Mariana celebra sus 25 años. A mis 25 años yo era su madre. La madre de una bebé con enormes ojos negros que no sonreía, pero parecía venir de otra vida con todo aprendido, con todo claro; y su gesto era ya de impaciente condescendencia. ¿Cuánto tiempo le llevaría el trámite de vivir y empezar la gesta de esta vida, para la cual fue destinada?, parecía preguntar. Empezó a hablar muy pronto, a pensar muy pronto, a cuestionar muy pronto, a viajar muy pronto, a socializar desde un balcón del departamento desde el cual, a sus prontos dos años, advertía a los clientes de la charcutería de enfrente que eso que el carnicero vendía eran animales muertos. Mariana ha desafiado todos mis miedos, como si siguiera gritando desde aquel balcón: para una madre agorafóbica, una hija viajera; para una madre aprehensiva, una hija libre; para una madre sobreprotectora, una hija independiente; para una madre insegura, una hija bully; para una madre dramática, una hija con humor negro; para una ...
Lo que ando incubando