Cuando entré a mi primer kinder, tuve miedo de permanecer en ese lugar y nunca en la vida aprender nada. Y aún con miedo, pedí a mis padres que me cambiaran de escuela. Cuando en las noches veía a una sombra debajo de la cama, tuve miedo de descubrir en la oscuridad que era alguien real. Y aún con miedo, recé hasta que en mis sueños descubrí a quién pertenecía esa sombra. Cuando de adolescente empecé a temer salir de mi casa, salí a la banqueta y temblé al cruzarme con mis vecinos siempre tan cordiales. Y aún con miedo, decidí enfrentarme a ese miedo, y entonces me fui de casa. Cuando fui madre por primera vez tuve miedo a no saber ser madre. Y aún con miedo, he sido madre cada día de mi vida, una madre con miedo, intensa, que ha podido llevar a su espléndida hija hasta el umbral de sus sueños. Cuando la vida como la había vivido y entendido se acabó, tuve miedo de perderme. Y aún con miedo, me repetí a mí misma "de ahora en adelante" y avancé despojándome de mi pasado, y...