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Calentando la mano

Me adhiero totalmente a dos maneras de sentir el ejercicio de escribir:

Stephen King: "La mejor ayuda para una producción regular (...) es un ambiente sereno. Hasta al escritor de naturaleza más productiva le costará trabajar en un entorno donde los sustos y las distracciones sean la norma, no la excepción (...) El espacio puede ser modesto (...), y en realidad sólo requiere una cosa: una puerta que estés dispuesto a cerrar. La puerta cerrada es una manera de decirles a los demás y a ti mismo que vas en serio. Te has comprometido con la literatura y tienes la intención de no quedarte en simples promesas".

Mario Vargas Llosa: "Al principio es horrible, es como sentarse en la silla eléctrica. Es una sensación de una enorme... Me produce una repugnancia espantosa el escritorio. Es muy desagradable. Me doy cuenta de que estoy inventando pretextos para demorar el momento fatal de ir a sentarse allí y enfrentarse a eso (...) Para mí conseguir eso que se llama inspiración consiste en algo tan mecánico como eso, sentarse al escritorio todos los días a la misma hora, hacer una cosa muy mecánica que es corregir del día anterior... Entonces, aunque eso al principio es muy angustioso, muy fastidioso, de pronto, poco a poco, empieza uno a calentar el cuerpo. Es como una calistenia."


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