29.3.06

18. Aterrizaje después de un largo vuelo

Buena señal es si la novela va por delante del blog, generando páginas, fluyendo, mientras la bitácora se detiene. Me imagino que los pilotos llenan su bitácora hasta que regresan a tierra después de vuelos largos, vuelos cortos.

He dado un vuelo largo. El segundo capítulo va a un ritmo que sólo lo detiene alguna cena especial, alguna escapada al cine.

El segundo capítulo se intrinca en los conflictos que ya generaron los personajes en el primer capítulo, con sus dramas nuevos, y con la problemática histórica de los años setenta. Gabriel ya ha decidido apoyarse en Pedro para salvar su patrimonio cuando se entera que tiene leucemia; su hermano, el Pelón Mayor, pronto encontrará invadidas sus tierras, lo que complicará el papel de Pedro, pues los aviones serán el botín a pelear en la familia.

En eso voy.

Compré un corcho enorme, y lo puse cerca de mi mesa de trabajo. Coloqué fotos de aviones fumigadores, jóvenes pilotos recibiendo instrucción, con esas risas heroicas que tienen todos los pilotos, aunque lo que hagan sea tan burdo como envenenar los gusanos de una siembra.

14.3.06

17. Vuelta de página

Ya terminé el primer capítulo de la novela. El primero de tres. Sé que requerirá mucho más trabajo. Pero regreso al dilema del FONCA: ¿el compromiso es entregar avances o corregir?

El capítulo dos es como el agua contenida en el aspersor de una manguera. Ahí está el flujo, la presión, la disponibilidad a la mano. Pero hay que administrar la historia. Este narrador avec se divierte, vaya que sí. Y anda buscando desde qué perspectiva contar este hecho tan esperado por 60 páginas: el momento en que Pedro por fin vuela.

O desde qué tantos narradoresconpersonajes puede abordarse la historia, de tal manera que nos dé un panorama completo de ese hecho culminante.

Pero aquí tengo una observación de cómo se ha modificado mi narrador y lo que entiendo como hecho culminante.

Pues resulta que en mi escaleta había un hecho totalmente secundario, que tenía tan poca importancia que no atiné ni siquiera a quitársela. Pero cuando conté el hecho desde los ojos del narrador-con-Daniel –es decir, los ojos de un niño-, se me antojó contar la misma historia desde los ojos de Agnes –la mujer piloto, esposa de Gabriel-; luego, desde la de Gabriel, y ya que andábamos en eso, pues venga, que le toque un cachito a Pedro.

Al contar ese hecho desde varias perspectivas, encontré que ese nudo que representa un conflicto sicológico muy fuerte para todos los personajes, podía explicar el devenir de muchos de ellos; por lo menos de los principales. Fue como girar las piezas del cubo de rubick, en obediencia a una fórmula automática, hasta lograr que cada lado estuviera del mismo color.

La historia así nos pilla. Y los autores acabamos NO siendo ni siquiera el narrador de nuestras historias; ni el artífice de éstas.

Como me lo dijo mi tutor –y hasta ahora lo entiendo con más claridad-: el escritor es sólo un lacayo al servicio de la historia.

6.3.06

16. Mis malos hábitos narrativos

Una amiga (http://hiedravenenosa.blogspot.com), me involucró en una de esas cadenas para enumerar 5 malos hábitos. O no sé si son simplemente hábitos, o hábitos extraños. Y tampoco sé –ahora que me pongo a pensar- si todo hábito tiene algo de malo o de extraño.

Me comprometió el 2 de febrero. Y como ven, no he cumplido, y no pensaba hacerlo, sinceramente. Perdona, hiedra preciosa (ya ves que está de moda el halago). Tengo por hábito no atender cadenas, tests, chistes ni esos insufribles pauerpoints de “autosuperación”.

Fue fácil incumplir pues ella estuvo convaleciendo de una cirugía y fuera de ciber-reclamos, pero hoy regresa a su trabajo, y siento gachito no haberle cumplido. Bueno, aquí podría sospecharse un segundo hábito: cuando alguien me pide algo, cumplo o no cumplo previa explicación, pero -por hábito- no dejo nunca el espacio en blanco a ninguna solicitud.

Como este blog se ha reconvertido en una bitácora literaria, y mi novela me tiene obsesionada, escribiré mis 5 malos hábitos literarios.

1. Tengo una dañina debilidad por los adjetivos. Siempre ando viendo los adjetivos en los libros que leo. Incluso en un curso que tomé con David Huerta sobre Borges, mi trabajo se especializó en los adjetivos en su obra poética. Confío en que un día sabré equilibrar su uso y desaparecer su abuso.

2. Es un hábito difícil de erradicar el narrar en primera persona. Así narré mis dos novelas anteriores. Ahora por primera vez narro desde un omnisciente (ya dijimos que es un narrador avec) , y él tiene un montón de malos hábitos. Le da por narrar desde no sé qué carajos perspectiva, menos desde y con el personaje que tiene que hacerlo. Cada vez he ido entendiendo más sus vicios: como no narra desde el yo, quiere sobrevolar muy superficialmente sobre los personajes el muy maldito. O a veces narra muy campante él y hasta muy después anuncia desde la perspectiva de quién está narrando.

3. Narrar desde la voz poética es el mal hábito de una poeta metida a narradora. Nunca entendía por qué me decían a leerme: “Es que eres poeta”. Hasta ahora me doy cuenta que no es el lenguaje el que debe empujar la narración, sino la acción la que debe empujar y generar lenguaje. Pero luego me entra el terror: ¿Qué es esto? Qué prosa tan plana, tan simplona, tan inocua. Y venga a querer rizar el rizo.

4. Escribir de noche. Mal, mal, mal. Más cuando uno pasa los 30 años. Es cansado, es demoledor, hasta descorazonador. ¿Pero qué otra queda? A las 10 pm mi hija está dormida, yo en pijamas y desmaquillada, la casa en silencio. La penumbra que se desliza por mi estudio me gusta. Pero cualquier error en la noche se hace más grande, cualquier desacierto es una tragedia, cualquier tropiezo un obstáculo infranqueable.

5. Mientras escribo tomo toda el agua que no tomé durante el día, por lo que pierdo mucho tiempo yendo y viniendo al baño. Tomar agua es un buen hábito, lo sé, pero no cuando tengo escasas 3 horas –las 3 horas que suelen ser las más improductivas del día y de la noche, todo hay que decirlo.

Aquí, Ara, tu encargo. ¡Te cumplí!

1.3.06

15. Brincos diera

¿Cómo puedo dar un salto en el tiempo? Le pregunto a Lety, y me responde: Cambia de capítulo.

Pero quiero otro tipo de salto. Menos elemental.

Un día me siento y escribo algo y salto con la naturalidad con que se brinca un charco. Pero cuando vuelvo la vista atrás (cuando releo pues) me aterro: ¿Qué hice? ¿Cómo pude dar un salto al futuro y continuar mi narración en presente? ¿Es posible eso?:

Sí, dice Letty, se llama “prolepsis”. Navego para buscar definiciones: Prolepsis (del griego prolambanein, anticipación). Construcción gramatical que consiste en colocar un elemento en una unidad sintáctica anterior a laque le correspondería lógicamentePROLEPSIS. ANACRONÍA consistente en un salto hacia el futuro en el TIEMPO DE LA HISTORIA, siempre en relación a la línea temporal básica del DISCURSO novelístico marcada por el RELATO PRIMARIO.

Le doy estas definiciones a Lety y me objeta: No, no; todavía no me convence.

Hablo con Karla, mi amiga becaria del FONCA. Le enseño el fragmento. “No es prolepsis, es elipsis: La elipsis consiste en dedicar una cantidad nula de relato a una parte determinada de la historia".

Sigo buscando:ELIPSIS. Técnica narrativa consistente en omitir en el DISCURSO sectores más o menos amplios del TIEMPO DE LA HISTORIA, lo que implica un configuración del LECTOR IMPLÍCITO tendente a suplir esa información no dada sobre personajes y acontecimientos.

De noche discuto con Javo por Messenger : ¿Qué diferencia hay entonces entre Prolepsis y Elipsis?

Javier dice:Elipsis sería lo siguiente en tu relato:
Javier dice:Si terminaras un capítulo con un Daniel de 10 años prometiéndose ser mejor piloto que Pedro su padre e iniciaras el siguiente capítulo con un Daniel de 20 años, mejor piloto que Pedr0.
Javier dice:¿Me explico?
Javier dice:Quedan suprimidos esos diez años.
m a r i a n dice:En mi novela queda suprimido un año.
Javier dice:Entiendo tu confusión entre elipsis y prolepsis, ¿eh?; tampoco yo acabo de explicarme la diferencia cabalmente. Me digo que cuando se hace una prolepsis y ya no se vuelve al punto desde el que se partió, a la vez hay una elipsis.
Javier dice:¿No?
m a r i a n dice:¡Sí! ¡Qué confusión!
m a r i a n dice:¡En fin!
Javier dice:Me está dando mucho sueño, Moriencilla.
m a r i a n dice:Duerme, yo tengo que escribir.
m a r i a n dice:Ya serán las 10, cu-cu, hora de volver a la novela.