15.2.14

Vacaciones a la tirana

Debió ser un vaticinio: antes, en cuanto salía de la cama tenía la imperiosa necesidad de tenderla; de pronto, esa voz interna que me apresuraba dejó de hacerlo y la cama puede seguir así, destendida, hasta que tengo ganas u oportunidad de arreglarla.
Esa voz interna que me apura y me exige y me pone un checklist de tareas que va palomeando mientras añade otras tareas más, ya ha desaparecido, o tal vez habla tan bajito que no la escucho. Y ya no es sólo la cama. Mi interior está como una habitación con ropa tirada por todas partes, y no hay voz que ponga orden; veo la ropa revuelta sin saber bien a bien cuál está limpia y cuál sucia. Yo no tengo apuro alguno. Cierro la puerta, no veo el desorden, me siento a contemplar lo que pasa alrededor, y lo que está detrás de esa puerta no me importa ab-so-lu-ta-men-te-un-co-mi-no. Un día le llamaré a esa voz tirana para que vuelva y ponga orden. Pero no ahora.


2 comentarios:

sylvíssima dijo...

Mi Tirana, en cambio, no es tan generosa. no me deja irme sin tender la cama pero la desobedezco con aquello de lavar los trastes encuantito comemos.

seguiremos informando.

abrazos, Marian.

María Antonieta Mendívil dijo...

Si te digo... la mía se fue de vaga. No te diré que me dejó tan a gusto, porque su ausencia provoca culpas, vacíos, extravíos... Pero es necesario que tome su aire y me lo deje tomar a mí. ¡Un abrazo! de freak control a freak control.