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Entradas

Warhol 2012-2024

Llegó siendo una bolita albina, con un pelaje tan suave que parecía lanugo. Mariana decidió llamarle Warhol. Le gustaba estar en las escaleras de entrada a la casa para tomar el sol. Quienes pasaban nunca entendían su nombre y le inventaban otros: pelusa, bolita, motita. Era imposible verlo y seguir de largo. Él nunca llegó para seguir de largo. Llegó en la adolescencia de Mariana para ser esa criatura a quien abrazar en la soledad, en el miedo, el desconcierto, la confusión, el desarraigo. Era un diente de león suave y frágil que se metía abajo de su cama. En esa recámara tan blanca como él. En esa página nueva tan blanca como él. Fue paciente en el año que Mariana que estuvo en el extranjero. Y entonces se convirtió en la mascota de toda la familia. Siempre presto a correr escaleras arriba, escaleras abajo; a girar sobre su eje como un derviche cuando se emocionaba. Nunca se fue de largo. Tampoco cuando se mudó con Mariana a su pequeño departamento en el jardín. Ese fue el r...

Mariana, 29

Si un sueño tuve para ti es este en el que estás, siendo una artista profunda, una voz fuerte, una propuesta honesta y congruente. Un alma libre, que atraviesa su propio camino aunque esté solo y no desbrozado. Un corazón compasivo y amoroso con los seres frágiles. Un espíritu que percibe el misterio de la vida, del universo y sus ciclos ignotos. Una anfitriona que dispone la mesa bella y generosa. Una mujer plena que teje desde el amor. Y te imagino imbatible en los horizontes claros del universo, y también en aquellos llenos de neblina. Te imagino brillando bajo el sol y cuando la luz se eclipsa. Te imagino en paz con esa soledad fecunda que has cultivado, y también en paz con el abrazo que has elegido para contemplar el mundo y recrearlo. Y aunque todo esto sería lo que he soñado, no podría hacerlo. No podría soñar con tanto. No podría tener la lucidez ni la osadía. Pero he tenido en ti una hija lúcida, fuerte, osada, que siempre se ha empujado a sí misma para entregarse a la vida, ...

Cecilia, 13

"Inicia mi adolescencia", nos anunciaste. Y sí, aquí estás con toda ella: con sus preguntas, titubeos, con su riada sin presa alguna, con su belleza latiendo, sus risas incontenibles y sus lágrimas igual de irrefrenables. Llega con una letra bella y desprolija a la vez, con vocaciones más claras. Otro tono de voz, otro tono ante la vida. Más vulnerable quizá, pero más decidida a caminar. Más silenciosa e interna, y más vociferante en sus formas. Me emociona observarte, redescubrirte, tomar tu mano y decir: calma, no hay prisa; calma, nadie fuera de ti te enuncia y determina; calma, calma, hay tanto por descubrir, hay tanto tiempo por delante, tanto aprendizaje en el itinerario, tantos hallazgos y tesoros, aun aquellos disfrazados de ceniza o putrefacción. Calma. Que en tu corazón nadie hable más que tú. Que ante el espejo no hable nadie más que el amor con el que te creamos y trajimos al mundo. Que tu voz interior solo se hable a sí misma con la ternura y admiración con la...

Mariana, 28

Mariana de mi alma, Desde que naciste me pregunté mucho qué sería de ti. Porque esa mirada profunda que parecía venir de otros mundos y otros tiempos, ese llanto intenso y que llenaba la habitación, o esa risa llena de luz y plenitud solo me llevaban a preguntar: ¿qué hará en esta vida? y sobre todo, ¿qué tengo que hacer yo, como su madre, para acompañarla? Desde entonces siempre te he visto llegar a los linderos, ampliar los límites, llevarte a ellos o más allá de sus coordenadas. No como alguien que rompe, sino descubre; no como alguien que se precipita, sino explora. Una especie de cartógrafa del ser. Sin tibiezas ni inmovilismos. Y pienso en lo afortunada que soy de conocer más allá de mis miras miopes gracias a ti, de ser empujada más allá de mis límites por ti. Siempre. Incluso hoy. Nada de medianías contigo, nada de apatía, de pasividad. Aunque sea yo una roca angulosa y pesada, crees en mí como un canto rodado. Y pienso que tu misma búsqueda de expresión, sin límites c...

Ceci, 12

Ceci de mi alma, Cuando leas esto ya tendrás 12 años. Una edad en la que las artes de la magia se convierten en empeño, esfuerzo, sabiduría forjada cada día, conciencia. Y eso te pediré hoy: un poco de magia para que me hagas estar contigo en ste momento, para que me sientas en tu corazón y en tu mente con la claridad con que me ves cada día a las seis de la mañana en la cocina, preparando todo antes de que te vayas a la escuela. Aunque, estando tan modorras, ¿podemos vernos con claridad? Mejor: con la claridad con que me ves cuando regresas de la escuela y me cuentas lo que pasó, mientras la comida termina de prepararse, y el celular suena y suena y suena con mensajes y el trabajo interminable, que tr fastidia un poco. Hay una escritora que dice que de alguna manera las mamás nunca podemos separarnos del todo de nuestras criaturas, porque hemos estado tan unidas una en la otra, desde el inicio de la vida, que es imposible. Y así como el misterio inicia, gestándose en el vientre ...

Fer

Fernando se fue. Como si conociera la puerta clave que une a todos los mundos; como si la trascendencia a otras formas de vida fuera algo tan simple como caminar en la playa. Como si conociera la contraseña secreta que nos es vedada, la puerta que nos es invisible. Un segundo, y él cruzó ese puente que desconocemos. Mi amigo por más de 30 años se fue. Maestro de taichi, naturista, médico alternativo, esposo de una de mis mejores amigas, padre de dos jóvenes extraordinarios que he visto crecer desde el vientre de su madre, amigo presente, hombre de pocas palabras y vastos conocimientos. Un médico que consagraba tiempo a actualizarse, leer, estudiar, investigar. Así iba uniendo conocimientos ancestrales de China, India, indígenas, con nuevas tecnologías y técnicas; aprendizajes sobre el cuerpo, la mente, el espíritu; la ciencia y el chamanismo, la biología y la energía. En su acercamiento a sus pacientes todo eso se mezclaba. Sabía que todo estaba conectado, que todo en el ser v...

Mariana, 27

Una noche me llegó un mensaje de mi hija Mariana: “Te envié el primer corte de mi tesis, por si quieres verlo y comentamos”. Apagué las luces de donde está mi escritorio, y frente a mí, a pantalla completa, tuve su mundo interno en un collage animado: complejo, herido, contundente, lleno de sutilezas y voz potente, oscuro, lúcido. Sus imágenes y palabras tenían mojoneras claras en las que podía reconocer su trayecto de vida, su voz. Pero también me hizo transitar por parajes inéditos, irreconocibles, sorprendentes, en los que de alguna forma me encontré. Vi a una artista y su alma. Vi su arte con una reflexión profunda sobre los lenguajes de los que abreva y con los que transmite. El privilegio de ver una obra en esa pureza se sumó a otro: el que esa artista es mi hija. Mi hija. Y otro más: que mi hija, ese ser humano y esa artista a la que he visto crecer, me invitara a comentar. Desde que vi sus ojos abiertos al nacer, Mariana ha sido esa invitación, a veces suave y a veces exig...

Ceci, 11

Para que Ceci llegara a este planeta se requirieron muchos sí. Sucesivos, aislados. Todos conscientes, abrazados, llenos de un impulso incontenible hacia adelante. Y ella parece esa suma de todos esos sí. Observa la vida a detalle, compasiva de todo lo que existe en ella. Acaricia como si el misterio del universo viniera a decirte que eres alguien significante en ese caos e inmensidad. Agradece siempre, hasta por los pequeños esfuerzos, y aquellos otros que parecen fallidos, como los gatos y letras de colores que hoy intenté pegar en la puerta de la alacena deseándole feliz cumpleaños —no tenían la belleza que ella merece ni la eficacia que la ocasión ameritaba, pero ella me dijo “sé que te esforzaste y que lo hiciste con mucho amor”. Sonríe por las mañanas, cuando se va a dormir, cuando tiene un logro o un yerro, cuando la vida parece adversa y cuando fluye simple o incluso resplandeciente, aunque esté cansada, aunque esté triste, sonríe tan fácilmente, tan luminosa, como un...

La representación del cuerpo perfomático en la danza, antes, durante y después de la pandemia*

  Foto: Gerardo Castillo La danza se había instalado en ese lugar en el que exploraba la mediación con la tecnología, en el que se preguntaba el sentido del cuerpo y el dispositivo, en el que extendía sus tentáculos en la transdisiciplina y la danza expandida, en que interrumpía el movimiento continuo como un acto político y un cuestionamiento al consumo voraz de un sistema capitalista, en el que mutaba de cuerpo ejecutante a cuerpo sintiente y expresivo. Con la llegada de la pandemia y el abrupto confinamiento, todas esas reflexiones desde el cuerpo fueron expulsadas de un campo de la razón, crítica e investigación al espacio del confinamiento, la inmovilización forzada, la mediatización tecnológica como último reducto para la expresión dancística. Antes de que la danza fuera esa disciplina normada bajo los estatutos de belleza dictados por la Real Academia de la Música y Danza en 1661, tuvo vidas muy distintas: formó parte de ceremonias fúnebres, sagradas y profanas; y después de...

Los duelos de migrantes

En  Vuelo nocturno  de Antoine de Saint-Exupéry, el narrador menciona que con cada piloto que muere dentro del grupo de aviadores que vuelan para trazar las rutas aeronáuticas por la zona andina, la memoria de lo compartido también se extingue. ¿Qué sucede con la memoria que no puede compartirse? ¿Qué sucede cuando muere la última persona que compartía contigo esos recuerdos? Muere la posibilidad de recordar. Muere la memoria.  Esta premisa viene a mi mente cuando pienso en mi experiencia como migrante equiparándolo a un duelo. No solo duele alejarse del terruño; duele alejarse de quienes comparten contigo ese terruño, esa experiencia y esa memoria.  Hace once años me mudé del desierto de Sonora a la Ciudad de México, que alguna vez fue lacustre, y que está ceñida en su crecimiento monstruoso entre dos volcanes: el Iztaccíhuatl y el Popocatépetl. Cambié mi tierra yerma con veranos cercanos a los 50ºC por una zona boscosa y lluviosa.  He perdido mi desierto. Sí. ...

Enrique Salgado

Murió Jesús Enrique Salgado Bojórquez. Y vengo a recordar el cariño y admiración que le he profesado, para que el silencio de sus últimos años —por una condición médica— no abone al olvido. Enrique fue empresario, y también un movilizador de ideas, un lazo entre mentes que debían dialogar, un curioso de la historia, cultura, pensamiento, filosofía, un amante del desierto. Siempre pies a tierra. Si se interesaba por el legado del Padre Francisco Eusebio Kino, no solo leía y estudiaba, sino que organizaba cabalgatas para seguir sus rutas en las tierras yermas de Sonora. Si leía la revista Vuelta y con especial interés a Gabriel Zaíd, no solo guardaba la revista en su librero: iba y se sentaba con Gabriel Zaid para hablar e intercambiar. Era un conversador brillante, sin poses ni rebuscamientos, abierto y lleno de sentido del humor. Enrique leía a Góngora, y era capaz de recitarlo con su fuerte acento sonorense. Leía a Teillhard de Chardin, y se preocupaba por su comunidad. En su juventud...

De los pañales al borramiento

Dos veces he sido madre, dos veces he sufrido depresión posparto y en ambas ocasiones desconocí que me estaba sucediendo a mí.  Sí, había síntomas: llantos repentinos y copiosos, sin una razón clara; una especie de adormecimiento mental que me provocaba lagunas en la memoria, en el hilo de la reflexión e incluso para encontrar palabras. Pero ¿es eso depresión posparto?, me preguntaba, y me explicaba convincentemente que era la explosión de hormonas que se detonan para dar a a luz y la otra bomba posterior para generar leche y volver a ser un cuerpo que ya no está en plena gestación. Una de mis depresiones posparto duró un año; la otra, es posible que se haya alargado hasta los cuatro o cinco años de mi pequeña. Por lo general, se habla de este tipo de depresión como una circunstancia encapsulada, con un inicio y una fecha de término; pocas veces he visto que se analice como el posible fertilizante para empeorar las circunstancias adversas que generan más depresión. Según  estu...