29.1.15

Lo mejor de dos mundos



Estoy leyendo Buenas tardes a las cosas de aquí abajo de António Lobo Antunes. Tiene ese torrente indomable del lenguaje, que llega roto, bruto, caudaloso, musical, un poco como Reinaldo Arenas. Pero esto es otro, en Lobo Antunes es otro: tiene a la vez esa racionalidad y contención y reflexión y esa tensión de lo más compacta que posee la literatura europea. Tengo lo mejor de dos mundos.


26.1.15

Sobre el Silencio III



Con el proceso de lenguaje de Cecilia, me queda más claro: el lenguaje es la argamasa del pensamiento, es su esqueleto, las coyunturas entre ideas, el cartílago que permite su convivencia y movimiento. Sin lenguaje el pensamiento se queda pequeño, maltrecho, malavenido.
En este tiempo de silencio no generé ideas. Sólo acciones, rutinas, métodos. Viví, sí, ¡y cuánto! Espero que ahora el lenguaje vertebre toda esa vida.  

*Fotografía: Masahisa Fukase




23.1.15

Pues sí, aquí hay favoritismo

Jaime-mi-favorito me acaba de compartir a un nuevo uno-de-mis-favoritos: Benjamin Clementine. Si quieren saber un poco más de él, esta entrevista será buen complemento de su música.




22.1.15

Es oficial

Hoy arranqué un taller de novela. Un asunto amistoso. De complicidad. Crecimiento. Contenta. Muy.


21.1.15

Karla Montalvo & me



Creo que esta es la única foto de nosotras. Nuestra amistad se puede encontrar en correos y recuerdos de nuestros encuentros del Fonca, en los que compartíamos habitación, chistes locales, esfuerzos, sueños, pasados glosados y futuros en bocetos, caminatas, desveladas, amistades.
Ese registro amistoso se suspendió un poco, paradójicamente, a mi llegada aquí al DF. Yo sólo puedo decir que me concentré en sobrevivir a todos los cambios que hice en mi vida.
Ayer nos vimos las dos a solas (perdón, Santi, permíteme esta licencia literaria) y charlamos horas y horas. Faltaron muchos temas. Pero este es el inicio de muchos encuentros más. Fue una promesa.

17.1.15

Sobre el Silencio II



Hubo un tiempo en que también hubo silencio (mi adolescencia). Hubo agorafobia (mi adolescencia y recaídas eventuales). Y el lenguaje quedó adentro, debajo, muy debajo. Ahí podía leer, pensar, incluso escribir; pero no hablar. Para hacerlo tenía que pasar mil capas y filtros, y no siempre el proceso se libraba con éxito.
En este silencio después de mis 40 años, el lenguaje se diluyó. O se enterró tan profundamente que ni siquiera podía ver las palabras al fondo del pozo para meter la mano y atraerlas. No había palabras. No había lenguaje. No había decir.
Un día entenderé exactamente qué sucedió.

*Obra plástica de Maho Maeda

13.1.15

Sobre el Silencio I



Durante este tiempo de silencio, ni siquiera podía leer lo escrito. Ni siquiera podía recordar en qué carpeta dentro de qué carpeta dentro de qué otra carpeta estaban mis proyectos inéditos.
Cuando una quiere o necesita o no tiene más salida que el silencio, la mente se encarga de poner sus tapias. A veces son celosías que dejan ver entre resquicios. No esta vez: era un muro impenetrable para que el agotamiento ni siquiera intentara darse de topes contra la pared.
En el silencio hay también algo de ceguera.
(imagen: obra de Chiharu Shiota, artista japonesa)

9.1.15

La Gopegui

"Escribir y leer son un acto imaginativo: transformas una emoción en imaginación a través de la conciencia."
Belén Gopegui, en entrevista

7.1.15

El nudo en una biblioteca


La vida es esta red de lazos invisibles que se tejen y son a veces abrigo, a veces base y sostén.
Mariana está estudiando en Barcelona.
Ana, nuestra querida Ana, anda de vacaciones en esa Catalunya tan de ellos.
Mariana y Ana se encuentran en la Biblioteca de Gavà.
La Biblioteca Pública de Gavà lleva el nombre de Josep Soler Vidal.
Josep Soler Vidal: l'avi de Ana, el besavi de Cecilia (la hermana pequeña de Mariana).

6.1.15

Nervios en la víspera

Acabo de acostar a la pequeña Cecilia. Y ahora tengo una bola en el estómago. Mañana vuelve a clases pero inicia en Preescolar. Ya no en Maternal. En lenguaje Montessori, Cecilia pasó a Casa de Niños, ya no irá a Comunidad Infantil. Y eso significa: Ya no llevará mochila, ya no llevará un cambio diario, ya no tendrá una cajita con objetos personales en su salón, ya no tendrá ahí una foto familiar.

Antes era de las mayores de su grupo. Ahora será de las más pequeñas.

Y lo que esta noche me quitará el sueño es pensar cómo la voy a convencer de que no tendrá que llevar su objeto más preciado y del que tanto se jacta: su mochila de catarina.

¡Qué angustias nos hacen pasar los hijos!


3.1.15

La mirada de los padres cuando sus hijos empiezan a envejecer

Ya había hablado aquí del libro Conversaciones con António Lobo Antunes. Me había faltado leer la entrevista con sus padres. Lo había dejado pendiente porque necesitaba seguir en el mood y reflexión de su lectura.
Y la leí y me maravilló ver esa mirada de los padres muy ancianos sobre sus hijos ya viejos. Es de distancia, dudas, silencios, pero es una mirada constante. Como si los padres nunca dejaran de ver a sus hijos a pesar de la lejanía que coloca la adultez. Es triste verlo y a la vez alentador. Supongo que llega un momento en que los hijos son otra cosa de lo que logramos, que se han hecho a sí mismos durante más tiempo que el que dedicamos a la crianza. Los hijos tienen sus decepciones, desventuras, se van haciendo más amargos o desencantados, o más armoniosos y equilibrados... Pero eso lo logran al margen de los padres. Y aunque podría ser una sensación liberadora, en esa conversación con los padres de Lobo Antunes vi tristeza, preocupación, una dolorosa distancia, que no es lejanía, sino la mirada constante pero a lo lejos, incluso muy lejos.
Pienso en mi padre. He llegado a los 44 años; he pasado más tiempo de mi vida al margen de la formación parental. Y cuando hablamos a veces percibo esa mirada de él: extrañeza ante lo que soy (¿de dónde salió esto tan diferente a mí?, pareciera preguntarse), también orgullo; pero hay mucho de silencio, distancia, desconocimiento, incomprensión. Y sin embargo una mirada amorosa, benevolente, y sobre todo constante.


1.1.15

44



Quizá no sea la mejor manera de iniciar el año y llegar a una nueva edad, pero esta foto me ha hecho sentir nostalgia. Este grupo de amigos me dieron celebraciones cumpleañeras tan lindas, que me ha costado encontrar una forma de seguir celebrando.
Gracias, amigos, por esa hermosa década: Wendy, Martha Cadena y Martha Germán, Betty Gómez, Cuco, Luigy, Edith... Y quienes solían sumarse: René, Eli, Betty Limón, Manuel Llanes...