
Un escritor como los que me gustan: radicalmente humano, preocupado por el personaje y la historia que tiene que contarnos, que decide vivir en el retiro de su terruño, que ama a fondo y no le sonroja, que se compromete con la vida de su tiempo, austero, crítico, sin concesiones al farandulismo que hoy permea a la literatura, lúcido, vivo. Vivo.
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