5.1.10

Adiós, Lhasa


El 1 de enero desperté porque alguien muy quedo me decía "Feliz cumpleaños". Salí a disfrutar del desayuno al aire libre y ahí me encontré ante un mar brillante, incandescente.

No escuché La Marée Haute de Lhasa. Nadie me dijo que esa madrugada, antes de sonreír por un año más de vida, ella había muerto.

El silencio. O no.



4 comentarios:

Anónimo dijo...

El nombre de Lhasa - la capital del Tíbet- se le ocurrió a su madre seguramente influenciada por las lecturas del Dalai Lama.
Lhasa tenía apenás 37 años, nació cerca de Nueva York,y vivía desde los 19 años en Montreal, donde llegó para estar con sus tres hermanas, que estudiaban en una escuela circense.
Hija de un profesor mexicano y de una fotógrafa estadounidense; pasó su infancia recorriendo carreteras de México y EE UU en un viejo autobús convertido en el hogar de dos adultos, cuatro niñas, tres gatos, un loro, dos tortugas y un perro. Las pequeñas leían todo el tiempo y por la noche organizaban espectáculos de circo. En ese pequeño circo familiar trabajaban sus hermanas, una como payaso; otra, funambulista, y la tercera, contorsionista y acróbata.
Lhasa creció escuchando a Violeta Parra, Chavela Vargas, Billie Holiday, Amália Rodrigues, Maria Callas...
En Montreal, acompañada por el guitarrista y productor Yves Desrosiers, Lhasa actuó durante cinco años en bares como Le Quai des Brumes o Les Bobards. Lugares ruidosos en los que cantaba con las manos en los bolsillos y los ojos cerrados para un público que bebía y hablaba. Lo explicó en una entrevista para EL PAÍS: "Me dije que no podía enojarme con ellos porque no tenían obligación de escucharme. Era yo quien tenía que hacer que quisieran escucharme de verdad y no por cortesía".
Según ella, cada canción surgía de una chispa y ya venía en un idioma determinado: español, inglés -las lenguas de mamá y papá- o el francés de la ciudad que la acogió. Sus composiciones se escuchan en la película de John Sayles Casa de los Babys, el documental de Madonna o la serie Los Soprano, y suenan a chanson francesa, folk norteamericano, blues, ranchera... Escribía frases como "tuve que quemarme p'a llegar a tu lado" y contaba en sus conciertos la historia de su abuelo libanés, que se escondió en un barco con destino a Marsella para huir de un padre que no lo quería. De La confesión ("Me siento culpable porque tengo la costumbre") aseguraba que tardó meses en comprender que se trataba de una fantástica explicación sobre la culpabilidad y cómo librarse de ese terrible sentimiento. Y Lhasa no quería sentirse culpable nunca más.
Lhasa de Sela, la voz de un ángel errante
Descanse en paz
Con información de El País.

María Antonieta Mendívil dijo...

Gracias por esta síntesis. Les recomiendo que escuchen algunas de las canciones de su último álbum. Se le encuentra aquí:
http://www.myspace.com/lhasadeselamusic

Anónimo dijo...

Y está también Marian:
http://latino.myspace.com/lhasadeselachato
La síntesis de Lhasa te la envio yo
Fred Alvarez

María Antonieta Mendívil dijo...

Me imaginé que eras tú, Fred. Mil gracias. Gracias también por darme la noticia. Muy triste, pero necesaria.