26.1.12

En Tierra Adentro

Una reseña de A ras de vuelo en Tierra Adentro, página 93, sección Fraguas.

25.1.12

Los 10 libros que cambiaron mi vida

Javier Munguía, editor de Letrarte, está realizando esta encuesta:

¿Cuáles son los 10 libros que cambiaron tu vida?

Aquí está la lista, pero aprovecho mi blog para explicar de qué manera esos libros cambiaron mi vida:
Demian me abrió otro mundo, el oscuro, el cruel, pero también el trascendente; una trascendencia que no tenía que ver con Dios, no el que me enseñaron en la escuela. Es el libro que movió todos mis esquemas.

Así hablaba Zaratustra, llegué a él gracias a Demian y a la necesidad de leer sobre el nihilismo. Es un libro que me atemorizó con su "Dios ha muerto", pero que me abrió la puerta a una exploración personal del que todavía tengo mis herencias.

La noche de Tlatelolco fue un regalo de mi madre, me lo regaló como un libro prohibido, que no debía sacar de casa ni enseñar a nadie. "Las paredes escuchan", me dijo. Los pasos de los jóvenes protestando en las calles en el 68 me provocaron pesadillas e insomnio por noches enteras. Fue el libro por el que me interesé en la realidad social y política de México.

Diario de Ana Frank me fue regalado por mis padres con toda la inocencia: una niña que escribe, como tú. ¡Pero bueno! ¡Lo que esa niña escribía era una realidad aterradora! Leer el diario de una niña que muere me obsesionó con el tema de la muerte desde muy pequeña. No tenía impulsos suicidas, pero pensaba que la muerte me revelaría todas mis preguntas y deseaba morir.

El Principito es otra manera de dar un vuelco a la realidad: cuestiona sin golpear, te cambia sin dolor. Quizá por eso es tan profunda y entrañable la experiencia de leerlo.

El cuerno de caza me aproximó a un tipo de literatura fantástica, sutil, fuerte, alegórica. Y me hizo entender que eso quería de la literatura: sensaciones, la inmersión en otro mundo, indagar en la condición humana, generar atmósferas.

El señor de los anillos fue cien vueltas de tuerca a lo que me dio El cuerno de caza, además me dio el tipo de escritor al que quería aspirar: gente sencilla, con rutinas, con orden, con una vida familiar, disciplinada.

Sobre los acantilados de mármol me hizo interesarme por la conciencia del lenguaje, el rigor en la escritura, la profundidad de un compromiso personal; leyendo los diarios de Ernst Jünger encontré esta novela, que busqué por cielo mar y tierra. Fue una gran experiencia conocer este libro desde el proceso explicado en los diarios, hasta el resultado final.

Piedra de sol fue una lectura portentosa, descubrir la capacidad del lenguaje para explicarlo todo, para llevarnos a asir todo, la realidad, su origen, su porvenir, la mirada honda y personal, y todo con canto.

Cántico espiritual me regaló la unión entre los tres ejes que me interesan y determinan: la espiritualidad, el erotismo y la impronta de la experiencia personal en el proceso de escritura. Saber que san Juan de la Cruz escribió este poema bellísimo, melodioso, intrincado de significado mientras estaba preso en un calabozo, me hace recordar que no hay pretexto para no escribir, y que aun la ruindad ilumina sobre el proceso de escritura.

24.1.12

16.1.12

Escribo

De madrugada. La luz apagada. Sólo la pantalla encendida. Una taza de café sin cafeína. Los personajes apareciendo frente mí y, poco a poco, la luz del día nimbando el velo del moisés.

2.1.12

Para variar

El cambio de paradigma que me dio el 2011, por supuesto que tocó mi escritura.

Para mis novelas siempre trabajo con una escaleta intrincada: todo, cada acontecimiento, está registrado en una línea de tiempo, dentro del perfil de cada personaje y de su desarrollo vital.

Pero esta novela en la que trabajo debe contar con algo: lo que mi editora llama el "timing narrativo". El ritmo de la narración, la tensión, la dosificación correcta y ágil de los acontecimientos.

Es por ello que he elaborado una línea de tiempo sin tanto detalle en su cruce con personajes y acontecimientos personales de ellos.

Durante la narración debo guiarme más bien por el olfato, la intuición, la percepción de ese ritmo; debo dejarme guiar. No ser tan acuciosa con los tiempos reales, sino con el tiempo interno de la historia, el tiempo que requiera cada personaje.

A veces me siento a ciegas. A veces me siento volando sin arneses. Escribir así lleva temores, pero también sus placeres.