16.5.17

[Tiempos violentos y lenguaje]

Entre toda la ignominia que los políticos y gobernantes han desatado para tener a México en este estado de violencia, descomposición, saqueo, está una perversión que va más allá de su colusión con el narco, la corrupción cada vez más desvergonzada y el retroceso en el respeto a las libertades básicas de una democracia, como es el de la libertad de expresión.
Esa perversión no puedo mencionarla con un nombre o etiqueta. Necesitaré algunos párrafos para explicarme.
Los políticos no tienen ni la remota idea de la impronta que sus actos y lenguaje dejan en la sociedad. Los consejeros en comunicación sí saben que con el lenguaje se puede moldear la forma en que una comunidad relata su identidad o sus decisiones; ellos sí saben cómo con el lenguaje se puede orillar a una población a inferir lo que los políticos desean.
Lo que no saben es que esas inferencias y narrativas no son sólo coyunturales, y dejan una huella en la identidad a largo plazo.
Así, a medida que se han ido degradando las campañas políticas a campañas negras o falsas en las plataformas digitales, así se ha ido descomponiendo la sociedad: dividida, asqueada, crispada, desconfiada, harta, cínica, cerrada al diálogo, intolerante, agresiva.
Lo vi claramente en Sonora. Amigos que han trabajado con éxito en estrategias de seguridad para ciudades con alto conflicto, me decían: Esto nunca pasará en Sonora, porque hay mucha cohesión social. Y pasó. La sociedad se resquebrajó con una estrategia de comunicación equivocada (época de Padrés) que contrapuso al norte contra el sur y viceversa, en el proyecto de agua. Aquello se convirtió en una guerra: por el agua, por las micro regiones dentro de la entidad, y despertó todas esas rivalidades que hasta entonces se mantenían en chistes de bajo impacto entre el norte y el sur de Sonora.
La actual gobernadora, durante su campaña, en lugar de buscar la cohesión, la reconciliación, utilizó este encono para ganar la elección. Lo hizo pero el costo ha sido altísimo. Hoy Sonora está sumido en un grado de descomposición social que un día ha despertado en forma de un estado sin ley, ciudades sin ley.
Junto a Claudia Pavlovich llegó el oscuro Beltrones y con él una turba de jóvenes políticos advenedizos, que fueron puestos ahí para repartir a Sonora y sus recursos como si fueran negocios o el botín entre asaltantes.
La descomposición social existe. Y hay criminales que deben ser ajusticiados. Eso es muy diferente a la narrativa que están moldeando las autoridades estatales y locales: "la gobernadora y el alcalde no tienen la culpa de que la gente sea mala y que esté saliendo con machetes y armas de alto poder a matar a las calles; pobres gobernantes, son rehenes de una sociedad mala y criminal".
Es indignante y reprobable ver este discurso. Autoridades diciendo: Mataron a mengano, pero mañana sabrán la clase de fichita que era, otro criminal asesinado para hacer la limpia que Sonora necesita.
Es indignante y nauseabundo que mientras periodistas comprometidos mueren por hacer su labor, otros, bajo previo pago, repitan las líneas discursivas que los políticos les dictan: gente mala, gobernantes inocentes.
Y es muy peligroso lo que este discurso despierta. Además de la idea de la justicia por propia mano, la idea de que esta descomposición se debe a la llegada de gente "fea de fuera", "gente mala de quien sabe dónde". La xenofobia, siempre latente entre los sonorenses, puede entonces adquirir este discurso empoderado por las autoridades alcahuetas, que tienen una coartada para seguir indiferentes y omisos ante tanta violencia.
Las autoridades deben trazar una estrategia con metodología clara para enfrentar este estado de descomposición y violencia. Las autoridades deben prevenir el delito. Y cuando alguien es víctima de un delito, este delito se debe perseguir seas quien seas.
Hoy hablo de Sonora, pero esto se reproduce en todos los estados, en ciudades que eran tranquilas, como Ensenada. Porque los políticos no sólo se han pervertido, sino que están pervirtiendo todo con su lenguaje, ambición, falta de ética e impunidad.





3.5.17

5. Laboratorio creativo

En días pasados, dos miembros de la familia tuvieron una semana clave. Mariana tuvo el rodaje de su corto para Ficción I (CUEC) y Jaime terminó de preparar su pieza para la Exposición Arte y Naturaleza en Chapultepec.
La casa se convirtió en una incubadora de proyectos, en un laboratorio creativo, en una empresa cultural, en un ir y venir de frenesí creativo y agotamiento mental.
A mí me tocó jugar de testigo y productora. Con Mariana me encargué del catering y algunos temas de producción; con Jaime me limité a ayudar en la producción de goma de nopal.
Verlos a ambos en sus procesos tuvo una impronta en mí. Me hizo pensar en el privilegio de compartir la vida con personas creativas, perfeccionistas, minuciosas, que saben tan bien trabajar en equipo, que son generosos con sus colegas.
Con Mariana pude revisar y opinar sobre su maqueta una tarde antes del último día de rodaje; con Jaime tuve la oportunidad de acompañarlo en la inauguración.
Ahí mismo observé a Ceci hacer una composición con piedras, troncos e hilos.  Y vi a Mateo con su cámara fotografiando las obras de la exposición.
Vivo rodeada de personas extraordinariamente creativas, vivo rodeada de libros de arte y literatura, vivo rodeada de ventanales a un jardín, vivo rodeada de seres que cobran vida propia en mi imaginación.
Ese regalo que me dieron ellos con sus propios procesos creativos, encuentra en mí una última forma de retribución: ofrecer mi propio proceso creativo a esta familia. Así que anoche tomé la decisión de aprovechar mi nueva libertad para escribir por las mañanas. Como debe ser. Como debe ser en una escritora que se asume como tal.