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La rebelión de las madres monstruosas

Días antes de la elección, la Secretaría de Educación Pública en México anunció el regreso de las niñas y niños a las escuelas de manera presencial.  Mientras en el grupo de  WhatsApp  donde estamos las madres de la escuela de mi hija pequeña, muchas de ellas se alegraban, otras se desconcertaban, algunas veían imposible ajustar sus rutinas con tan poca anticipación, y el resto nos enojábamos al verlo como un acto de manipulación del gobierno que nada tenía que ver con medidas sanitarias serias, responsables, con base en evidencias científicas.  Y en efecto: pasadas las elecciones, una vez que votamos, las madres y padres ya no éramos necesarios; las criaturas, menos. En realidad, la infancia nunca ha sido el centro de las decisiones del Estado en México.  Las autoridades cerraron las escuelas. Confinaron nuevamente a la niñez en sus casas. Cerraron los ojos ante lo que sucede dentro y las necesidades que se fraguan en cada criatura y su entorno doméstico. ...

ABC: el incendio que mostró todos los rostros posibles de la corrupción

Existe una foto que le dio la vuelta al mundo: una niña en llamas, huyendo del fuego después de haber sido quemada con napalm en Vietnam. El terror en su rostro, el dolor, el desconcierto, la fuerza instintiva para sobrevivir, está en esa imagen en blanco y negro. Una sola niña en llamas nos revela la capacidad que tenemos los adultos para generar horror y tragedia.   Con el incendio de la Guardería ABC en Hermosillo, Sonora, no fue un niño, no fue una niña. Fueron 104 criaturas asediadas por las llamas; 49 de ellas murieron en el fuego. Y la imagen es tan terrible, que en colectivo hemos decidido cancelarla. En su lugar se ha construido un antimonumento frente al Palacio de Gobierno en el estado de Sonora, con 25 cruces rosas y 24 azules; en la Ciudad de México existe otro  antimonumento frente a las oficinas del Instituto Mexicano del Seguro Social , además del  recién colocado frente a la Secretaría de Gobernación el 4 de noviembre del 2020 , ante la no solución, a pes...

La vida en una maleta

El mes de abril me ha traído toda la nostalgia soterrada por viajar, así, acumulada y de golpe. La primavera en la Ciudad de México me recuerda el clima predominante en mi natal Sonora, donde solemos pasar algunas vacaciones; también me recuerda un viaje entrañable a Yucatán; y las vacaciones largas que tomamos antes del confinamiento, a cuyo regreso nos prometimos viajar en familia más a menudo. He de reconocer: no soy una mujer de aventuras ni con gusto por los imprevistos. Así que cuando en casa se dijo: “Vámonos de viaje en estas vacaciones navideñas”, en ese 2019 que suena tan remoto, casi me suelto llorando. Tenía ganas de arrebujarme frente a la chimenea, a un lado de mi arbolito de navidad, viendo los adornos navideños —habidos y por haber— suspendidos en toda su cursilería frente a mis ojos. Ese viaje tuvo el esplendor de redescubrir la autonomía y brillo de cada uno. Viajamos un par de jóvenes de 24 y 17 años con muchas ideas renovadas y claras sobre la vida y sus vocaciones;...

Un año de confinamiento: del panqué de plátano al obituario

Cumplo un año de confinamiento radical. Antes de encerrarnos, al ver lo que pasaba en el mundo, hablamos en familia y tomamos la decisión de tener una cuarentena total. Los hijos mayores tomaron la decisión de no encerrarse aquí, con nosotros, sino en sus espacios, y con más laxitud. Al principio había una sensación de novedad. A través de las redes sociales podía asomarme a otros encierros: la gente que hacía panqué de plátano; quienes intentaban huertos en balcones, macetas y jardines; mujeres que rapaban sus cabezas, otras que decidían liberar el verdadero color, textura y devenir de sus cabelleras. Mi pareja se dedicó a rastrear en la ciberesfera la irrupción de los animales salvajes en los espacios urbanos y domésticos. Con el encierro salieron osos, capibaras, mapaches, armadillos, puercoespines, monos, cabras, hasta elefantes y halcones; y era muy divertido verlos en los juegos infantiles de los parques o asomándose hacia el interior de las casas como en un zoológico inverso, en...

El hartazgo tiene apellido: patriarcado

Hace un año, tanto niñas como adultas tomamos el espacio público, privado, virtual, como un golpe final a la mesa. No podíamos soportar ya #NiUnaMás. El feminicidio de la niña Fátima fue ese caso detonador en el que se mezclaron todos los profundos problemas que se conjugan en cada uno de los 11 feminicidios diarios que sufren las mujeres en México: abandono de la niñez de parte de las personas adultas; una salud mental frágil, estigmatizada y agravada en la miseria y por un sistema de salud sin capacidad de atenderla; hombres adultos obsesionados con convertir a las niñas en juguete sexual; un sistema de justicia omiso y negligente que no funciona; las instituciones educativas que tampoco asumen su responsabilidad hacia niñas y niños; la violencia atroz y deshumanizante de una sociedad rota. Eso declaramos: ya no somos capaces de soportar otro feminicidio más; ya no queremos saber de otro asesinato violento más y seguir adelante con nuestras vidas, como si nada, porque simplemente no ...

El año nuevo que nació muerto

Cumplo años el 1 de enero. Cada año ha sido un momento de renovación, de emprender nuevos proyectos y propósitos. Así fue hasta 2021. Lo intenté, que conste.  Pero, ¿cómo asirse al entusiasmo de un nuevo año, si el 2021 parece el largo epílogo de un 2020 moribundo? ¿Cómo emprender un año nuevo en agonía?  El círculo de la enfermedad y la muerte de gente cercana se va ciñendo como una soga alrededor de nuestro cuello. ¿Qué sentido tiene la palabra “nuevo”, “feliz año”, nuevos propósitos, optimismo, entusiasmo, renovación? ¿Qué sentido tiene cualquier cosa que no sea sobrevivir? Y sobrevivir, ¿para qué? La vida, como la hemos vivido, se muestra en su esqueleto más vil y crudo. Continuar trabajando, produciendo, como lo hemos hecho siempre, pero ahora desde la virtualidad, solo nos revela esa maquinaria de producción en que el mundo ha convertido a nuestros cuerpos. Hamsters acríticos corriendo fútilmente en un mismo punto, solo para que una rueda siga en movimiento; una rueda qu...

Reality Zoom: el peligro del narcisismo y la insignificancia en la educación virtual

  “Esto es un  reality Zoom ”, me dijo mi hija de 9 años al terminar una de sus clases en línea. Con mi otra hija de 25 años, recordé aquellos tiempos en los que me preocupó profundamente el efecto de las   selfies   y los   reality shows  en la configuración de su identidad, autoconcepto, socialización. Eran los inicios del 2000, la barra de programas televisivos estaba ocupada por  realities  de celebridades, donde los personajes detrás de la pantalla simulaban atravesar la pantalla para apropiarse de la “vida real”, la normalidad, la cotidianidad, mientras que los espectadores aspiraban a traspasar hacia la pantalla y simular una de esas vidas de  celebrity  o  influencer . Si las celebridades eran como una persona anónima, las personas anónimas podrían ser también como celebridades. Un juego de espejos y de simulaciones que se vieron potenciadas con la llegada de las redes sociales.  La vida empezó a exponerse con la mediat...