19.1.11

Volver a las andadas

Estaba en la oficina. El agotamiento, la presión iban ampliando lagunas blancas en la mente, en el tiempo. Hasta que todo se disolvió por un segundo en el blanco, y al volver en mí vi una mano sobre el teclado. Tenía un aspecto mórbido en su posición abandonada. Sin color la piel pero las uñas eran de color escarlata.

Con mi mano izquierda (¿por qué la izquierda?) tomé la mano cercenada para moverla. Era mi mano. Me di cuenta.

La imagen de mi mano izquierda sosteniendo por la muñeca a una mano inerte, no me abandona. Pero me ha hecho escribir algo.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

:O; Pues qué te pasó Antonieta?

María Antonieta Mendívil dijo...

Debí aclararlo, Eidania: Sólo fue una alucinación :D Mi mano está perfectamente pegada a su brazo.

Pero por un momento vi una mano suelta sobre el teclado :D

Luego por qué se hace escritora una.

Todo bien, más si pude romper una racha sin escribir.

¡Saludos!

Anónimo dijo...

Aaaaaah bueno; qué susto, luego qué risa y que gusto que estas bien! y sí, una gran imaginación, pero mira que sirvió. escribiste. :D.
Un abrazo
Eidania.

María Antonieta Mendívil dijo...

Mucha imaginación... o mucha psicopatía :D

De verdad el agotamiento hace jugarretas. Pero sí, son simpáticas.

Gracias, Eidania :D