15.9.15

Sobre el desarraigo I



En una de las intensas lluvias que recientemente han azotado al DF, quedé varada en Insurgentes y con mi pequeña de tres años dentro del coche. El agua llevaba una corriente tan fuerte, que a veces el auto se movía por el oleaje que provocaban otros vehículos. Ahí, en medio de tal inundación, me sentía una náufraga de esta ciudad: si un policía me desviaba, no sabría cómo regresar a casa (tengo un pésimo sentido de la ubicación, y conduzco por memoria, no por lógica); el celular se me descargó y no podía tener el apoyo de nadie. 

Pero lo peor fue observar el comportamiento de la gente. Aquí no hay lugar para la solidaridad. El problema era tal debido a la cantidad de basura que había colapsado a las coladeras; los coches insistían en darse vuelta en U donde no debían, sin importar la obstrucción al tráfico o el oleaje que levantaban a su paso. Vi una sociedad interesada en sobrevivir, no en ayudar, respetar o buscar soluciones comunes.

Claramente llegó a mi mente: no pertenezco a esta ciudad, no soy parte de ella, esta ciudad me repele, en esta urbe no hay espacio para la conciencia del otro. Y la conciencia de mi Yo aquí es difusa. 

De inmediato intenté hacer conciencia de ese sentir. Como mujer del desierto, entiendo que la lluvia histórica de ese día fue más allá de toda mi capacidad de asimilación. Sí, soy mujer de desierto. Pero fuera de eso no reconozco más. La idea de terruño se me ha desdibujado. Cuando digo Hermosillo no tiene ningún valor en sí mismo. Tienen sentido mis seres queridos, mis amistades. Pero no hay nada más. Ni el concepto de mi tierra, ni el latido de mi ciudad. Quizá me tomé muy en serio eso de quemar naves.

Soy una náufraga en esta ciudad, asida a un trozo de tierra (mi casa, mi jardín, mi familia). El desarraigo duele, hace sentir lo mismo que ese extravío intenso cuando me encuentro en una calle que no conozco y de la cual no sé cómo escapar. No hay un lugar seguro, reconocible, familiar. Lo único familiar es mi hogar: esa tabla a la que me aferro. 

*Fotografía de Masao Yamamoto

2 comentarios:

Zytten13 dijo...

pero al final de cuentas los origenes son lo que te hacen ser y pertenecer a un nucleo y al final de cuentas mi querida cuñada vuelves a tus origenes aqui dode estamos los que somos tu nucleo te queremos mucho tita .

María Antonieta Mendívil dijo...

Alguien me dijo que quemara la última nave antes de que el terruño se me volviera un mito. Y creo que tiene razón. El terruño entonces no se convierte en esa construcción de lo que te hace ser "sonorense", sino la familia, las amistades, y sí, un origen. Besos, te quiero, los quiero.