31.3.05

Los Jotas

JB me pregunta si vale la pena seguir con su blog, seguir en el blog, seguir con los blogs.

Yo no puedo hacerme esa pregunta sin cuestionarme si vale la pena escribir, si vale la pena la literatura.

Y como ya no me cuestiono eso, simplemente ocupo mi energía en escribir, mejor veo a JM quien me dice que no sabe por qué, pero para él la literatura está por encima de todo en su vida. Envidio su pasión, pero como no me cuestiono más el tiempo y la pasión que me ocupa la literatura, y simplemente escribo, vuelvo a ver a JB.

Para cuando lo hago, JB ya volvió a creer en los blogs y ¿en la escritura? De esa no ha dudado demasiado, creo.

JC está en la ciudad, me invita a unas cervezas. Y sé que cerveza no es sólo una bebida burbujeante con fermento de cebada. Sé que cerveza significa vida, reflexiones, amistad, divagaciones, risas, complicidad, recuerdos, una larga amistad.

Estamos frente a la ventana que da a la plaza, lustrosa y espléndida bajo las farolas y los vientos locos de marzo. Y JC sigue contándome su vida. Me dice que le duele pensar que su búsqueda de trascendencia y el hombre que ha llegado a ser quedarán sepultados junto con sus cenizas. ¿Qué será de todas mis vivencias, estas palabras, todo lo que he pensado y concluido a través del tiempo?, pregunta, y enseguida me mira con ojos más abiertos: Tú has sido mi diario.

— Eres escritora. ¿No te maravilla la vida que hay alrededor de ti? -y en ese momento recobra vida y sonido el gentío que ha abarrotado el bar; están viendo el box y de tanto en tanto gritan y saltan sobre sus asientos-. ¿No te maravilla que puedes escribir de todo esto?

Asiento con la cabeza, fascinada ante el espectáculo que de pronto se me revela una vez descorrido ese telón siempre imperceptible en la realidad. Un hombre emocionado por un intento fallido de knock out cae de su banco recargado en la barra. Sus botas vaqueras le hacen ver como un torpe esquiador intentado levantarse.

Mientras veo a la gente apasionarse y la pantalla que muestra a un hombre ensangrentado y con el rostro deforme e inflamado, a mi lado JC cuenta como una confesión queda: Mi padre era médico de ring; lo acompañé muchas veces de niño, y estuve junto a él en una esquina como esa. Y nunca la pelea fue más interesante que las palabras que escuché al coach y al aguador. Tal vez en una esquina así decidí también ser yo médico... tal vez ahí aprendí a hacer estratega.

Vuelvo a ver a JC, sus ojos brillan como el reflejo de las farolas en la plaza lustrosa. Agradezco en silencio ese momento, y tantos otros momentos de charla, de indagar en lo humano, de compartir nuestras vidas como joyas entrampadas todavía entre el lodo y las rocas.

No sé si un día escribiré de nuestras reflexiones y nuestros días; pero hoy ofrezco este post a JC: de alguna manera tu búsqueda por trascender quedará atestiguada; sea este texto prenda de que así será.

Y a JM y JB, les dejo sólo la certidumbre de que aquí, en lo profundamente humano y vivo, está la literatura.