29.5.07

Manu, Javo, Joso, Letty

Después de una junta de trabajo de casi cinco horas, el sábado pasado tuve la sesión de taller en mi casa.

Durante cuatro horas comimos pizzas, bebimos cerveza, comimos naranjas en gajos con limón y chile, tomamos café lodosito, veracruzano (claro, de la Parroquia; todavía me queda del último encuentro del fonca), y escuchamos a Lhasa y Leonard Cohen.

Me sentí emocionada de contar con un taller así:

Cada uno de nosotros tenemos proyectos y un camino muy distinto, pero disciplina y ahínco para llevarlo a la siguiente mojonera.

Cada uno tenemos visiones tan distintas e irreconciliables de la literatura, que da para muchas sesiones de discusiones, desacuerdos, polémicas, reflexiones.

Somos, además de todo, amigos que podemos reír, chotearnos, intercambiar libros, compartir vida, quedar de jugar billar pronto, extrañar la presencia de nuestras parejas entre nosotros.

Y de repente, estando entre ellos, recordé ese tiempo en que alrededor mío nadie hablaba de literatura; cuando no tenía cerca amigos que escribieran; o los momentos cuando yo misma estaba en ese silencio en que era incapaz de articular palabra alguna.

Esto es lo que quería, me digo, esto es lo que más quería.

25.5.07

La presentación de una fugitiva

¿Por qué te saliste de Letras?, me preguntaron los estudiantes que fueron a la presentación de la novela en la Universidad de Sonora el día de ayer.

Uuuuy, remontarme a mi 1989, a mi agorafobia de entonces, a mi abrazo irrestricto a la vocación, a mi dejar todo y partir a Hermosillo, a mis bostezos en Letras, a mi decepción ante la ortografía en aulas universitarias, a mi desconsuelo por compañeras que querían cambiarse a Agronomía porque ahí sí estaban guapos, a mis inquietudes fuera de la universidad, de un taller a una revista, de la revista a un suplemento de la localidad y a muchos amigos que escribían fuera de la academia, a mi necesidad de trabajar y sostenerme por mí misma, a días levantándome a las 4 am para leer todo lo que la universidad no me daría ya, a escribir todas las mañanas ese pequeño poemario (Cuenta regresiva), a borrar y hacer apuntes y apuntes, y sí, también a noviar.

Quise escribir. Escribo. A veces quisiera volver. Nunca puedo. A veces no necesito. A veces me arrepiento. Otras agradezco. Mis maestros siempre han estado fuera. Sólo uno adentro, ese que nunca me dio clases, pero siempre ha aceptado mis borradores y me ha tratado con un respeto que no merecía en tal medida una mocosa veinteañera. Con una expectativa que a veces temo no alcanzar, pero que no importa, porque escribo, porque puedo pasar una mañana en su cubículo platicando, aprendiendo, riendo, escuchando, bebiendo dosis de humildad, esa que tanta falta hace para escribir mejor.

Sólo un maestro dentro de Letras, por el que valdría la pena regresar, por el que me queda claro que vale la pena seguir escribiendo, afuera. César. César Avilés.

22.5.07

Poemas certificados ISO9001

¿Recuerdan esa editorial certificada ISO9001 que me hizo llenar un formato de calidad cuando fui a dejar el manuscrito de mi poemario Llama?

Pues de verdad que son eficientes. A casa llegó puntualmente mi manuscrito de regreso con una carta machote: Lo sentimos, pero Llama no se apega a las políticas editoriales de esta casa, etc.

No se siente tan feo recibir una carta de rechazo después de que la editorial que uno prefería ha dado un dictamen positivo. Hay de desaires a desaires.

Pero lo que me queda claro es que el ISO9001 ¡sí funciona!

Y como no sólo de rechazos y aceptaciones y regalías vive uno, sino de toda palabra publicada por aquí y por allá, les comparto el link en Homines, donde flotan algunos poemas de Hordas.

18.5.07

Regresar a casa siempre sabe bien: ver mi árbol enorme, mis bugambilias, los lirios, luego escuchar el alboroto de Rabito que se alegra de la llegada de sus mujeres.

Ay, qué bien sabe.

Pero llegar a casa y encontrar un sobre de diseño muy acá, muy monárquico, con el membrete de mi editorial, y dentro del sobre una carta con toda la formalidad ibérica, datos escuetos sobre cifras, leyes, porcentajes, contratos, y leer que tengo a mi disposición mis primeras regalías por ventas de Duelo de noche en el 2006, tasadas en euros...

Sabe muy muy bien. Sí, mucho muy bien.

16.5.07

Encaminada

Este camino empezó en una cocina blanca.
O nunca se sabe dónde exactamente.
Un día (o ni siquiera día, sino en algún momento suspendido en el limbo) me pinchó la idea: quiero romper la linealidad de la novela.
Empecé a caminar en su cocina blanca.
A responder sus preguntas.
A colocar mojoneras en sus advertencias.

A pensar a todas horas en ello (en perjuicio de mi hija presadolescente, que en esos momentos parece tener más juicio que yo y otras parece que lo pierde, sobre todo cuando me grita: “Mamá, no escuchas lo que te estoy diciendo, a ver ¿qué te estaba diciendo?" Y utiliza mis propias técnicas de judicial cuando le pregunto los cuestionarios de historia en época de exámenes).

A seguir un camino propio: lectura de profetas, esquemas sobre el formato de sus respectivas profecías, elementos estilísticos.

Hasta encontrar el camino:
Algunos momentos del presente narrativo son una especie de profecía, prefiguración.
Esos mismos fragmentos son recreados ya en el futuro que se mezcla con ese presente.

Sólo Daniel salta en el tiempo.
Pedro es sólo presente (algunos flashbacks).
Y Gabriel es presente hasta un punto, luego salta al pasado.

Ahora sí podré decirle a mi hija: No sé de qué me has hablado durante todo este tiempo, pero he encontrado el camino.

Y podré decirle a él: Bien, si quieres pintar tu cocina naranja, no importa, para mí siempre será esa cocina blanca donde empecé mi camino.

14.5.07

Montoneros

Sólo un quinteto de obsesionados se reúne el domingo al anochecer para tener la primera sesión de taller de novela.

Esos mismos cinco que hace años empezaron a tallerearse y a amistarse.

Esos mismos cinco que antes traían cuentos y poemas y hoy llegan con sus proyectos de novela con ojos azorados: ¿Así? ¿Sigo derecho o me quito?

Sólo un par de solidarias se unen al grupo con sus sonrisas y comentarios agudos y chispeantes: mi hija Mariana y Aurora (tan nuestra querida como de Manuel).

Joso, Javo, Letty, Manu, yo. Ya publicaciones, ya becas, ya premios, el grupo y cada uno de los que somos parte seguimos mostrando nuestras palabras con el mismo pudor, pero eso sí: un pudor más ambicioso y más templado.

Tocó a Manuel con Perrolobo. Luego desahogué mis inquietudes, confusiones, inseguridades sobre mi novela y los planos temporales. No entendí sus miradas hasta que me dijeron: No hay otra manera de resolverlo que escribiéndolo. Claro, rió Luis desde sus manos libres, listo para cruzar la línea.

Esta noche me apresto a cruzar esa línea, del blanco al garabato. De la palabra herida a su búsqueda de sanación.

Al cabo que hay suficientes montoneros a mi alrededor echando porras y empujando cuando freno.

8.5.07

Un Cubo de Rubik en el Wok

De la editorial me han dicho que puedo recorrer la fecha de entrega de la novela, si así lo requiero.

Creo que sí. Tengo una novela alineadita, como un Cubo de Rubik, con sus colores monocromáticos de cada lado. Pero me tienta romper ese orden. Siento que los personajes lo requieren.

Pilotos subyugados por su pasión por la aventura y el riesgo; o por su conciencia de vivir al límite de la muerte, no pueden revelarse en esa linealidad perfecta al lector.

¿Pero cómo cuadrarla? ¿Cómo armonizarla? ¿Cómo sacudirla y conservar la unidad? ¿Cómo inyectarle caos para clarificarla ante el lector?

Esos colores giraron con cierta locura en la cocina blanca de Luis este fin de semana.

Él cocinando. Yo hablando. Mezclando como él en el Wok posibilidades, motivaciones, experimentando cómo huelen unos ingredientes junto a otros.

Él tiene la receta. Así que vierte los elementos en el orden adecuado, aunque no parezca lógico. Y me dice acerca de mis mezclas: cuidado con el manejo de la muerte, cuidado con que el narrador focalizado en el personaje revele motivaciones que quieres dejar abiertas, cuidado con agotar demasiado pronto el recurso.

Sigo pensando en voz alta, dando pasos en la cocina blanca. Y de repente la cocina se impregna de un olor delicioso que une a todos los ingredientes en algo que ya no es calabacita, castañas orientales, ajo, pollo, sino ese platillo de cocina china que tiene un nombre concreto. Me fijo y veo una botella de vino de jerez sobre la cubierta. El toque.

Sobre los ingredientes y su orden, el toque que une todo.

El toque. Eso es lo que necesito.

2.5.07

Un paso adelante, un paso atrás

¿Es avance?
Ya no sólo escucho las historias de mis tres personajes principales de mi novela, sino que los escucho hablar a ellos: Gabriel retorcido, irónico; Pedro escueto, elemental; Daniel reflexivo, lírico, complejo.

¿Es retroceso?
No sólo la novela parlotea en mi mente, sino también un proyecto de poesía que me tomará mucho tiempo. Yo, que pienso en el tiempo en bloques, me debato: ¿leeré entre horas, entre faena y faena, lo que investigue para el proyecto poético?, ¿sigo dedicando mis noches a la novela?, ¿y que esos “prontos”, esos momentos conscientes, lúcidos me sigan pillando con libreta en mano para escribir los poemas?

¿Es avance?
Tengo ya rayada la escaleta, tengo diagramados los cambios en la historia. Tengo claro el propósito de la novela y sus personajes. Sé lo que me sirve para la historia y lo que no me sirve. Creo que los personajes transitarán más fluidamente hacia su final.

¿Es retroceso?
No le dedico todo mi imaginario al proyecto poético. La poesía en mi vida es la muchacha de vestido rojo y largo cabello negro que reposa en el lejano Japón, a la que que Hervé Joncour de Seda (Alessandro Baricco) encuentra silenciosa, bella, anhelada; una fugaz caricia de seda que amenaza con escapar a las palabras. La narrativa es Helene, la esposa de Joncour, constante, de bella voz, conversadora, y que a veces finge ser esa otra para curar la nostalgia del esposo.

Avances y retrocesos
Significa el camino más largo. Quien escribe lo emprende, a sabiendas de antemano. Avances y retrocesos ante la nostalgia de la palabra inasible, y la cura de otras palabras que nos juran lealtad a pesar de nuestros artificios y omisiones.