15.12.05

11. ¡Lo tengo!

Ya sé cómo explicar el hallazgo que fue esta historia paralela sobre el desarrollo agrario en el Valle del Yaqui.

Antes de la investigación completa: Es como si hubiera querido tomar una foto a gente, con el paisaje de fondo desenfocado.

Ahora: la novela es como tener la foto de la gente y su vivencia en ese paisaje, una foto enfocada en el todo, en el sujeto y su contexto, con la misma claridad e importancia.

A este regocijo se suma otro: las personas, las lecturas, los acontecimientos se muestran ante uno, el creador, como estelas de humo después de un acto de magia. Por todas partes me encuentro gente que de una u otra manera tiene que ver con mi novela de pilotos agrícolas: personas que han sido parte de los ejidos, pilotos, vendedores de insumos -fertilizantes e insecticidas-, y hasta la sombra de personas que confirman mi teoría de cómo acabaron muchos pilotos tras la crisis de los 80:¡trabajando como burros para los narcos!

12.12.05

10. Otra historia en el subsuelo

He tenido que hacer un alto. Leyendo sobre el desarrollo agrario en Sonora, especialmente en el Valle del Yaqui, veo que en ello existe una historia paralela con tensiones, traiciones, esperanzas, ambiciones, injusticias, latiendo en el subsuelo, fertilizando la narración.

Aunque ese panorama iba a ser un paisaje de fondo, ahora me parece que es tan importante como un contrapunteo con la vida de cada uno de los tres personajes principales.

No quiero hacer una novela histórica. Pero los personajes serán hijos de su época; sus éxitos y fracasos serán el legado de las políticas agrarias en décadas determinantes: de los 50 a los 80.

Ejidos, caudillos, expropiaciones, matanzas, marginación, tecnologías, corrupción, control gubernamental, caciques, tierras ensalitradas, abuso de pesticidas y, como manto mítico, la revolución verde.

2.12.05

9. Historia y el veneno del motor

Ayer tuve dos entrevistas alrededor de la novela: Nohemí, una historiadora, a quien consulté sobre el movimiento agrarista que se dio en los 70, muy ligada a la revolución verde, a las expropiaciones de Echeverría. Y mi hermano Roque, quien administró la empresa de mi padre desde muy joven, y me dio un panorama completísimo. Desde la logística de los piperos, de los pilotos, de los técnicos, funcionarios y autoridades que intervienen directamente e indirectamente en el proceso de fumigación. También me habló desde su experiencia personal, haber estado en ese mundo de pilotos, pero trabajando en tierra.

La primera experiencia que me marcó en relación a los aviones, fue escuchar el estruendo del motor de un avión volando cerca. Yo no lo veía. Pero ese rugido en el cielo se me quedó atrapado como un fantasma en el pecho. Cuando mi hermano hablaba ayer de las emociones a las que te enfrentas en el mundo de la aviación, se conmovió al narrarme la sensación cuando antes del amanecer se encendían simultáneamente los motores de los 6 aviones y el fragor unísono era una sacudida al cuerpo.

Me llamó la atención la sensibilidad de mi hermano para percibir esto y eso que llamó “el mito del piloto”, que está muy presente en mi proyecto de novela: poner a los pilotos como seres superiores por su riesgo de muerte constante, por su habilidad para “elevarse” sobre la tierra. Son cuestiones muy sutiles que él me las explicó con una lucidez que me impactó.

Confirmo la importancia del inicio de la novela, describiendo esta sensación de escuchar el motor del avión, y empezar a identificar el olor de veneno, quw te intoxica el alma de tal manera que te emociona tanto como ver a un avión planeando en el cielo, y reafirmo la necesidad de reforzar este fragmento, tal como me lo han recomendado.