde, cuando no hay trabajo, cuando no es hora de bodas, cuando no es mormón. Esa corbata extraña , estorbosa y sin embargo simpática es lo que siempre caracterizará mi amistad con Javo, con todo lo que entraña: extrañeza, in...

Mamá

Es la foto favorita de mi mamá. Antes de casarse. Cuando era una muchacha independiente que iba y venía al trabajo. Era alegre, fuerte. Atrás de ella, como escenografía, aparecen objetos que fueron importantes para ella a lo largo de su vida: libretas, bolígrafos, libros. Así quiero recordarla, hoy que hubiera cumplido 67 años.