29.3.12

Lluvia


Antes tenía una sensación cuando llovía: afuera estaba el riesgo, la intemperie, la frialdad, el desamparo, el riesgo; y bajo el techo de mi casa tenía la seguridad, la tibieza, la compañía. Me gustaba que lloviera y ver por el enorme ventanal de casa y sentirme así, entre la vulnerabilidad propia y solitaria y la fortaleza de mi entorno.

De repente esto cambió. Tuve una experiencia algo traumática durante una lluvia muy intensa, y me di cuenta que aún dentro de casa podía estar en riesgo, podía ser vulnerable, podía estar insegura y amenazada.

Cuando me mudé a esta ciudad, en la que tan frecuentemente llueve, esa sensación de vulnerabilidad persistía. La lluvia me despertaba de noche con miedo a volver a vivir el riesgo, la inseguridad, la amenaza.

Ayer estuvo lloviendo con cierta consistencia e intensidad. Tomé a mi bebé en los brazos, nos asomamos por la ventana. Y ahí estuvimos, ante esa luz mate, que saca la belleza discreta de los colores; viendo las copas de los árboles empapados; escuchando el agua escurridiza, firme.

Y me di cuenta que el miedo se ha disipado. No sé si porque no es ahora la casa la que me protege, sino yo la casa que protege; no sé si es porque los recuerdos amenazantes han quedado diluidos en estas otras lluvias; no sé si porque, sobre cualquier miedo, vale la pena mirar la vida, enseñarle a mi bebé a verla, redescubrirla a través de ella.

23.3.12

Materia y forma

El puente pasado me propuse trabajar intensamente en la novela. Y disfrutar -también intensamente- a mi familia.

El puente me encontró con parte de la novela destripada, metiendo la mano para buscar "forma", para reflexionar sobre la forma. Un puente que parecía no llevarme a ninguna parte. Un puente insalvable. Tomamos carreola, coche, niñas y nos fuimos al Museo Franz Mayer. Ahí encontré la luz de esta frase:

"El bien de la materia es la forma. Si la materia siente, ama la forma".
Plotino, Enéadas VI-7, 25

Una historia que requiere agilidad, fluidez, y sólo complejidad en la trama de sus personajes y acontecimientos, deberá ser contada así, con una materia que siente: personajes vívidos y complejos, acontecimientos significativos y desafiantes, relaciones ambiguas y oscuras. Si lo logro, la forma será amada. La forma estará presente en ello.

19.3.12

Salamanca




Luis Alberto fue mi amigo inseparable mientras estudiábamos en la Universidad Pontificia de Salamanca. Esta amistad estaba aderezada por varios ingredientes excepcionales: dos sonorenses estudiando en España y ambos inscritos en la carrera de Teología. Estos hechos no podían más que unirnos en una amistad solidaria de sobrevivencia y complicidad.

Gracias a Luis Alberto tuve fotocopias de apuntes perfectamente tomados: a detalle, con buena letra, con orden. Gracias a Luis Alberto las clases de latín se convirtieron en el momento más divertido del día. Bueno, también debo darles crédito a nuestros amigos zamoranos, un trío de seminaristas con quienes hicimos una amistad profunda, fraterna y muy divertida.

¿Pero a dónde voy? Han pasado muchos años, una docena quizá. Sé que mis amigos se ordenaron. A Luis lo he visto uno que otro verano en Hermosillo. Nos escribimos ocasionalmente. Yo le envío fotos de mis hijas, él me envía sus homilías.

El domingo he recibido un correo de él: "¿Recuerdas este sitio?", era el asunto. Lo abro y ahí está la monumental Salamanca que caminamos juntos buscando un bar, fotocopias baratas, alguna biblioteca. Ahí están él, Alberto y Rafa, el hermosillense que ahora es cura en Andalucía, y los dos zamoranos que también se han ordenado.

Las fotos han sido tomadas con móvil, por eso su baja resolución. O será porque así se vería Salamanca con mis ojos empañados, conmovidos, nostálgicos. ¡Qué ganas de volver!

16.3.12

La gracia también se lee con gracia

Dos autores que me interesan: Gustavo Martín Garzo y Flannery O'Connor (¡oh, ella!). Y un tema que me ahonda: la gracia.

Tan disfrutable esa lectura una tarde de viernes, en que no tengo cerebro para trabajar, pero sí para divagar y explorar, mientras escucho una lista de reproducción que mi hija Mariana me compartió.

15.3.12

Hay algo que odio

Y es la inercia del lenguaje. Que se genere con esa indolencia que nada sacude ni dice ni cuestiona ni goza.

Y cuando ese miedo me empieza a carcomer, me gusta ir a Reinaldo Arenas, me gusta ese lenguaje que fluye con vida propia, como autogenerado, pero que no es inercial ni inerte, sino poderoso, lúdico.

Leo El portero (Tusquets), porque además de que es Reinaldo Arenas, me interesa cómo transita de uno a otro personaje con permanencia y significancia, a pesar de su fugacidad.

13.3.12

Pues...


he llegado a ese punto donde es necesario imprimir lo que llevo de novela. Muchos arbolitos. Para ser exactos: quince años de un árbol para producir media caja de papel. Ni modo. Me siento con una baraja en la mano, sin poder ver todas las cartas ni poder manipularlas, ni meter esta aquí y mover aquella allá; me siento ya sin claridad sobre la dosificación de personajes, de intrigas, de anzuelos.

Necesito el objeto: el montón de hojas en mis manos. Y leerlas en papel y rayar por todas partes lo que veo y no veo, lo que quiero y no quiero. Ni modo: los 15 años de un arbolito.


9.3.12

Cupcakes


Lo malo de tener una mamá que escribe y no hornea.

Lo bueno de tener una hija que hornea... y escribe y pinta y toca el piano y...

Lo bueno de tener una hija así.