7:30 am, Banco de Sangre del hospital del DIF, para donación a Ana. Tengo mi turno: número 21. Ana y yo hablamos de cómo oganizarnos ahora que ella convalezca. Qué haremos con la casa, la ropa, la comida, Rabito, mis viajes. Número 21, gritan. Ahí voy, al túnel de los peros. Pero #1: Que no tengo el peso adecuado, que estoy muy flaquita. Les aseguré que sí, ellos insistían en que no. Tuvieron que pesarme: qué engañosita, me dijeron. Y yo: ups, ¿peso 62 kilos? ¿dónde están? Pero #2: Que estoy enferma, porque estornudé una vez (sí, un achú aislado). Les dije que no, que me dio frío ahí adentro, que es alergia en la mañana. Me dijeron que no debo estar tomando medicamentos, les aclaré que no tomo más que vitamina E. Concluyeron que si estornudaba otra vez, me sacarían. Pero #3: Que no se me ve la vena. Le pedí que apriete más. Me contestó que no es eso, y yo que sí, que sí, que apriete más y le muevo la mano, como si bombeara. Pero #4: Que ahora sí se ve, pero la aguja no cabe por ahí. Y...