20.5.14

El feliz equívoco

Cada vez que me apresuro a querer terminar ya la novela, me convenzo de que necesito más tiempo, leer algunos imprescindibles, reflexionar un poco, un poco más.
Y si no me convenzo, la vida me convence. Hasta el azar.
Verán. Él y yo acostumbramos hablar en clave para referirnos, por ejemplo, al oso favorito de Cecilia. Si está todavía bajo los afanes de la lavadora o secadora (cosa que debemos hacer con frecuencia, debido a que se ha arrastrado por cuanto museo solo o repleto se conozca, las banquetas del centro de Tlalpan o del Zócalo, el jardín, los parques y sus toboganes), nos referimos a él como "el roomie" o "la pareja de hecho", para que entonces Cecilia no advierta la ausencia.
Por eso, ayer que hablábamos de libros a leer para mi novela, él me mencionó "Los vecinos de enfrente". Pensé en una clave. Los vecinos de enfrente, en casa, son Mariana y Mateo, pues sus habitaciones están frente a la nuestra, ¿o se referirá a...?
Busqué "Los vecinos de enfrente", pues me sonaba mucho el nombre, y ahí me encontré a George Simenon, con su novela. Y dije ¡claro! ¡Qué razón tiene! ¡Claro que la tengo que leer!
Pero "los vecinos de enfrente" era el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, justo sus vecinos literales. Y el libro encontrado en el "vecindario" es otro que debo leer, sin falta: Tres siglos de historia sonorense 1530-1830 (UNAM).
Él se encargó de ponerlo sobre mi mesilla de noche.


18.5.14

Se la cantamos así...


Y celebramos sus 47. Recordando anécdotas, hablando de cine, de racismo, de la familia. Riendo, bebiendo. La familia  y los amigos crecen. Y eso también hay que celebrarlo.

13.5.14

Molt estimat Jaume

Hoy cumple años. Me dice que es un año más viejo. Yo sólo pienso que es un año más de vida que tengo la suerte de atestiguar. Soy más que una testigo. Soy una mujer que quiere envejecer junto a él. Eso significa muchas cosas. Todo lo que significa la vida.


4.5.14

Conversar con Lobo Antunes



No recuerdo quién me introdujo a Antonio Lobo Antunes, lo que sí sé es que fue en el taller: ¿Javo? ¿Manuel? ¿Joso? Por eso en la FIL del 2006 fui a su presentación. Compré un libro. Hice fila para la firma. Enfrente de mí iba un hombre con un montón de cinco libros (lujo que no pude darme). Eligió uno de ellos y se lo dio a firmar al portugués. Éste, con esa mirada perdida, como si viera tangencialmente para meterse al alma, le cuestionó con voz baja y tímida: ¿Por qué sólo uno? Y el hombre le respondió: Porque los escritores suelen tener la regla de firmar sólo uno. "Yo no", fue la respuesta de Lobo Antunes y firmó cada uno de los cinco libros. Ese gesto me conmovió.

Conversaciones con Antonio Lobo Antunes es un libro que me está acompañando. Es como hablar a momentos con un maestro, con un colega, con un amigo, con un mentor. Hablar breve, hablar quedo,  pero muy profundamente. Coincido en casi todo su sentir hacia la escritura (con los miedos, obsesiones, inseguridades, pasiones); pero yo no soy capaz de dejarlo todo por la escritura. Yo no podría arriesgar a mi familia, no podría dejar de poner por encima a mis hijos, yo no podría abstraerme de esa manera de vivir lo que vive la gente: paseos, charlas con los amigos de siempre, el trabajo remunerado, echarme a ver la tele con mi pareja, reírnos, "perder el tiempo" viendo las ocurrencias de nuestra bebé.

Pero en todo lo demás, coincido; y me hace bien sentir la voz de un mentor, así, queda, en resquicios de mi tiempo, de mi conciencia, suave, amable, sin vanidad alguna.

María Luisa Blanco, Conversaciones con Antonio Lobo Antunes, Siruela, 2005