Días antes de la elección, la Secretaría de Educación Pública en México anunció el regreso de las niñas y niños a las escuelas de manera presencial. Mientras en el grupo de WhatsApp donde estamos las madres de la escuela de mi hija pequeña, muchas de ellas se alegraban, otras se desconcertaban, algunas veían imposible ajustar sus rutinas con tan poca anticipación, y el resto nos enojábamos al verlo como un acto de manipulación del gobierno que nada tenía que ver con medidas sanitarias serias, responsables, con base en evidencias científicas. Y en efecto: pasadas las elecciones, una vez que votamos, las madres y padres ya no éramos necesarios; las criaturas, menos. En realidad, la infancia nunca ha sido el centro de las decisiones del Estado en México. Las autoridades cerraron las escuelas. Confinaron nuevamente a la niñez en sus casas. Cerraron los ojos ante lo que sucede dentro y las necesidades que se fraguan en cada criatura y su entorno doméstico. ...
Lo que ando incubando