Cada vez que me apresuro a querer terminar ya la novela, me convenzo de que necesito más tiempo, leer algunos imprescindibles, reflexionar un poco, un poco más. Y si no me convenzo, la vida me convence. Hasta el azar. Verán. Él y yo acostumbramos hablar en clave para referirnos, por ejemplo, al oso favorito de Cecilia. Si está todavía bajo los afanes de la lavadora o secadora (cosa que debemos hacer con frecuencia, debido a que se ha arrastrado por cuanto museo solo o repleto se conozca, las banquetas del centro de Tlalpan o del Zócalo, el jardín, los parques y sus toboganes), nos referimos a él como "el roomie " o "la pareja de hecho", para que entonces Cecilia no advierta la ausencia. Por eso, ayer que hablábamos de libros a leer para mi novela, él me mencionó "Los vecinos de enfrente". Pensé en una clave. Los vecinos de enfrente, en casa, son Mariana y Mateo, pues sus habitaciones están frente a la nuestra, ¿o se referirá a...? Busqué "Los veci...
Lo que ando incubando