31.10.10

Esto es así

Uno intenta escribir poesía y la vida cotidiana está alrededor, a veces como un cojín mullido entibiando el día a día; a veces como las espinas de la amenaza, del miedo, del sobre esfuerzo. Uno lee a Raúl Zurita y ve ese miedo traspasado con la espada de las palabras. Uno ve 49 niños de una guardería que mueren calcinados; ciudades enteras que son sacudidas por una madre tierra furiosa, impaciente, irritada; esquinas y calles y carreteras que son tomadas por tanquetas, por policías de negro y pasamontañas; las salas y las habitaciones que son invadidas por cabezas cercenadas, por mensajes presidenciales, por narcomantas, por la desconfianza, por el hartazgo, por el encono, por el cinismo, por ojos cerrados (sí, mejor cerrados), por la mano suave y tibia de la hija, por su risa, por su agudeza, por su The big bang theory. El big bang.

Y uno intenta escribir poesía. No de todo eso. Y uno deja el miedo allá afuera (y aquí adentro), en lugar de traspasarlo. Y uno escribe. De otra cosa. De cosas que a nadie le importan. Y uno se pregunta si hay derecho. Y por qué. Y uno nunca se pregunta por qué el empleo demandante. No. Uno trabaja, montada en zapatillas y descubre gente en la oficina, y también las naranjas que poco a poco empiezan a dorarse frente a la ventana, y el vientecillo de otoño. Y nuevos pagos y cuentas que uno tiene que asumir, porque a nadie más le importa.

Y uno intenta escribir poesía. Y la risa de la hija se vuelve llanto. Los brincoteos en un traqueteo de muletas. Y uno intenta ser una buena mamá. Y uno se pregunta de qué sirve la poesía si uno no puede acomodar el cojín bajo el tobillo roto, masajear los dedos que asoman por la escayola, despertar en la noche para aminorar el dolor. De qué sirve traspasar el miedo con palabras, si uno no puede escampar el miedo de una jovencita de 15 años, si uno no puede tocar la vida. La vida cotidiana. El día a día. La frente afiebrada de la hija. El amor escrito en el yeso de su pierna. El amor escrito desde el big bang de su creación. De la creación. Y sin eso, ¿de qué sirve la poesía y el más nimio o excelso de sus intentos?

25.10.10

15 años


Ella hace que decir "quinceañera" no suene a cursi ni insulso. Con esa mirada aguda, intensa, brillante ha llegado a ser una quinceañera más allá de esa edad. Una jovencita sensata, risueña, reflexiva, que prefiere un piano a una fiesta. Ella sabe que existir es una fiesta.

23.10.10

Mariana lee

Hasta de noche y en carretera. Es la mejor hija de casi 15 años que pude imaginar.

15.10.10

Hoy fui a misa

Porque es 15 de octubre. Y era de madrugada cuando ella se fue. De la mano de Santa Teresa por el flanco derecho, de la mano de Santa Edith Stein por el flanco izquierdo. Con sus hijos y su marido rodeándola.

Y cada 15 de octubre solíamos encontrarnos todos en misa, para recordar ese desencuentro que es la muerte de alguien querido. Y que en realidad es el encuentro con la vida propia y la que compartimos a pesar de esa ausencia vital.

Hacía años que no pasaba. Voltear al lado y encontrar a un hermano. Voltear a la banca de atrás y ver a otro. Sumando sobrinos. Esos que sí lograron conocerla, y correr alborotados a su alrededor cuando la silla de ruedas fue necesaria. Fugazmente.

Y aunque evito escribir aquello que no se liga de alguna manera a mi proceso de escritura, la muerte de mi madre y también la de mi hermano están enraizadas en mi mano, en mi escritura. Es parte de esa red de venas que se me abultan sobre los tendones.

Pero así como escribo, vivo. Y sí, eso pasó hoy: es 15 de octubre y fui a misa.

6.10.10

Llama en el DF

Poemas de la maternidad, la enfermedad, la muerte, la vida, el sosiego, la contemplación, los afanes, las labores, los signos de la naturaleza, la fecundidad.

La vida fecunda. Eso pienso que es Llama (stand de la AEMI, en Libros del Umbral).