29.9.07

Palabras festivas

Presentaron a Javo como un joven que parece artista de la televisión.

A Miguel Ángel como un joven cuyo talento se nota por los títulos de sus trabajos.

A mí como una escritora que engalana con dulzura.

Fuera de lo simpático, el Festival de la Palabra fue una ocasión más para ver a gente conocida, para conocer a nueva gente, para encontrarnos con lectores y para alegrarnos por las alternativas literarias que surgen en esta ciudad.

28.9.07

Luna de agua

En el verano del 2004 la red se convirtió para mí en un sitio frío y desolado. Como esos cañones por donde pasa el viento angosto, filoso, frío, ululante. Como todos los veranos, agotadores en mi oficina, ese me obligaba a dormir un día sí y un día no para poder sacar a tiempo el trabajo.

Fue entonces cuando apareció Shaula, un nick que me pedía ser aceptada en mis contactos del mensajero. Nos ligó el Solís, un amigo en común, él sabiendo que desde hacía mucho tiempo yo esperaba volver a leer algo de la autora de Desencuentros desesperados que había publicado la Universidad de Sonora en 1996.

Ella también pasaba muchas horas conectada, haciendo un trabajo como el mío, y como esa hubo muchas otras coincidencias, que conforme pasa el tiempo se multiplican en unos puntos, en otros desaparecen y en algunos más surgen inéditos.

Ella sigue en la red junto conmigo, cada día, ventana a ventana, desde que amanece hasta que pasa la medianoche y mi computadora se apaga. A veces es Letty, a veces es Shaula, a veces Carmen, a veces Luna, pero siempre es mi amiga, mi compañera de taller y siempre esa escritora que leí con fascinación en el 96 y que hoy, por fin, publica su segundo libro: Luna de agua (Altanoche), firmado por su nombre completo, Carmen Leticia Espriella.

27.9.07

Quizás, quizás, quizás

Mañana viernes haré lectura de algo, no sé todavía de qué, pero de algo, en el Festival de la Palabra que organiza Nacho Mondaca.

Me gusta que sea un evento para lectores, no para consumo interno entre escritores.

Escuela de Letras (Unison), 12:20, ni un minuto más ni un minuto menos.

Quisiera leer algo que no tenga una palabra de más ni una palabra de menos.

26.9.07

Horfandad

Hay libros que dejan huérfanos.

Estoy huérfana de Murakami. No quiero leer más.

Me espera El corazón es un cazador solitario, recomendado por Jaime, mi editor. Me espera Par de reyes, siguiente recomendación de Luis. Me espera el último capítulo de Ulises.

Pero estoy huérfana. Por un buen rato huérfana.

Y cuando uno está huérfana, tiene que ir en búsqueda de la madre, y mi madre está en la poesía.

En poesía leo Teorías de Iván Figueroa. Seguiré con Eduardo Milán y María Baranda.

25.9.07

:-)

Hay días en que uno no tiene ganas de expresar otra cosa que no sea esto:

:-)

Más cuando esa unión de signos es un emoticon que hoy cumple 25 años

http://www.terra.com.mx/articulo.aspx?articuloId=412949

Tan falsa como balsámica, pero útil para fingir o consolar.

24.9.07

Al sur de la frontera, al oeste del sol

Hace poco regalé a un niño muy especial para mí un libro de aviones que se arman mediante papiroflexia.

Anoche, cuando no podía dormir después de terminar de leer el libro de Murakami, pensaba que este escritor trabaja la historia con un cuidado y sensibilidad, como si construyera una figura de papiroflexia: logrando dobleces sutiles pero esenciales.

En la madrugada que no podía dormir por la historia que no dejaba de girar, imaginaba aviones de papiroflexia volando dentro de mí.

Esta mañana amanecí movida por dentro.

23.9.07

Encamada

Nada se compara a leer por las mañanas en cama. Con los silencios frescos que tienen las mañanas. Con la mente y el cuerpos nuevos, como un paquete que recién se abre.

Uno entra a las historias como en un mundo recién nacido. Uno no es nadie. Lo ha olvidado en la noche, lo ha confundido entre los sueños. Uno es el nadie que atestigua esas otras historias, observa desde otras almas las otras vidas.

Y uno empieza a ser. La misma. Otra. La misma con diferencias. Uno recuerda. Uno imagina. Uno reflexiona.

Quedan 12 páginas. No quiero terminar Al sur de la frontera, al oeste del sol. No quiero perder ese mundo. El mundo recién nacido que se siente cuando uno lee por las mañanas en la cama.

22.9.07

Ah, que la Meri

Seguramente en la imaginación se gesta un escritor. Y ahí veo a mi abuela, La Nana Meri, abriendo un mundo para mí.

Contándome historias del diablo -siempre- con un placer mayor mientras más miedo me provocaba, montando bromas sofisticadas para asustarnos, con su cabello perfectamente plateado y su cuerpo delgadísimo y erguido con elegancia.

Sus silencios y su sonrisa llena de cosas no dichas.

La oscuridad del patio con la estela de su cigarro apenas visible, como una suave neblina nocturna.

También me ha alimentado con sus frases, agudas, maledicentes, libres.

Hoy acuñó una de esas frases muy suyas: "A esta edad para todo se batalla, hasta para morir".

Así es La Meri.

21.9.07

Cuando yo sea grande...

Javo me envió esta entrevista realizada a Murakami, que mantuve abierta durante el día, y revisé y revisité frecuentemente.

Me gusta cuando un escritor tiene esa claridad, cuando tiene una vida que de tan normal parece anormal en este ambiente: deportista, disciplinado, madrugador, nada trasnochado.

Me gusta que los escritores hablen de su propuesta estética de esa manera sencilla y sucinta, como Murakami relacionándola con el jazz.

Me gusta que un escritor se preocupe más por sus lectores que por su nombre.

Y también me gusta que un escritor que no entra al establishment del mundo literario (fiestas, pasarelas, conferencias, firmas) pueda tener los lectores que tiene Murakami, el respeto que tiene Murakami, y la obra que tiene Murakami.

20.9.07

Juro que era calladito


Hace muchos años todos los miércoles detenía mi entonces vocho en Sanborn's y subía un chico callado, estudiante de Ingeniería Civil que escribía poesía. En cuanto él subía clavaba la mirada fijamente por la ventana, así como miran todos los que no quieren hablar. Llegábamos al taller, trabajábamos una hora, y al finalizar lo volvía a dejar enfrente de Sanborn's, en silencio, para que regresara a la Universidad.

Ese chico entonces callado es hoy una de las pocas personas con quien puedo hablar de poesía. Y sucede muy a su manera: siempre dentro de un perímetro de 20 metros alrededor del Instituto Sonorense de Cultura, siempre a salto de mata antes o después de algún evento, siempre blablabla, siempre jijiji.

Iván Figueroa, el chico del que les hablo, ya ha publicado algunitos libros, ha ganado premios nacionales y ganará otros, eso seguro.

Pero hoy, jueves 20, presenta su poemario Teorías, a las 19:00 horas en la Sala de Arte del Instituto Sonorense de Cultura. ¿Sus presentadores? Ana Álvarez, Tonatiuh Castro y Gabriel Trujillo Muñoz.

19.9.07

Perder la lengua


"La mitad de las 7.000 lenguas que se hablan en el mundo podrían desaparecer en este siglo, según un estudio de National Geographic que alertó ayer del peligro en cinco puntos del planeta, entre ellos América Central y del Sur".

Esta nota me hace pensar en el lenguaje y las causas políticamente correctas, que hoy en día nos sensibiliza más sobre la extinción de los animales que la del lenguaje.

La pérdida de un idioma es la pérdida de conocimiento, de una concepción del mundo, de una riqueza cultural, de una identidad para un pueblo.

Los lingüistas podrán decir esto y más.

Pero entiendo la tragedia que significa esto sólo al recordar que Ramón Xirau no es capaz de escribir poesía en otro idioma que no sea el catalán: esa lengua en que le hablaba su madre, ese sonido que le configuró el mundo, que se lo hizo visible y alcanzable a su entendimiento, a su sentir, a su reflexión, a su pluma.

Ese contacto primigenio con el lenguaje es el que debe buscar el poeta. La búsqueda de la palabra como la primera piedra de una construcción.

Antes de que las palabras se extingan.

18.9.07

Murakami abandona el Muroblock

Mi librero es de muroblock. Como ven detrás de Mariana, algo paráctico y ligero para mi casa que es pequeña.

Ahora es el protagonista del placer que estoy cultivando: sacar un libro del estante de muro, leerlo, disfrutarlo, respirarlo, metabolizarlo, y luego colocarlo rayadito y anotadito en su huequito; luego, otro.

Murakami salió del muro -donde me esperan otros Murakamis guiñándome- y lo estoy disfrutando a sorbo de copa.

Una historia aparentemente sencilla, muy humana, sin grandes artificios ni trucos ni juegos de lenguaje (aún, voy a la mitad, y sé que cualquier cosa podría pasar).

Pero hay un truco, uno, que Murakami usa de manera magistral: el anzuelo.

Tirar el anzuelo hacia el futuro y traernos una triza de él para cerrar cada capítulo. Al iniciar el siguiente, no sólo vamos con el ticket de anticipo, sino con la emoción de continuar, de seguir, de acompañar a esos personajes.

Murakami es maestro en enamorarnos de sus personajes, de seducirnos con sus historias, de mantenernos a su lado, respirando junto a ellos.

17.9.07

Ulises

En mis manos. Una edición bella y cómoda de Ulises de James Joyce.

La hojeo y recuerdo la habitación donde la leía en el 89. Poca luz. El ambiente de otoño entrando por la ventana (el otoño siempre entra por la ventana). Voces de niños afuera. Los pasos arrastrados de la casera octagenaria. Las conversaciones sobre él por la tarde en la universidad, en un café, en una calle caminada.

Hojeo y clavo mis ojos en el último capítulo. Cierro el libro de un manotazo.
Calma.
Estás en Murakami.

Me digo.

16.9.07

Un domingo con papá

Mi padre ha pasado todo este domingo en casa.

Aunque parezca extraño, esto es insólito. Mi padre nunca viene a casa. Ni mis hermanos. Ellos así me demuestran que me respetan.

Mi padre no conocía mi porche, ni los muebles nuevos, ni el pequeño estudio adaptado en mi habitación -no en el estudio-, ni conocía a Rabito, ni mi centrifugadora de lechuga, ni mi arrocera eléctrica, ni mi cafetera italiana, ni la francesa.

Le preparé café veracruzano. Hablamos de Veracruz. Observaba las cosas que no están funcionando bien en casa (una rejilla de la refrigeración, la chapa de la puerta de entrada, la luz neón del garaje) y hablaba de cómo resolverlo.

Cociné para él. Me contó de cuando voló sobre el mar a 10 mil pies y tuvo miedo no de la altura sino del mar y buscó la tierra, como todo piloto fumigador, siempre buscando la tierra para volar sobre ella.

Hablamos de la familia. De mis últimas decisiones. De los cambios recientes. Escuetamente, como siempre. Como asomarme a un mirador donde veo todo el paisaje completo, un paisaje al que podría invitarlo, para que camine junto conmigo. Pero doy un paso, uno solo, pequeño, y me da vértigo, y le muestro piedras diminutas y curiosas que están a nuestros pies. Pero nunca el paisaje inmenso y complejo que veo enfrente de mí.

No le digo quién me regaló ese centrifugador de lechuga y la cafetera italiana. Ni tampoco cómo llegó alguien a casa trayendo una arrocera eléctrica y una cafetera francesa de regalo en su maleta.

Nos entretenemos en las pequeñas piedras. Y sabemos que sólo son eso. Pequeñeces, minucias. Silencios entre frase y frase. Dudas entre un ¿sabías que...? y otro.

Pero es la primera vez que cocino para él. Y usar ese centrifugado y esa arrocera es una manera de contarle cómo es que llegaron a casa, a mi vida. Y el que él sonría y me diga: "Qué deliciosa comida me has hecho", es una forma de aceptar mi vida, lo que soy, lo que hago.

15.9.07

Hacía mucho que no

Despertar a las 9 am

Leer en la cama antes de saltar de ella con prisas

Cortar flores de bugambilias y ponerlas en el desayunador

Preparar desayuno antes de ducharme

Y el mayor placer: moler café de La Parroquia, y olerlo olerlo olerlo hasta la estela de vapor hirviente

Escribir, sábado en la mañana

14.9.07

Fiu

Ya pasó lo más duro de mi chamba.

Ahora sí: a responder el mail antiguo de mi editora de narrativa donde pregunta ¿cuándo presentamos Duelo de noche en el DF y Guadalajara?

Ahora sí: a revisar con mi editor de poesía los últimos detalles de la publicación de Llama.

Ahora sí: a empezar a pensar en el 2008 y mis proyectos para entonces.

Ahora sí: a retomar con ganas la revisión de mi novela.

Ahora sí, a seguir trabajando sin sentir un hervidero de avispas en mi reloj, en mi cabeza y en mis dedos.

13.9.07

Crónica que no es

Manuel y yo leímos nuestros textos para presentar Mascarada, y luego siguió el autor, Javo, quien curiosamente no leyó sus cuentos, como es usual, sino un ensayo sobre su propio libro. Javo leía con sobriedad, cuando ese hombre llegó y, aunque era tarde, se arriesgó y se sentó en primera fila.

Trae unos cartones medio rotos. Acomoda uno sobre sus piernas, y otro en la silla vacía que está a un lado. Parece estar en trance, parece que continúa la concentración que había empezado en otro sitio. Parece que un director lo ha urgido a entrar a escena de inmediato (¡Acción!) y él ha tenido que actuar de manera instantánea.

Ese hombre en trance es un pintor. Dibuja con rapidez, soltura y asertividad líneas por aquí y por allá. Su rostro es muy arrugado y se marca más en el esfuerzo. ¿O son cicatrices? A veces humedece sus dedos con saliva para tallar sobre lo que acaba de dibujar con su pluma bic.

¿Alguien le mide el tiempo? ¿Alguien le ordenó dibujar a contrarreloj?

Deja repentinamente el dibujo y toma el otro cartón más pequeño que tiene a un lado. Y sigue dibujando, sigue arrugando su rostro, sigue humedeciendo sus dedos y tallándolos sobre el dibujo, sigue consumiéndose en su flacura, en sus venas, en sus huesos, en sus arrugas, en las cicatrices, hasta que para el trance. Se detiene.

Y abre sus ojos como si recién despertara una mañana. Y me sonríe. Y sonrío y pienso, casi digo: buenos días, Sergio Rascón.

12.9.07

Entregado

Joso me pidió para la Línea del cosmonauta una especie de crónica back stage de las ferias del libro. Por el exceso de trabajo que padezco desde hace más de un mes, le he estado solicitando (pidiendo, rogando, suplicando, exigiendo) una prórroga.

El pobre de Joso, preocupado de saber cuánto estoy trabajando, me quiso liberar: déjalo, luego me entregas algo. Pero mi orgullo: una Mendívil no queda mal en el trabajo.

Ese orgullo me sentó anoche ante la compu sin tener idea de qué escribir y empecé: tac, tac, tac, tac sobre el teclado.

Hasta que de repente mis hemisferios errantes y ya maltrechos despertaron y tuvieron a bien encontrarse, hacer click, un efímero guiño.

Lo suficiente para crear un texto donde la escritora se disocia de su yo y ambas cuentan, desde cada perspectiva, sobre la experiencia antinatural de un escritor: ir a una enorme feria a leer su novela.

11.9.07

Tres

Nos pusimos de acuerdo las tres: Letty, Lore y yo.
El Sagroz.
Fados.
Botella de vino. Un Malbec argentino.
Algo gourmet al centro.
Ventana a la noche.
Tres mujeres que leen. Tres mujeres que escriben.
Tres madres. Tres mujeres independientes.
Compartir la vida que parece un buen guión.
Leer la vida en nuestras marcas.
Y sonreír toda la noche. Toda.

9.9.07

Celestino ha muerto

Tenía ganas de volver a las palabras cálidas, blandas, rodantes, musicales de la literatura latinoamericana.

Tenía ganas de leer Celestino antes del alba, de Reynaldo Arenas.
Tenía ganas de comentarlo. Pero Celestino no se comenta: se canta.
No se entiende: se vive.

Con Celestino se aprende que la narrativa es palabras, los seres humanos somos palabras, la vida es palabra.
Se aprende a jugar, se aprende a desmantelar esas estructuras narrativas, se aprende a creer en eso que escribimos en las hojas de los árboles aunque después lo corte el hacha.
Se aprende a creer en esas presencias al fondo del pozo, los otros que siempre acaban siendo el reflejo de uno mismo.

¿Qué sigue? Murakami: un vuelco a otro continente, sin pasar por Europa.

8.9.07

Peine de los vientos


A 30 años de que Eduardo Chillida haya amado así su mar y su cabellera de viento.


Chillida es uno de los artistas con cuya visión ante la vida y ante el arte más me identifico. Un artista que no sólo buscó esculpir la materia en el vacío, sino también esculpir la luz, el vacío, la nada, el aire, la sombra.



5.9.07

A Henriette no le gustan los libros


El mayor fetichista del libro que he conocido es Javo.
Y sucedió: ayer me tomó la lluvia y el granizo con Mascarada, el cuentario de Javo, apretado contra mi pecho para protegerlo (que conste: nunca intenté ponérmelo de paraguas, lo cual hubiera sido útil porque el hielo me daba de coscorronazos), y el libro acabó húmedo, medio desteñido, fruncido y un poco roto de la portada.

De todos modos el evento para presentar Mascarada no se cancela:
jueves 6 de septiembre
7 pm
Sala ISC
Presentadores: manu & me

Espero que Javo no me dé de coscorronazos. Ni Henriette a él.

3.9.07

Confesiones

La Marian que quisiera tener un fin de semana desocupado para pintar de otro color su casa (ella, sí, con sus manos y las de la hija), está engarzada en un proyecto que no ha contado y la tiene desvelada y estresada, pero también contenta, divertida y aprendiendo mucho.

La Marian con ojeras que se carcajea con Ali G a la 1:00 am, porque a esa hora ha apagado su compu, también dice este tipo de cosas o éstas, que son lo mismo (a elegir).

¿Y la confesión? Anoche a Ele: estoy enamorada de Ali G.

2.9.07

Memorias salvadas


Domingo de taller. Le llevé a Joso una colección de revistas Gradas, y algún número de Mucho Gusto y de Arte Sonorense, para que las escanee para su proyecto Faz.

Advierto el quiebre de dos generaciones en el taller. Mis nuevos amigos y compañeros no conocían esas revistas y quizá mucho menos el que yo haya editado. Una revista de 1990 es prehistoria para chavos que nacieron en el 83.

Después se unió a nosotros Horacio Valencia, quien llevó unas revistas y suplementos que se hicieron en Sonora en los años 60, 70, 80. En alguna de esas revistas, José Emilio Pacheco aparece como joven promesa y Emiliana de Zubeldía colabora con algún artículo.

Pienso en mis no pertenencias eternas.
El no ser de aquí ni de un lado concreto.
No ser parte de una generación concreta.

Valoro mucho el proyecto que Josué está emprendiendo: Contar, recopilar, recoger, registrar, recapitular.

El registro de lo producido no debe quedar sólo en la memoria de una generación, sino debe ser compartido.

Y es el mejor momento para hacerlo.

1.9.07

Experimento

sólo una cosa da vueltas en mi cerebro y en mi flujo sanguíneo:
el experimento:
hacerlo, articularlo, ensayar palabras, sonidos, ritmos, bla-pi-re-sgn-frt:
glosolalia:
las profécías de Daniel:
los versículos largos y fragmentarios:

sí, escribir es volar al ras