25.2.11

A la luz

Ya salieron de la caja. Ahora la editorial tiene ese olor a tinta, papel. Huele a libro recién hecho.

Se me eriza la piel. Pienso en la otra hechura.

23.2.11

Siguiente paso

Se cocina la promoción de A ras de vuelo. Yo veo detrás del telón. De repente, sale una mano u otra, a pedir esto, aquello. Preguntas, consultas, palabras de ánimo, calidez, que me hacen sentir confianza: Sí, todo saldrá bien.

21.2.11

Ellas

Los encuentros, la unidad, el diálogo, la alegría, las despedidas, los lazos. Eso permanece después de que cada una va marchando a sus sitios.

Una permanece y no. Una prepara el vuelo. Echar raíz en otro sitio. Y saber que se pertenece: al desierto de Acatama y al Levante en Catalunya, a la bulliciosa Dominicana y a la seca Salamanca, a la aridez de Sonora o a la espesura de la lava entre el bosque.

Así, una y otra vez, hasta la próxima. Hasta siempre.

16.2.11

La otra

Cuando en el bachillerato me aplicaron esa batería de tests para descubrir mi orientación "profesional" los resultados fueron frustrantes para los sicólogos: literatura y teología. Ninguna de las dos eran consideradas profesiones en el Tec de Monterrey, así que, al cajón del sastre: Administración de Empresas.

No hice caso, y me metí a Ciencias de la Comunicación. Seguí sin hacer caso, y me cambié de esa carrera a Letras. Insistí en no hacer caso, abandoné Letras y al cabo de unos años la vida me llevó a España donde inicié mis estudios en Teología.

Y esa es mi otra pasión: la teología. Me apasiona ir detrás de un conocimiento que se esfuma, escalar los andamios de la razón para concluir: Dios es misterio. Me apasiona que para tratar de entender a Dios haya tenido que transitar los caminos del griego, latín, alemán, filosofía, epistemología, sicología, historia y, claro, sagradas escrituras. Me apasiona saber a priori que nada de eso me servirá para finalmente rendir razón e intuición ante el Inabarcable.

Estos días estamos reunidas en esta ciudad un grupo de mujeres interesadas en la teología, reflexionando, compartiendo, pensando, intuyendo, dando pasos a tientas, a oscuras, con atisbos de lucidez, duda, alegría. Compartiendo es la clave. Una colegiata es la clave.

15.2.11

¿Tiene aroma el capomo?

Nunca pensé que hablar de la flor de capomo y su canción atraería lectores a este nido. La mayoría de los lectores más fieles a este blog han llegado a través del capomo. Y siguen llegando.

Gracias, Blanca, por recordarme Empalme, los ejidos alrededor, y Vícam Pueblo, con su quema de máscaras en Semana Santa.

14.2.11

Ni chocolates, ni flores

pero sí su mirada sobre la tierra y su inmanencia.

12.2.11

El principio del Origami


Al ir en búsqueda de una estética en todo este camino por las caligrafías, he tenido que leer no sólo de literatura, antropología, sociedad, sino sobre espadas, samurais, y ahora me veo indagando en la moda. No como un placer escapista, sino porque he encontrado a un diseñador japonés, Issey Miyake (Hiroshima, 1938), que trabaja bajo el principio del origami, pero a la inversa.

Mediante la matemática aplicada, diseña en computadora figuras tridimensionales que se convierten en bidimensionales: los dobleces y cortes sobre la tela después de convierten en faldas, vestidos con formas geométricas sofisticadas.

Para ver este proceso estético, pueden sorprenderse aquí.

Es una forma de asimilación de una cultura que es propia. Yo constantemente lucho con mi racionalismo occidental, del cual quiero liberarme en este proyecto.




9.2.11

¿Cómo no...?

¿Cómo no voy a ser más creativa y productiva cuando estoy flanqueada por sus árboles de durazno?
Si vamos al cine y regresamos a casa por calles empedradas comentando la película, la estética de Greenaway, y al llegar a casa escuchamos a Michael Nyman.
Si caminamos por la UNAM con los perros y hablamos de ardillas, plantas, perros, bicicletas, el descontrol de los árboles que florecen fuera de tiempo y se deshojan inoportunos.
Si cenamos para celebrar la novela (el viernes entró a imprenta) con exquisita cocina peruana y una charla larga.
Si hay silencio y luz suficiente para escribir, para actualizar mi zoho para las caligrafías, para leer, para pensar, para contemplar.
Así que no importa si no compré Karada. Si en mi cuerpo y entre ese bosque y piedra volcánica tengo mi lugar.

6.2.11

Hormiga sin sombra y el sol sobre el durazno

Durante el vuelo leí Hormigas sin sombra / El libro del haiku, una antología de Maurice Coyaud publicada por DVD poesía (2005). La antología está coronada por un excelente ensayo. Puse puntos rojos en aquello que me parecía imperdible. Y al llegar a mi destino, las flores de durazno ya brotaban niñas. Presagio de ideas que se despliegan.

Aquí lo seleccionado:

Acuerdo perfecto del decir y de lo dicho, acuerdo propiamente musical, por otra parte, que apenas quiere durar su tiempo, enseguida eclipsado, siempre en espera de silencio.

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Nos hemos complacido demasiado en “embellecer” esta poesía, que no pide más que respirar en libertad, con el atuendo de todos los días, a lo largo de los caminos sin gloria pero no sin secretos de la vida cotidiana.

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La poesía, incluso si la consideramos el otro nombre de lo indecible, no vide en el templo que se cree: transita los caminos vecinales, frecuente la miserable intimidad de las chozas, vive con la familia. O más bajo todavía: en la hierba anónima, a lo largo del arroyo seco.

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El poema, paradójicamente, sólo se alimenta de aquello que escapa de la pesadez verbal. Parecido a los antiguos globos aerostáticos, o a esas cometas que sólo cobran vida una vez liberadas de sus cadenas terrestres, el haiku obtiene su dinámica del vacío. Tal es la virtud de su “insignificancia”: una suerte de levedad que le permite desplegarse sin traba en todas las direcciones, acoger todos los sentidos posibles. La poesía que lo anima es la del menordecir: siempre orientada hacia ese “grado cero” en que se sitúa su realización: a la vez cumplimiento y olvido.

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Poetizar el haiku, tratar de vestir su voluntaria desnudez, es el más inepto contrasentido que conozco: es querer “enriquecerlo” de modo unívoco, mientras su disfrazada pobreza, abierta a todos los vientos, es portadora de todas las significaciones imaginables e inimaginables.

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¿Por qué, sobre todo, hacer grávido lo que debe permanecer en suspenso? Porque el haiku no es el fundamento ni el resultado de nada.