29.7.09

Una cuenta regresiva en el tiempo


Tengo el buen recuerdo de una reseña que hicieron a Cuenta regresiva, mi primer poemario, de la que guardo un afecto especial.

Primero, porque era esa época cuando en Sonora se escribía más poesía, había un vigoroso suplemento cultural y había críticos de poesía. Cuenta regresiva ha sido más reseñado que cualquier otro libro mío.

Segundo, porque la reseña crítica la hizo una de las mujeres que pasó por Hermosillo y dejó una huella profunda y silenciosa en muchas personas que la conocimos: excelente poeta, discreta conversadora, lectora acuciosa. Margarita Aguilar.

Tercero, porque hizo una lectura de Cuenta regresiva muy propia y a la vez muy apegada a mi intención.

Era yo una muchachita de 18 años, que acababa de salir de una agorafobia trepidante, y cuyas palabras estaban sepultadas en esa introspección invisible y muda de tan profunda. No me quedaba más que poner palabras en mis sensaciones, en mis paisajes internos, en mis inquietudes, en mis sombras, en mis silencios. Para mí ese poemario era más una danza que una poesía, era más un sonido que una explicación, era más una sensación que una razón.

Y Margarita Aguilar pudo percibirlo. La reseña se publicó en esos años en que los periódicos amarillean y no están digitalizados en la red. Guardo el recorte, sí, cada vez más delgado y amarillo. Así que me dio mucho gusto enterarme de esta reproducción clara, disponible, limpia. Y encontrarme con Margarita Aguilar, a través de su blog. Sí, se le extraña.
*Cuenta regresiva (Instituto Sonorense de Cultura, 1992)

8.7.09

¿Intelectuales o testigos?


Hace días Eve se preguntaba por la reacción de los intelectuales ante el incendio de la guardería ABC. Y me dejó pensando mucho.

Después de 5 marchas, de diversos gestos espontáneos y ciudadanos, después de la presión social ejercida no desde los medios sino desde la entraña de la gente, después de que Hermosillo (tan individualista y encerrado) salió a la calle en cantidades y expresiones colectivas nunca antes vistas, puedo responder eso que me vino primero a la cabeza cuando Eve me hizo la pregunta ¿dónde están los intelectuales?: ¿Para qué queremos a los intelectuales?

La información y las críticas y opiniones han circulado de correo en correo, de blog en blog, de llamada en llamada, de facebook en facebook. Los padres de los niños fallecidos han tenido voz por ellos mismos. Las familias de las víctimas han abierto su propia web.

Ningún medio ha podido ocultar lo ocurrido. Porque los medios ya no son esos espacios maltrechos o no que estaban para dar voz a los que no la tenían. Hoy todo mundo puede tener voz y una tribuna visible. Hoy todos podemos conectarnos.

Los intelectuales ya no son esos seres pensantes que hacían visible lo que se manenía invisible, oculto, censurado. Los intelectuales sí que pueden ayudarnos a discernir e interpretar entre tanta información a la que tenemos acceso. Pero ahora como parte de la realidad a analizar está la voz directa de la gente -no teorías, no estudios, no abstracciones-; la vida concreta de personas que experimentan en carne propia los problemas, los abusos de poder, las consecuencias nefastas del tráfico de influencias.

Cada ser humano hoy es consumidor y generador de información, cada ser humano hoy está conectado a redes de información más rápidas y profundas que las que generan los medios masivos, cada ser humano puede tener una voz visible y conectada con la comunidad. Esto cambia totalmente los paradigmas de comunicación y de generación de opinión pública.

Tal vez es por eso que algunos intelectuales, artistas y escritores de Hermosillo se unieron a este movimiento de una manera distinta: pintando muros, marchando en el anonimato junto con la gente, generando cadenas de información entre amigos, llorando, hablando con los hijos, exigiendo justicia con la voz de los afectados que hoy son los protagonistas y los auténticos generadores de opinión.