31.1.11

En la mira





Para mi próximo viaje al DF: Karada, de Michitaró Tada, recomendación que me hizo un/a lector/a.

El libro está editado por Adriana Hidalgo Editora, que publica libros realmente exquisitos, desde el contenido hasta el cuidado de edición.

Cruzo dedos para tener suerte, o echo mano de algunos Omamoris.


29.1.11

Tenemos portada


Ya la vi. Ya me emocioné. Ya le conté a él, ya me dijo que celebraríamos pronto. Ya me fui a festejar con mis amigos de oficina. Ya la vio Mariana. Ya estamos listos. Pero todavía permanecerá en incógnita.

26.1.11

Damas y Caballeros

Tenemos novela. Ya. Cada coma, cada punto y coma, cada letra, cada idea, cada personaje, cada historia donde debe estar, según los ojos de editores y equipo editorial y autora.

Un proceso apasionante.

Ahora a diseño. Y yo a soltar nervios ¡y a dormir!, para retomar las fuerzas que necesitaré para lo que viene.

24.1.11

Fragilidad


Los nervios de la recta final. La tensión de los últimos detalles. La presión del tiempo. Me piden nombre para el capítulo del accidente. No lo tengo. Pero sí tengo esta noticia, este imagen siempre perturbadora: la enorme máquina triturada, demostrando la fragilidad del papel y de la tela.

Frontera entre domingo y lunes

Mis editores ya tienen mis revisiones finales.

Yo tengo la espalda hecha nudos, mis manos tullidas, mi cabeza adolorida, mis ojos rojos, la adrenalina a todo lo que da.

Me han acompañado a estas intensas faenas de fin de semana: Marissa Nadler, Lhasa, Beirut, una estación radiofónica de coros en itunes; Mariana con sus ojos enormes y vivaces que viene a cruzar algunas palabras conmigo y a preguntarme cómo va todo; y él, que me hace sonreír, que me despeja, que me da confianza y tibieza.

22.1.11

Sábado

La comida ha sido un buen descanso en la labor de este día: revisar la última versión de autor, antes de que la novela se vaya a maqueta.

Me gusta trabajar con calendario.

21.1.11

Truene o llueva

4 de febrero: entra la novela a imprenta. Eso me dice la editorial.

19.1.11

Volver a las andadas

Estaba en la oficina. El agotamiento, la presión iban ampliando lagunas blancas en la mente, en el tiempo. Hasta que todo se disolvió por un segundo en el blanco, y al volver en mí vi una mano sobre el teclado. Tenía un aspecto mórbido en su posición abandonada. Sin color la piel pero las uñas eran de color escarlata.

Con mi mano izquierda (¿por qué la izquierda?) tomé la mano cercenada para moverla. Era mi mano. Me di cuenta.

La imagen de mi mano izquierda sosteniendo por la muñeca a una mano inerte, no me abandona. Pero me ha hecho escribir algo.

17.1.11

Esta noche, siempre

Él trabaja en cama. Compu en piernas. Yo leo a Murasaki Shikibu. A su lado. Aunque él esté allá o yo aquí. En nostre bosc siempre hay un mismo jardín, una misma mesa, una misma ventana, una misma cama.

16.1.11

Últimos

Estoy trabajando a tope junto con mi nueva editorial para que la novela esté lista.

He andado estresada, ausente, me han multado dos veces (tenía años sin una multa), la presión empieza a dejar secuelas en mi organismo y su funcionamiento.

Pero estoy feliz. Feliz de aprender, de retarme. Feliz de contar con la comprensión de una hija que se ha buscado qué hacer mientras muevo, quito, reescribo, rayo; que ha ignorado mis olvidos y distracciones y descuidos y que, sobre todo, me ha perdonado la mala cocina de estos días.

Feliz de contar con el apoyo de él, de Jaime, que cree en mi novela, en mí, y es en quien mejor acomodo mi alma y mi mente y mis palabras.

Ahora, con permiso, me tomaré un tequilita con su sangrita. Y me sentaré a ver los Golden Globe para distraer la cabeza, antes de dar la última lectura... por hoy.

15.1.11

Perder el nombre

Mi casa era la del arbolote. Mariana era la niña que vivía en la casa del arbolote y que nunca salía. Cuando daba señales para llegar a mi casa decía: "Entras derecho por la cerrada y la casa con la que topas, la del arbolote, esa es la mía".

Las visitas se admiraban de mi arbolote y de su olor. Las vecinas venían por brazos y brotes para sembrar en sus casas (varios crecen, pero ninguno como llegó a crecer el mío).

Una madrugada una camioneta tipo Van dio reversa a toda velocidad y se estrelló contra mi árbol. Si mi árbol no lo hubiera contenido, tal vez se hubiera estrellado contra mi casa. Sobre el jardín quedaron vidrios de varias ventanas de la camioneta, triturados pero adheridos a la película del polarizado. También la placa del carro.

A mi árbol le desprendió toda la corteza. Y él, mi constant gardener y que tanto sabe de árboles, me dijo que quitarle la corteza a un árbol es quitarle el corazón, la vida.

Mi árbol empezó a derramar sus hojas, a languidecer, a morir. Y sigo viendo al muchacho que lo hizo y me pregunto si se siente mal o culpable de ver a mi árbol morir. Me pregunto si no existe alguna ley que castigue por matar un árbol.

Una tarde regresamos mi hija y yo a casa, y vimos al fondo de la calle nuestra casa y el esqueleto de nuestro árbol. "¿No te da tristeza?", me preguntó. Pensé que ya nada nos protegería del sol, de las miradas, del polvo. Que mi casa sin el árbol ya no era la casa del arbolote y por tanto había perdido la identidad, ya no era mi casa. Lo pensé pero no lo dije. Mariana lo hizo por mí: "Parece que la casa nos está expulsando".

11.1.11

Entregado

El manuscrito definitivo desde la perspectiva de la autora. Por el día 18, la pelota estará de regreso.

Una cerveza oscura para celebrar.

8.1.11

2011: disciplina

No lo había ligado. Este año lo he decidido dedicar a la disciplina. Y, como siempre sucede, ya había un antecedente hacia este camino: aquí mismo, en mi blog.

Encuentro esa afinidad con lo japonés. Lo que logre hacer, al nivel al que lo logre, siempre lo he visto y lo veré como una cuestión de disciplina. Y eso lo debo tener en cuenta no sólo como una explicación, sino como un camino. Un camino que debo recordar cuando después de años de narrativa, en que disciplina significaba sentarme 3 horas diarias a escribir, ahora significa otro tipo de esfuerzo y estado de conciencia.

La disciplina, pues, aparece en este momento no como un hábito o un fin: es una vía a mi propia escritura.

6.1.11

Solicitan

  • Una pequeña ficha biográfica
  • Un fragmento de la novela (600 caracteres, con espacios incluidos)
  • ¿Alguna idea de portada?
  • Una foto reciente de la autora con su respectivo ©
Y la autora se emociona, se pone nerviosa, se estresa, sonríe. Y así permanece. Así permanezco.

4.1.11

Digo con Raúl Zurita

Ha sido un gran hallazgo. Se lo debo a él y a Milán. La puerta ha sido Los poemas muertos, publicado en la colección "raíz en trance" por Ácrono y Libros del Umbral.

Una poética nueva, visionaria, profética (en cuanto a que clama al presente, con respeto a la tradición y visión de futuro).

Y ahí encuentro las luchas que me han conmocionado mientras trabajo en mis caligrafías.

Lo que nos muestra Homero (pero también los otros grandes poemas arcaicos: la poesía testamentaria, el Mahabharata y el Ramayana hindú, los antiguos poemas nahuas) es concretud, una inmediatez increíble donde la voz y lo que ella nombra parecieran ser exactamente una sola cosa.

Hemos perdido esa correspondencia. Porque nosotros mismos hemos perdido esa correspondencia entre lo que somos y lo que decimos. Esa unidad de ser se rompe, esa visión cósmica, y su quebradura se traspasa a la palabra. Aquí más frases de Zurita:

En rigor, es la apabullante concreción de esos primeros poemas lo que nos hace sentir el poder germinal de las palabras.

...

Esta es la agonía: ninguna palabra dice lo que dice, ninguna palabra nombra lo que nombra.

...

El derrumbe del lenguaje y de las lenguas es el fracaso de nuestra unión con lo que se nombra, o lo que es lo mismo, es el fracaso infernal del amor.

...

Pero el lenguaje que nos dio el a veces aterrador concepto de persona, que fue capaz de unir en una sola imagen el crimen imperdonable y la infinita piedad, que escribió las bienaventuranzas y la quebrada ternura de los poemas de Vallejo; ese lenguaje está a punto de morir e irremediablemente habremos de apagarnos en sus últimos estertores.