
Desde muy pequeña, mi hija -contagiada por nuestros amigos catalanes- se despedía antes de dormir con un bonna nit.
Me gusta la palabra nit. Entre nocturna y límpida. Estrechita, ligera, dulce.
Y me gusta mucho el proyecto Nit, que publica poesía en folletos. Poesía repartida como el pan en un mundo igualitario, o como peces que se reproducen en un canasto fuera del mar.
También me gusta que me hayan invitado. Y que hayan publicado poemas míos consecutivamente en mayo, junio, julio y agosto. Una canícula que espero haber traspasado al imaginario de los lectores.
Y me gustan mucho mucho pero mucho los proyectos que los poetas están empujando: traducciones lúdicas, lecturas interdisciplinarias utilizando nuevas tecnologías, publicaciones en formatos flexibles... Mi mente ya empieza a agitarse.
Quieta. Le digo que quieta.
Comentarios