8.8.08

Cuando sea grande




En una ocasión estábamos mis amigos Jorge y Eric tomándonos unos tequilas en una terraza. Hablábamos de cómo queríamos nuestra vida en 20 años más. Primero me preguntaron a mí, y luego pregunté a ambos, esperando que respondieran a turnos, pero lo hicieron a unísono: Quiero vivir como don Alberto.

Se referían a Alberto Herrera, fotógrafo, publicista y mentor de mucha gente, entre las que me sumo.

Conocí a don Alberto en el 89. La primera vez que pedí trabajo, primera vez que me remuneraron. La primera vez que edité una revista e hice relaciones públicas para una galería de arte y una asociación de artistas plásticos.

Algo vio en mí don Alberto. Algo que yo no hubiera visto en una muchacha introvertida, agorafóbica, callada, que no reflejaba emociones. Despidió a la persona que habían contratado y quedé con el empleo.

Don Alberto me ayudó a salir de mi ensimismamiento para fines laborales. Me enseñó a trabajar como algo placentero. Me demostró que podían pagarme por pensar y escribir. Me dio el ejemplo de que el artista puede ser productivo y eficiente. Me hizo valorar el placer de vivir bien, de mantener siempre una mente joven, de apasionarme por la gente.

Hay más personas que me han respondido como Jorge y Eric. Yo misma cada vez lo tengo más claro: esa biblioteca exquisita que él tenía, su sala llena de arte, su gusto por la cocina y los viajes, la calidez ante los demás.

El ideal de vida es el de don Alberto. Y lo recuerdo justo en los días en que tengo tanto trabajo y en los que él hubiera cumplido años.

4 comentarios:

gato. dijo...

Me encanta como escribes...
Es esa senscación tranquila que se tiene... cómo cuando ves las historietas de Liniers.

María Antonieta Mendívil dijo...

mil gracias, gato. entré a tu blog y me encantó tu trabajo. esos pequeños detalles de la vida cotidiana, que aparecen con el brillo tenue de las verdaderas cosas extraordinarias: aquellas que de tan ordinarias no son contempladas.

MIGUEL MANRIQUEZ DURAN dijo...

Mariantonieta, entro a tu espacio y me conmueve leer esos mundos tan habitables y, al mismo tiempo, serenos e incitantes. Ah, otra cosa: tienes una risa que debería tener nombre. Un saludo. Miguel Manríquez.

María Antonieta Mendívil dijo...

Miguel, qué gusto verte por aquí, que es realmente el mundo que habito, más que el que compartimos en Hermosillo. Así que cuando quieras echarte tus vueltecitas, serás siempre bienvenido, es un honor :-)