Ceci de mi alma,
Cuando leas esto ya tendrás 12 años. Una edad en la que las artes de la magia se convierten en empeño, esfuerzo, sabiduría forjada cada día, conciencia. Y eso te pediré hoy: un poco de magia para que me hagas estar contigo en ste momento, para que me sientas en tu corazón y en tu mente con la claridad con que me ves cada día a las seis de la mañana en la cocina, preparando todo antes de que te vayas a la escuela. Aunque, estando tan modorras, ¿podemos vernos con claridad?
Mejor: con la claridad con que me ves cuando regresas de la escuela y me cuentas lo que pasó, mientras la comida termina de prepararse, y el celular suena y suena y suena con mensajes y el trabajo interminable, que tr fastidia un poco.
Hay una escritora que dice que de alguna manera las mamás nunca podemos separarnos del todo de nuestras criaturas, porque hemos estado tan unidas una en la otra, desde el inicio de la vida, que es imposible. Y así como el misterio inicia, gestándose en el vientre y creciendo inexplicablemente, así quisiera que sepamos que hoy, a pesar de no estar físcamente juntas, sí lo estamos. Porque hay un hilo invisible que nos conecta.
Yo hablo de misterio, de unión, de lo inexplicable, de lo invisible. Y tú, con esa mente tan clara y lúcida que tienes, con tantos conocimientos que sabes interconectados, me dirás que así no es, quizá hasta me expliques de la Eva mitocondrial, de la genética.
Pero tú y yo podemos crear ese mundo un poco absurdo y vivir en él. Puedes quedarte con mi brazo tibio en las noches para que te abrace; puedes imaginar los juguetes que olvidaste en mi vientre al nacer, y que los tengo guardados ahí para ti; puedes descansar en la panza almohada que te pertenece a ti.
Así que, ¿por qué no hacerme presente este día? Sentirme ahí, haciendo las mismas preguntas una y otra vez, porque olvido lo que pregunté apenas cierro el signo de interrogación y me quedo flotando en esos puntos suspensivos de la distración. Recordándote las mismas tareas una y otra vez, un día y el siguente.
Así que ¿por qué no te haces presente junto a mí? Recorriendo pasillos atiborrados de libros, muchos de los cuales te interesarán y me preguntarás cuándo podrás leerlos; escuchándome todo lo que he reflexionado con mis amigas sobre escribir, maternar, ser madre, ser hija y, sobre todo eso, ser también mujer, así, a secas y con toda la complejidad y fuerza que eso implica en estos tiempos; detectando con tu mirada de águila-librera los títulos que encuentras para mí, para advertirme, "mamá, mamá, esto te va a interesar porque habla sobre maternidades".
Debes saberme abrevando de una fuente de experiencias junto a mis amigas a las que llamo mi tribu, y que me llenan de enseñanzas, amor, experiencias y complicidad; siendo esto que he sido desde antes de que nacieras, y lo que soy cuando me sientes abrazarte, o lo que soy cuando me ves con la mirada perdida en mis pensamientos y vida interior.
Y yo te sabré viviendo la experiencia de celebrar un cumpleaños diferente, con ese papá maravilloso que tienes, lleno de ternura, sabiduría, conocimientos, chistes que te esperan para hacerte reír (porque a veces son muy buenos, y otras veces tan malos que parecen buenos), y de un amor que se desborda por ti y tus hermanos; de celebrar con tu hermana mayor, en quien tienes una fuente de amor, aprendizajes, creatividad, saberes profundamente humanos y creativos, y que también es parte de esa galaxia que somos las tres, unidas con hilos invisibles que nos hacen girar a cada una en elipses propias, pero sin precipitarnos en el cosmos, sino en equilibrio amoroso y espiritual.
Y nos veremos muy pronto de nuevo, para contárnoslo todo. Más fuertes, más sabias, más grandes. Cuando nos despedimos tenías 11 años y cuando volvamos a encontrarnos tendrás 12 años. Y yo sé que al mirarte a los ojos de nuevo te encontraré con un corazón más fuerte, un alma más exultante y luminosa, y con un andar más seguro en este mundo.
Feliz cumpleaños, mi hermosa hija, felices 12. Con el más grande amor y orgullo por ti, tu mami.
"Inicia mi adolescencia", nos anunciaste. Y sí, aquí estás con toda ella: con sus preguntas, titubeos, con su riada sin presa alguna, con su belleza latiendo, sus risas incontenibles y sus lágrimas igual de irrefrenables. Llega con una letra bella y desprolija a la vez, con vocaciones más claras. Otro tono de voz, otro tono ante la vida. Más vulnerable quizá, pero más decidida a caminar. Más silenciosa e interna, y más vociferante en sus formas. Me emociona observarte, redescubrirte, tomar tu mano y decir: calma, no hay prisa; calma, nadie fuera de ti te enuncia y determina; calma, calma, hay tanto por descubrir, hay tanto tiempo por delante, tanto aprendizaje en el itinerario, tantos hallazgos y tesoros, aun aquellos disfrazados de ceniza o putrefacción. Calma. Que en tu corazón nadie hable más que tú. Que ante el espejo no hable nadie más que el amor con el que te creamos y trajimos al mundo. Que tu voz interior solo se hable a sí misma con la ternura y admiración con la...
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