5.3.10

Sabemos que se llamó poesía

Necesito pensamiento. Razón. Mi gran flanco occidental me lo pide como si fuera carne roja. La sangre como el jugo de su pulpa.

Dejé momentáneamente mis lecturas orientales y me fui a Filosofía y poesía de María Zambrano (FCE).

Y la carne soltó su jugo y se deshizo en mi boca:

Fieles a las cosas, fieles a su primitiva admiración extática, no se
decidieron jamás a desgarrarla; no pudieron, porque la cosa misma se había
fijado ya en ellos, estaba impresa en su interior. Lo que el filósofo perseguía
lo tenía ya dentro de sí en cierto modo, el poeta; de cierto modo, sí, de qué
diferente manera.

¿Cuál era esta diferente manera de tener ya la cosa, que hacía
justamente que no pudiera nacer la violencia filosófica?, ¿y qué sí producía por
el contrario, un género especial de desasosiego y una plenitud inquietante, casi
aterradora? ¿Cuál era este poseer dulce e inquieto que calma y no basta? Sabemos
que se llamó poesía y ¿quién sabe si algún otro nombre borrado?

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